Deportes

Raúl Ruiz: «En el libro hay momentos tragicómicos, las he vivido de todos los colores»

Muchas historias merecen ser contadas, pero la del riojano Raúl Ruiz (Logroño, 1964) es un caso especial. Este exfutbolista y cara televisiva de programas como ‘El día después’ presentará en Madrid, su libro ‘Las temporadas de mi vida’, junto al entrenador Bernd Schuster y el periodista Alfredo Relaño. Basado en cuestiones plenamente futbolísticas, el libro trata de resumir la trayectoria de Ruiz: sus inicios en Yagüe, su etapa en el CD Logroñés, donde llegó a ascender a Primera y ser capitán, o su hazaña copera con el Numancia no pueden faltar. Todo ello, en homenaje a su inseparable amigo, el malogrado Michael Robinson.

Raúl Ruiz, junto a su amigo Michael Robinson

P. – ¿Qué es lo que se va a poder encontrar el lector en su libro?

R. – Todo es futbolístico. Termino el libro precisamente cuando entro en la tele. O sea, cuando termino mi última temporada de liga, el partido de Copa con el Barcelona… Ahí termino, con la frase de Michael Robinson. Cuando termina esa temporada dice: «Quiero fichar a este pavo». Entonces me llama precisamente Chus del Río, que estaba en el Plus. Michael, como Chus es de Logroño, le pidió que me llamara, pero le dije: «Joder, yo quiero seguir jugando». Entonces me llamó el inglés (Robinson): «Coño, Raúl, tú ya has hecho todo en el fútbol, ya no vas a hacer nada» (risas e imitación del acento).

Todo lo que se cuenta en el libro es la etapa anterior. Hablo mucho de mi barrio, de Yagüe, evidentemente. Y de cómo eran los comienzos allí. Teníamos las calles sin asfaltar, sin luz en el barrio donde yo vivía. Un año dejé de jugar al fútbol porque hice teatro. Vino Celso Bugallo, uno que luego ganó un Goya en Madrid llegó a nuestro barrio. Se había separado y empezó a jugar en el Yagüe. Era muy futbolero y luego con los chavales del barrio hizo un grupo de teatro y empezamos a ganar certámenes, certámenes, certámenes. Dejé de jugar ese año al fútbol y cuento todo eso también.

Cuento, claro, lo que significa para un chaval de Logroño jugar en nuestro equipo de referencia, que entonces era el Club Deportivo Logroñés. Poder ascender desde Segunda B a Primera, jugar en Primera con el equipo de mi ciudad, incluso el ser capitán. Todo eso lo cuento en el libro. Y luego cuento también el otro fútbol, que es estar en equipos sin cobrar y estar encerrado.

– Entiendo que su etapa en el Numancia también tiene un hueco, claro.

– Los dos últimos capítulos, obviamente, son la historia del Numancia, de mi reencuentro con Lotina, que fue compañero mío en el Logroñés y luego mi entrenador. Vivimos dos años en Soria espectaculares, con lo de la Copa [llegaron a cuartos, ante el Barcelona de Johan Cruyff]. Lo que viví allí fue increíble… Yo siempre digo que una de las cosas que más me marcaron a mí fue el ascenso del Logroñés a Primera División. Hasta entonces, no había ningún equipo de la liga pequeño, ¿no?

Ni existía el Extremadura, ni el Villarreal incluso, ni el Mérida. O sea, equipos pequeños no había. Nosotros fuimos, yo creo, de los equipos más pequeños de la Primera División, de una ciudad pequeña. Pero lo del Numancia era David contra Goliat. Esos años son inolvidables.

– ¿Por qué decidió escribir este libro?

– Hace años que mis amigos me decían: tienes que escribir un libro. El que lo ha escrito conmigo se llama Juan Apolo, que trabajó conmigo seis años en Disney Channel. Siempre me estaba diciendo y Michael Robinson también me decía, todas las historias que le contaba, las anécdotas, pero nunca había estado por la labor… Pero llega un momento, me llamaron de la editorial Penguin y me lo propusieron. Al principio, pensé que querían que hablara de mi entrada en la tele. Pero me dijeron que no, que contase mi experiencia en el fútbol, desde que empecé de niño hasta que me retiré, para ver lo que había cambiado, desde mi perspectiva. Me dijo Juan Apolo: «Te ayudo», y yo: «Pues es el momento, ¿no?».

– ¿Y por qué ese título, ‘Las temporadas de mi vida’?

– Los futbolistas no hablamos por años, hablamos por temporadas. Es un poco de homenaje a Michael Robinson, que me había propuesto que lo hiciera hace años. Lo presentamos el lunes 28 de abril, que es el quinto aniversario de la muerte de Michael (fecha que ha tenido que cambiarse por el apagón). De hecho, el libro termina con una foto suya.

Última página del libro

Lo presento con Alfredo Relaño y Schuster. Alfredo Relaño porque, cuando yo voy a entrar en Canal Plus, él era el director. A través de la gente de ‘El día después’ me dio una videocámara para ir a grabar y por eso le dije que lo presentara él. También con Schuster, porque hablo de él en el libro, es el jugador que más me ha impresionado. Aparte de que tengo el honor de haber salido en una foto con él. No recuerdo si fue en el As o el Marca. Era curioso, porque decía: «El jugador que más cobra de Primera División y el que menos». Evidentemente, Schuster era el que más cobraba y yo el que menos.

– ¿Ha despertado mucha expectación este libro entre los que jugaron en su época?

– Tengo muchos compañeros, me escriben, porque hemos estado en tantos equipos (Burgos, Girona, Numancia, Lugo, Logroñés…). Primero sí se sorprenden, dicen que yo nunca había querido escribir nada y que por qué ahora tal. Yo les digo que creo que cumplimos etapas en nuestra vida. Y ahora yo creo que es el momento. Sobre todo, si hubiera estado Michael, igual no lo hubiera escrito. Es un poco como lo que no le conté a él o lo que me animó él a contar, me pareció una buena oportunidad.

– ¿Una persona que no haya vivido ese fútbol lo entenderá? Habrá un buen contraste desde aquel fútbol de barro a la actualidad…

– Claro, por eso te digo que ellos, los de la editorial, lo que pensaban es verlo a través de mis ojos. Que soy medio conocido, que he vivido las dos etapas, que refleje cómo era el fútbol antes y cómo es ahora. Por ejemplo, una tontería, no sé si habrás vivido los campos de fútbol con vallas. Eso ya no existe, a los que empiezan ahora les suena a chino. ¿Pero cómo va a haber vallas? A mi padre, que no le gustaba el fútbol pero sí los toros, decía que en los toros había barrera para que el toro no saltara al campo. Pues en el fútbol, había vallas para que el público no saltara.

Foto: Raúl Ruiz

Afortunadamente, han desaparecido. Ha cambiado mucho todo. Antes jugar al fútbol era muy complicado: cuando tú estabas en una plantilla, en Primera solo había dos cambios. Ahora son cinco, casi la mitad del equipo, ahora tienes muchísimas más oportunidades para jugar. También el tema de los estadios, son mucho mejores, el material, la nutrición. Todo eso ha cambiado, pero también otras cosas a peor. Todo eso se refleja en lo vivido en aquellos años y en lo que es ahora. Seguramente la gente, los chavales que lean el libro que no hayan vivido esa época, dirán: ‘Ostras, me sorprende’. Y los que sí lo han vivido, van a tener añoranzas.

– ¿Qué cree que ha cambiado a peor?

– Hay cosas que vienen un poco por la Ley Bosman. Ya no encuentro un sentido de pertenencia tan arraigado en un equipo como lo había antes. Antes había muchísimos futbolistas que se tiraban nueve o diez años en el mismo club. Ahora es casi imposible. No existe ese futbolista, por ejemplo, Julen Guerrero, que ha estado toda la vida en el Athletic. Antes, sí que había mogollón de futbolistas que estaban en el Sevilla, en el Betis. Ahora es muy difícil encontrar eso. Vas mirando club por club, quitando evidentemente el Athletic, con todo vascos.

Por ejemplo, ahora en el Real Madrid, ¿quién te da la impresión de pertenencia? Carvajal y ya está. Porque ni Modric, aunque lleve mucho, lo identificas más con Croacia que con el Madrid. Eso sí que ha cambiado. Ha cambiado porque el fútbol, ahora, es mucho más negocio que antes. Ahora los niños tienen representantes con diez años. Eso nosotros no lo hemos vivido. Ha cambiado ese arraigo, ese amor a los colores, también se nota. Incluso la comunión entre afición y futbolista, no es lo mismo, ¿sabes?

– ¿Se queda con algún momento en su libro?

– Hay momentos tragicómicos, porque las he vivido de todos los colores. En Palencia, por ejemplo, que estaba cedido del Logroñés y desde agosto estábamos sin cobrar. Mi compañero de piso se puso en huelga de hambre. Nos embargaron, estábamos entrenando un día, entró un camión y se llevó los foscos de la luz. Nos embargaron todo, se querían llevar el césped, la camilla. Tuvimos que llevar las camisetas del domingo y las botas para poder jugar. Ya no pudimos jugar más de noche, porque se llevaron los focos. Cosas que ahora son muy berlanguianas.

O en Gerona, tener que rellenar quinielas para un directivo, para que me pagara un piso. El primer año no cobrábamos. Me dijo: «Si rellenas una quiniela, te dejo el piso gratis, sin gastos». Pero en la primera jornada, cuando voy a recoger las quinielas, me da 3.720 quinielas de las de antes. Pues todo eso lo tuve que vivir en el Girona, un equipo que ahora está en Champions.

– Todo ha cambiado y el mejor ejemplo es Logroño. Nada de lo que vivió es igual.

– Vale, desaparece el Club Deportivo Logroñés, es una pena. Pero donde estaban las viejas Gaunas, haber dejado un recuerdo. No sé, un banderín de córner, algo que recuerde. Hay un parque ahí, edificios, cosas de esas que nosotros mismos deberíamos preservar en el tiempo. Un recuerdo de algo histórico, esa portada que tenía el viejo estadio, muy reconocible. Haber dejado algo, ¿no?

¿Quieres recibir a primera hora del día toda la información de La Rioja en tu e-mail?

* campo obligatorio
To Top