El modelo deportivo de la UD Logroñés ha caducado. Porque ya no hay grandeza en su capacidad de dar respuestas a las situaciones que se van produciendo a lo largo de una temporada. Y si el camino es la mediocridad convendría una gestión más llana, cercana, accesible y modesta. Agotado, frustrado, agitado… las personas que conforman ahora mismo el club no encuentran la forma de desenredar su complejo panorama deportivo -tras dos temporadas que serán tres en Segunda Federación-, por culpa de un primer equipo que se dice excesivamente exigido por contar con una masa social -casi 5.000 abonados- que es lo único que le diferencia de la mediocridad de esta cuarta categoría del fútbol español.
Durante esta temporada, del todo fracasada -quizás el mayor fracaso del club en toda su historia teniendo en cuenta su potencial respecto a la categoría en la que juega y los equipos que la conforman-, ha sido curioso observar cómo todos los entrenadores que han pasado por el banquillo principal, cómo la dirección deportiva… cómo todos los responsables ejecutivos del club se han encargado de proteger con su propio pecho -de ahí que veamos a Carlos Lasheras como entrenador- a unos jugadores que desde el primer mes ya se estaban quejando de los pitos -todavía minoritarios- que recibían en Las Gaunas, con casi 4.000 personas en la grada, que era lo realmente importante y diferencial para ganar partidos. Los mismos jugadores que dejaron de competir, curiosamente, en cuanto se acabó la Copa del Rey y aquel feliz día ante el Athletic Club, y que a buen seguro jugarán en soledad las dos últimas citas ligueras del campeonato, como muchos de ellos lo harán la próxima temporada. Ya no se juegan nada, no habrá pitos, pero tampoco celebración alguna.

Copa del Rey: UD Logroñés – Athletic de Bilbao | Foto: Fernando Díaz (Riojapress)
Pitos que tendrían que haber asumido con la misma naturalidad con la que asumieron las ovaciones por los tres fantásticos éxitos deportivos logrados en la Copa del Rey. Pero desde que se inventaron las excusas no hay errores, ni en la primera plantilla ni tampoco en los principales despachos, porque entre otras cosas, nadie sale a dar la cara para explicar qué ha podido ocurrir una vez más para no lograr los objetivos marcados a principio de temporada. Y en cuanto el club pierda esto -su masa social y la exigencia que por ello tiene-, la UD Logroñés pasará a ser uno más de la cuarta categoría del fútbol español, y será tan solo un recuerdo de un proyecto que pudo ser, que fue, y que ahora se anda liando en decisiones a cuál de todas ellas más equivocada en responsabilidades compartidas que nadie parece dispuesto a asumir como se asumen estas cosas: siendo más humildes -tal y como pidió Lasheras nada más llevar por segundo vez a su actual cargo de director deportivo-, y siendo menos soberbios por el bien del club y de sus abonados.
La crisis duradera de la UD Logroñés parece anclada a sangre y fuego en la ausencia de liderazgos, al menos ese liderazgo que permite tomar decisiones y también exige responsabilidades cuando las cosas no salen bien una y otra vez como es el caso. Los empleados -los futbolistas también lo son- observan todo lo que ocurre arriba, abajo, a la izquierda y a la derecha. Sin estas jerarquías marcadas y sobre todo respetadas, como en cualquier empresa de toda índole y facturación, surgen problemas arriba, abajo, a la izquierda, a la derecha y también en el medio, que en un club de fútbol es el primer equipo. Y los futbolistas, por lo que sea y suelen ser los primeros, tienden a la pereza, y se bajan de barco en cuanto pueden, y más en Segunda Federación, porque fuera de Las Gaunas hace mucho frío.

Lo impensable ha acabado por ocurrir, que Lasheras y Pouso se saluden en el banquillo local.
No hay proyecto posible sin líderes solventes, que ejerzan su cargo con ilusión, empuje, talento, justicia, capacidad y asunción de responsabilidades. Y así es como la UD Logroñés viene quemando entrenadores, directores deportivos, futbolistas, y leyendas temporada tras temporada desde que jugara en Segunda División; y pronto comenzará a quemar directores generales… Sencillamente porque nadie marca el rumbo, ni nadie lo mantiene aunque ahora el viento sopla en otra dirección. Se ha perdido la esencia, que ya es un vago recuerdo, y nadie parece estar trabajando en recuperarla allá donde se encuentre cerrada bajo mil llaves.

FOTO: UD Logroñés.
Félix Revuelta se muestra agotado. Lo dice. Lo dice en las entrevistas que concede. No se esconde. Vendería encantado si encontrara lo que busca, aunque lo que busca no parece que tenga la venta tal y como él la plantea porque fuera de la UD Logroñés sí parecen entender que con las mismas personas es imposible cambiar las cosas para hacerlas distintas y por tanto mejor.
La credibilidad del presidente vive sus horas más bajas. Porque al mismo tiempo dice estar motivado para seguir hasta donde haga falta, incluso si solo un socio sacara su abono de cara a la próxima temporada. Quiere presumir de resiliencia y constancia, atributos maravillosos, del todo indispensables para un empresario de éxito que también ha fracasado para hacer fortuna -como explica en su libro-. Sin embargo, esta frase es devastadora en términos futbolísticos.

Sergio Rodríguez enseña las instalaciones a José María Aznar y señora, invitados por Revuelta. Foto: EFE/ Raquel Manzanares
No hay heroicidad alguna en esa resiliencia y constancia que quiere señalar el presidente. No hay nobleza en el error, al menos en el deporte profesional. Porque entonces uno se acaba abonando a la mediocridad. No hay mérito en seguir adelante aunque sea en la más absoluta soledad. Un club de fútbol necesita de todos, porque más siempre es mejor -verdadera esencia de este club desde sus orígenes-, incluso si la primera plantilla es incapaz de digerir tanta presión, también la mediática. Será un problema del director deportivo o del entrenador de turno o quizás del director general, que deberán fichar a buenos jugadores que sepan soportar esa presión, que tan solo usan como excusa para no exigirse más sobre el terreno de juego. Convendría dejárselo claro desde un principio, para volver a competir con la grandeza con la que hace cinco años lo hacía este club allá donde jugara, independientemente de si entraba o no el balón.

Félix Revuelta abandonó su sitio en el palco en el partido ante el Anguiano. FOTO: Fernando Díaz/ Riojapress.
Así cierra una temporada fallida la UD Logroñés, con la sensación de que nada cambia cuando se sabe que muchas cosas deben cambiar. Y mientras los aficionados intentan enseñarle la luna a sus dirigentes -empeñados en mirar al dedo-, estos son incapaces de decirle al rey que se está paseando desnudo en medio de la zozobra de los malos resultados por las malas decisiones que toman una y otra vez los mismos de siempre, empezando por un presidente que confía «plenamente» sin confiar plenamente en las personas que ahora mismo conforman este club.



