Arraigo, patrimonio, esmero, cultura, familia,… En definitiva, una forma de vida en torno a la viticultura en San Vicente de la Sonsierra. Javier Aldama y Alejandro Mato son dos de los pocos agricultores que aún mantienen en activo esos ‘corritos’ de cepas viejas en el municipio, cuyos brazos se sostienen sobre piedras, estacas o pequeños postes de hierro. Pequeñas viñas donde conviven dos o más variedades juntas, donde no cabe un tractor (por pequeño que sea), donde abundan los morgones (también llamados acodos) y donde la pendiente es la máxima en la mayoría de casos.
Así son los seis Viñedos Singulares que desde 2017 se elaboran en la bodega boutique de Viñedos de Sonsierra, que va destinada a las elaboraciones parcelarias con sus 23 depósitos. Seis viñas que ya cuentan con sus seis elaboraciones embotelladas con las que reconocer el trabajo bien hecho y la apuesta por proteger las raíces de un pueblo: El Manao, El Rincón de los Galos, Duermealmas, El Muérdago, Soltierra y Quitasueños, estas dos últimas recién presentadas por la bodega en las añadas 2020.
Luis del Águila Rodríguez, director general del Grupo Sonsierra (que engloba la cooperativa Bodegas Sonsierra y la bodega Viñedos de Sonsierra), y Rafa Usoz, director técnico y enólogo del grupo, han presentado este martes la Colección de 6 Viñedos Singulares en compañía también de la directora de exportación, Pilar Lorenzo. Una cita en la que han participado diferentes prescriptores a nivel nacional e internacional, como Sarah Jane Evans (Master of Wine), Amaya Cervera (Spanish Wine Lover), Anna Harris-Noble (Taste Exchange), Adolfo Gatell (director general de Peñín), Tom Perry (Inside Rioja y exgerente del Grupo de Exportadores de Rioja) y Peter Arijs (Formación y Proyectos Globales DOCa Rioja), entre otros.

Viñedo Singular de Soltierra. | Foto: Leire Díez
No hay mejor forma para empaparse de esa cultura vitivinícola que empezando desde el origen, desde el viñedo. Primero, sorteando las cepas de El Manao que se levantan con valentía a orillas del Ebro, a 410 metros de altitud. Tempranillo tinto para este vino, pero también uvas de viura y calagraño que van a parar a otras elaboraciones. Un viñedo que teme a las heladas pero que a su vez se aprovecha de estar en el límite de los vientos del norte, lo que aporta la frescura necesaria en los días de verano.
El viaje ha continuado rozando los 500 metros, adentrándose en un pequeño bosque para salir a un balcón con vistas al Castillo de Davalillo. Allí reposa El Rincón de los Galos, otra de las joyas de la casa y que siempre es la primera en ser vendimiada. La roca marca la característica de un suelo más arenoso que aporta después un tanino más suave en el vino. En esta viña también hay cepas de malvasía riojana además de las de tempranillo, pero en este caso el blanco, desde 2022, va a parar a un parcelario diferente que no entra en la gama de Singulares y que la bodega ha presentado recientemente.

Viñedo Singular de El Rincón de los Galos. | Foto: Leire Díez
Última parada sobre la tierra, esta vez al otro lado del término municipal de San Vicente para recorrer unas cepas de garnacha (y un 10 por ciento de viura) que rodean un olivo. Una viña cuyas uvas fueron las últimas que entraron en la bodega la pasada vendimia. Pese a que lo habitual es que sobre los suelos arcillocalcáreos de esta zona haya cepas de tempranillo, en los casos en los que se ha plantado garnacha es porque sus sarmientos soportan mejor los vaivenes del viento que tanto sopla aquí. «Esta garnacha, que data de 1927 aunque la edad real es anterior, no tiene nada que ver a las garnachas que abundan aquí, de las que también tenemos, y que corresponden a un clon de la zona con el que la uva no se corre y trae mayor producción. Pero yo prefiero estas garnachas viejas, las que se corren, las que dan mayor calidad, pese a estar en el reino del tempranillo», considera Usoz.
«En todos estos viñedos el trabajo es cepa a cepa porque cada una es un mundo, además de que abarcamos desde los 400 hasta los 700 metros de altitud. En el caso de la viura, por ejemplo, tendremos unas 20 hectáreas plantadas, pero la mayoría no son de viñas enteras con esta variedad, sino que son viuras viejas en las cabezadas de viñas de tinto», apunta. Un trabajo diligente del que al año se sacan, de media, unos 10.000 kilos de uva entre los seis viñedos. «La producción es muy limitada, con algunos viñas que dan menos de mil botellas. Por eso esto hay que compensarlo. Comenzamos a pagar más por la uva vieja en 2012, además de que hay un plus económico por ser uva de Viñedo Singular», apunta el director técnico.

El director técnico, Rafa Usoz, junto a la Master of Wine Sarah Jane Evans en el viñedo El Manao. | Foto: Leire Díez
Para dar buena cuenta del potencial que dan estas viñas, Usoz ha dirigido una cata desde las instalaciones de Viñedos de Sonsierra en la que se han descorchado estas seis elaboraciones singulares ante los paladares de los expertos. Una cata a la que también han sido invitados el presidente del Gobierno de La Rioja, Gonzalo Capellán, y la consejera de Agricultura, Noemí Manzanos. El recorrido ha conducido a los catadores por un viaje a través de la Sonsierra de menor a mayor presencia de madera, con la fruta madura marcando el protagonismo. Estructura, frescura, juegos de barricas de diferentes tostados, taninos suaves y una extracción controlada han protagonizado esta cata al origen de Sonsierra.

Viñedo Singular de El Manao. | Foto: Leire Díez
Al término de la cata, el debate ha girado en torno al modelo cooperativista en Rioja (siendo este uno de los puntos de mira del sector en el contexto actual) y las diferentes gestiones que se hacen en este tipo de sociedades. Un modelo, por tanto, diverso. «Desde las cooperativas se puede hacer un ejercicio de calidad importante, pero antes se tienen que conocer y saber qué es lo que pueden ofrecer y cómo pueden explotar sus virtudes. Hay que tener en cuenta que el 37 por ciento del viñedo de Rioja está en manos de cooperativistas y todas las cooperativas son necesarias, desde las que venden a otras bodegas uva o vino hasta las que elaboran y embotellan cosas diferenciales. Pero siempre desde el paraguas de la calidad, por ello también pusimos a disposición de las bodegas la resonancia magnética nuclear para velar por la identidad del vino de Rioja desde la Estación Enológica de Haro», ha remarcado Manzanos.
En este sentido, la consejera ha destacado también la puesta en marcha de un plan estratégico de cara a este 2025 para hacer una radiografía de las cooperativas con la que se planteen proyectos que reviertan el sector. Por su parte, Luis del Águila ha ensalzado de la que fuera la primera cooperativa embotelladora de Rioja allá por 1987 la «visión futurista que ha mantenido siempre» y que, a fin de cuentas, le ha llevado a emprender este proyecto singular para preservar la tradición de un pueblo. «Esto es imagen y prestigio».


