«Se ha ido la luz». Esta frase se ha oído en torno a las 12:30 horas de este lunes en cada rincón de La Rioja. Lo que parecía algo normal se ha complicado cuando se ha anunciado que el apagón ha sido generalizado en toda la península y Portugal. Un fallo del suministro eléctrico ha afectado de lleno al transporte y a las comunicaciones.
En las calles los semáforos se han apagado, afectando así al tráfico; y los comercios de la ciudad han visto cómo no había mucho que hacer ante la adversidad de un hecho sin precedentes en la memoria colectiva del país.

Solo aquellos establecimientos con sus propios generadores eléctricos o grupos electrónicos han podido seguir despachando, aunque en esos casos con un volumen de actividad mucho mayor que el habitual.
En la mayoría de negocios, que no disponen de esos dispositivos alternativos de energía eléctrica, no ha quedado más que asumir la imposibilidad de despachar clientes y adelantar el horario de cierre a la espera de que se restablezca el suministro.ç

Álvaro, de Carnicería Lily, en la Plaza de Abastos de Logroño, explica «no podemos pesar, no podemos cobrar,… no podemos atender». «El problema es que, al ser lunes, elaboramos muchos de nuestros productos y ahora mismo no podemos hacer nada porque no funcionan las máquinas», añade.

Jesús Pinillos, de Cajamar, afirma que «nuestro mayor hándicap es que no podemos contactar con la central de la que dependen todas las operaciones, por lo que el sentido común nos lleva a cerrar al público». En este sentido, la ‘milla financiera’ de la capital riojana, en El Espolón (donde se encuentran las principales entidades bancarias) estaba reinada por el lógico desconcierto de qué hacer ante una situación sin precedentes.


