La Rioja

De Jersón a Logroño: «En un instante pierdes todo»

En diciembre de 2021, Kristina se compró un piso en Jersón, su ciudad. Apenas pudo disfrutar de su nueva casa menos de tres meses: en febrero de 2022, Rusia declaró la guerra a Ucrania.

El uno de marzo, Jersón cayó en manos del ejército ruso. Cortaron el suministro «de agua potable, de medicamentos, de alimentos, de todo. Tampoco había policía en la ciudad. Era imposible vivir allí. Nadie salía de casa a partir de las tres».

Así que decidió que lo mejor para sus hijos y para ella era huir. «Tenía muchos planes para marzo, para abril, como todos. Si tú estás viviendo, trabajando, tú tienes tus planes, tienes tu vida pensada en tu ciudad, en tu país, y en un instante lo pierdes todo».

Kristina y sus dos hijos salieron de Ucrania en marzo de 2022. 4.000 kilómetros después, llegaron a España. Primero, llegaron a Barcelona, de donde se fueron a Ávila. Allí, vivieron dos años hasta que finalmente vinieron a La Rioja: «De un momento a otro eres refugiada, sin nada, sin tus propiedades, tu dinero o tu trabajo, sin tus planes».

En noviembre de ese mismo año, las tropas ucranianas liberaron Jersón: los padres de Kristina aún estaban allí. Los rusos «habían cortado el agua, la calefacción, habían bombardeado todos los puntos importantes». Tras dos semanas intentando ponerse en contacto con sus padres, por fin pudo hablar con ellos y decidió ir a buscarles. Desde entonces, llevan dos años viviendo en Ávila.

«Buscando la vida, buscando trabajo, buscando vivienda»

Cuando llegó a España, Kristina apenas sabía «tres o cuatro palabras» en español. Pero, «gracias a los cursos de Cruz Roja» pudo aprender el idioma. Recuerda con cariño a los profesores, voluntarios y trabajadores de Cruz Roja que le ayudaron los primeros meses: «Todos tenían muchas ganas de ayudarnos».

El mayor problema al que ha tenido que hacer frente ha sido el de encontrar trabajo. Graduada en Economía, en Ucrania ha trabajado en un banco, como contable en un restaurante, durante muchos años también trabajó como agente inmobiliaria y «los últimos dos años tenía mi propia empresa de compra-venta de coches».

Después de vivir en Ávila durante dos años, vino a La Rioja porque «tenía mis esperanzas porque aquí hay muchas empresas de logística, bodegas, hay más turismo…». Sin embargo, no ha encontrado trabajo. «¿Tú cómo luchas? Es como Don Quijote con los molinos… es inútil».

Aunque trabaja como traductora en las bases militares, tiene un contrato fijo discontinuo: «Trabajas cinco semanas y hay esperanza. Luego no trabajas durante tres meses y se vuelve a ir la esperanza. Yo nunca he sido una persona pesimista, pero ahora lo soy mucho más».

Quiere sacarse un curso aquí, porque entiende «que sin estudios no puede hacer nada». Sin embargo, Kristina salió de Ucrania solo con su título universitario, el de bachiller lo dejó allí. «En el momento de salir, no piensas mucho, coges tu pasaporte, el de tus hijos, el diploma de estudios superior y ahora no puedo pedir el duplicado del título de bachiller ni pedirle a nadie que se acerque a casa a cogerlo. Todos mis amigos se han marchado de la ciudad».

«No puedo hacer ningún curso, ni desarrollarme. Tengo que esperar dos, tres años…no sé cuánto me costará homologar mi diploma universitario. Esta es nuestra realidad. Te dicen que poco a poco llegará tu momento, pero después de tres años ya no te ayuda este optimismo. Tú entiendes que no puedes volver, que no hay dónde volver, tampoco puedes quedarte aquí sin trabajo», se lamenta.

«Vienes a otro país, tienes muchas ganas, muchas esperanzas, te esfuerzas mucho, intentas por aquí y por allá, buscas trabajo de todas las maneras y luego entiendes que es inútil», explica. «Me gustaría decir algo optimista, pero no puedo. Yo no quiero ayudas. Solo quiero trabajar, pero me encuentro con más y más problemas».

No pierde la esperanza de volver a Ucrania. «Aunque es un poco tonto y absurdo, porque entiendo que esta situación no va a terminar en los próximos años. Cuando me preguntan si quiero volver, yo respondo que tengo muchas ganas, pero mi ciudad ya no existe, está destruida: las casas, las calles, los parques… No queda nada a donde volver».

«Todos queremos que la guerra termine lo antes posible», pero Kristina no ve factible la firma de un armisticio que no castigue a Rusia por sus actos y que no suponga la devolución total de las tierras que ha ocupado, porque si no, considera que la guerra puede volver a ocurrir. Sin embargo, es algo que ve muy complicado: «Al principio oí muchas veces aquí en España que la guerra es entre Rusia y Estados Unidos. Ahora vemos que la guerra es un negocio entre Rusia y Estados Unidos donde la vida humana no tiene ningún valor. Al final estamos perdiendo las mejores generaciones”.

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