La Rioja

La vida en Arnedillo, al otro lado del muro

Los vecinos de Arnedillo viven con «resignación» y «preocupación» su aislamiento a causa del desprendimiento y piden «medidas rápidas»

El mundo parece haberse detenido en Arnedillo desde el pasado martes. Al otro lado del desprendimiento que ha bloqueado la LR-115, los vecinos sienten que están viviendo una historia que no saben cómo ni cuándo terminará. No hay respuestas claras, solo incertidumbre. El corte de la carretera ha dejado al pueblo aislado, al igual que a los que están más arriba en el valle. La única alternativa es una carretera en mal estado y en obras, que convierte en una odisea cualquier trayecto. Lo que antes era un simple desplazamiento a Arnedo de algo menos de 20 minutos ahora es un viaje interminable. Para algunos, sencillamente, imposible.

Lo peor es que no saben hasta cuándo va a seguir siendo así. La vida al otro lado del muro estos días es de incertidumbre total. Aunque el día a día en el pueblo parece seguir su curso, la realidad es bien distinta. La Semana Santa está a la vuelta de la esquina, un momento clave para Arnedillo, donde el turismo es el motor económico. Pero las reservas se cancelan, las tiendas se vacían y los negocios cuentan los días con la angustia de no saber cuánto podrán aguantar.

Los trabajadores del Gobierno de La Rioja buscan soluciones seguras al corte de la carretera.

Mientras los técnicos siguen valorando cómo manejar la situación y por dónde comenzar los trabajos, vecinos como Raúl ya empiezan a echar cuentas en sus negocios. “Ayer hicimos seis euros de caja… cuando cualquier día, con la gente del balneario, vendemos todo lo que hacemos”. Pero lo peor no es solo la caída en ventas. “Las cabras no saben de cortes de carretera. Siguen dando leche y nosotros seguimos necesitando llevarla, traer las analíticas, repartir…”. Un trayecto que antes se hacía en minutos ahora es un calvario que cuadruplica el tiempo. No hay otra opción: ha empezado a pasar su producción a otras queserías.

“Dentro de unos días había una cata, se vendieron las setenta plazas en menos de una hora, pero la gente está cancelando porque ve que es una locura llegar ahora hasta aquí”. Y así están los vecinos de Munilla, Enciso, Peroblasco, San Vicente…

En la quesería de Ángel están desesperados por los continuos e interminables viajes que deben hacer.

La mayoría de los vecinos ya han visto in situ los desprendimientos desde un camino paralelo que está estos días más transitado que nunca. “Ahí hay tajo, no creo que se solucione en menos de un mes”, llega diciendo uno de los madrugadores que ya se ha pasado a ver el destrozo hecho por las rocas. Raúl se lleva las manos a la cabeza. “De momento, la semana que viene cerramos, así no podemos estar. Nos cogemos vacaciones y ya veremos qué pasa la semana que viene”. Su empleado es aún más pesimista. “Aquí no podemos estar tantos días sin hacer queso, tenemos ferias, llega la Semana Santa… es una locura”, dice.

Los vecinos recuerdan la situación de hace cinco años con la pandemia. “Es lo más parecido, es que estamos totalmente desconectados”. Están tomando un café en La Pista. “Los proveedores están llegando, les cuesta más, pero están haciendo el esfuerzo”, comenta la cocinera mientras se toma un café en la terraza. Otros bares ya no dan cenas ni comidas. “También viene el correo”, comenta otro. El problema empieza a ser el dinero. “No hay banco y el cajero la mitad de los días no funciona; si tienes que pagar algo en metálico, estás fastidiado”.

El hijo de Ángel, en la tienda de comestibles, se empeña en que nadie se quede sin lo más básico.

Durante el café, los más mayores recuerdan que “hace 52 años la carretera se hundió unos seis metros, fue mucho peor que esto”. Entonces “vinieron los militares, los pontoneros, e hicieron un puente alternativo para que los del pueblo pudiésemos seguir haciendo una vida normal”. Los mayores aún recuerdan cuando llegaron las tropas desde Zaragoza y los jóvenes lo han oído contar miles de veces. “Uno de los pilares aún está en mis almendros”, asegura uno de los vecinos, apurando el café de la mañana.

Y es que la vida no es fácil, especialmente para quienes tienen negocios allí. Ángel tiene una de las tiendas de comestibles del municipio. “Ayer, para comprar algo de fruta, tuvimos que echar más de tres horas en ir y volver a Calahorra por un camino que parece más de cabras que de coches”. Está empeñado en que los vecinos al menos tengan lo necesario para no tener que moverse. “Sobre todo la gente mayor”. También tienen un hotel. “La gente está cancelando todo porque es verdad que quieren venir a Arnedillo, pero también quieren moverse por la zona y aquí, una vez que llegas, es que casi es imposible salir”.

Los vecinos saben que hay tajo en la carretera pero esperan soluciones seguras y rápidas.

Los jóvenes también han tenido que variar su día a día. “Mi hija, que trabaja en Arnedo, está teletrabajando. Ha hablado con el jefe y se ha traído el ordenador a casa”, cuenta un vecino. Su hijo, que también trabaja en Arnedo, “ya ha dicho que mañana se trae una maleta y se queda allí porque esa carretera, por la noche, es peligrosa”.

Félix regenta la panadería del pueblo. “Está siendo complicado”. Aunque de la necesidad han hecho virtud y han conseguido que los vecinos se pongan de acuerdo para reducir viajes. “El pan lo tenemos en Arnedo. Nos turnamos para hacer viajes: el que tiene que bajar para algo ya aprovecha para hacerle un recado al que no puede bajar”.

En la panadería de Félix los vecinos comentan la situación que viven estos días.

No todo el mundo puede delegar sus quehaceres. “Hay un vecino que tiene que bajar tres veces a la semana al hospital de Calahorra a diálisis”. “Mi sobrino va al centro Áncora de Calahorra, pero en casa lo tienen porque no hay forma de llevarlo sin autobús”. Y así, innumerables partes de la vida que se han quedado paradas. “Al menos han dicho que si le pasa algo grave a algún vecino contamos con el helicóptero”, dice aliviada una de las vecinas. “Pues como sea de noche, vamos buenos”, comenta otro, ante la certeza de que el helicóptero no puede volar en horario nocturno.

Sheyla y David son unos de los pocos turistas que están por la zona. Llegaron el martes por la noche. “La señora de la casa en la que estamos nos avisó del problema y nos ofreció rutas alternativas para llegar”. Cogieron la que venía en Google Maps a través de Los Molinos de Ocón. “Eso no es una carretera, es una pista forestal. Pasamos un poco de miedo viniendo, la verdad”. De momento, se quedan un par de días más. “Veníamos a hacer salidas por el monte, y eso nos salva, porque ya nos han dicho que lo de salir de la zona es complicado”.

Sheyla y David llegaron el martes de turismo a Arnedillo: «Llegar ha sido una locura».

Los vecinos necesitan soluciones o, al menos, saber por cuánto tiempo van a estar así. “Sabemos que ha sido un milagro que no nos haya tocado a alguno abajo, pasando por la carretera, pero después del susto inicial, hay que empezar a trabajar”. Algunos hablan de voladuras controladas, otros de puentes y accesos alternativos, pero la mayoría entienden que hay que esperar a lo que digan los técnicos después del vuelo de drones que se realizó en la jornada del miércoles. “Sabemos que la seguridad es lo primero, pero necesitamos, al menos, que nos den algún tipo de fecha, porque estar sin saber para cuánto tiempo es desesperante”.

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