Educación

La riojana Patricia Blanco obtiene el mejor expediente de la Universidad de Navarra

Un 9,90. Esa es la nota media con la que la riojana Patricia Blanco ha cerrado su etapa universitaria en la Universidad de Navarra, convirtiéndose en el mejor expediente del curso 2023-2024. Su historia es la de una vocación clara desde la infancia, un sentido del deber arraigado y un esfuerzo constante que la han llevado a destacar en sus estudios de Derecho.

Desde pequeña, sus mayores recuerdan cómo veía las noticias con una preocupación especial por las cuestiones de justicia. En secundaria, fue su padre quien puso sobre la mesa la posibilidad de estudiar Derecho, y ella lo tuvo claro. Su meta era la judicatura, y para ello, el Derecho era el camino obligado. “Siempre quise ser juez”, afirma con determinación.

En una familia de ingenieros, Patricia es la primera en decantarse por el Derecho. Su vocación por la justicia y su fuerte sentido del deber han sido los motores de su esfuerzo académico. «Mi abuela ya lo dice: eres como tu madre, una defensora de las causas perdidas”, una característica que la ha acompañado desde la infancia y que refuerza su convicción de querer formar parte del sistema judicial.

Inicialmente, se inscribió en el doble grado de Derecho y Filosofía, pero tras solo quince días de clases, tomó una decisión crucial: dejar Filosofía y centrarse exclusivamente en Derecho. “Me di cuenta de que el Derecho me apasionaba más de lo que nunca había imaginado, mientras que en Filosofía sentía que no ponía los pies en la tierra”, explica. Desde ese momento, su dedicación fue absoluta, y el resultado habla por sí solo.

Lograr el mejor expediente no es fruto del azar. Patricia reconoce que puede tener ciertas aptitudes naturales para el estudio, pero enfatiza que su éxito se debe, sobre todo, a una planificación rigurosa y muchas horas de trabajo. “Siempre me ha gustado tener buenos expedientes porque me gusta saber contestar a las preguntas que se me hacen”, comenta. Su enfoque se basó en la organización: establecer prioridades claras, asegurarse de que cada hora de estudio fuera efectiva y no descuidar otros aspectos de su vida. “Siempre hay tiempo para otras cosas si sabes planificarte bien”, asegura. Además, destaca la responsabilidad de valorar el esfuerzo económico de sus padres para darle la oportunidad de estudiar en la Universidad de Navarra. “Es fundamental entender el valor de la inversión que han hecho por mí”, reflexiona.

Ahora, Patricia está inmersa en la recta final de su Trabajo de Fin de Grado (TFG), una tarea exigente pero que afronta con la misma disciplina con la que ha cursado toda la carrera. Con la universidad llegando a su fin, su mirada está puesta en el siguiente reto: las oposiciones a judicatura. “Algunos dicen que es muy duro, pero he hablado con gente que ya ha pasado por ello y me aseguran que, al final, todo es cuestión de planificación. Eso sí, tiene que gustarte mucho”, explica.

La oposición exige entre ocho y nueve horas de estudio diarias y un promedio de cuatro años de preparación. Sin embargo, para Patricia, esto no es un obstáculo, sino simplemente el siguiente paso en su camino. “Realmente no me planteo el tiempo porque para mí no hay otra opción que llegar a ser juez. Puede ser en menos tiempo o en más, pero llegaré”, afirma con seguridad. De hecho, considera que el estudio de la oposición será menos exigente que la universidad, ya que “siempre he sido de estudiar muchas horas al día y ya estoy acostumbrada y en esta universidad son muy exigentes, estás todo el día haciendo cosas, hasta en verano”.

La justicia es un tema que le apasiona y sobre el que tiene ideas claras. Considera que se habla mal de ella sin suficiente conocimiento. “La justicia es algo muy técnico. Podemos hablar de justicia social o de cómo funcionan los tribunales, pero lo cierto es que muchas veces la crítica no está bien fundamentada”, explica. Uno de los debates recurrentes en la opinión pública es la lentitud del sistema judicial. Patricia no niega este problema, pero plantea la pregunta clave: “¿Es lenta porque faltan medios o porque alguien está haciendo mal su trabajo?”.

Sabe que la judicatura no está exenta de errores, y asume con contundencia que “al juez que lo hace mal debería caérsele la cara de vergüenza”. Sin embargo, sigue convencida de que la justicia es una institución fundamental que, pese a sus fallos, es imprescindible para el correcto funcionamiento de la sociedad.

Con una trayectoria académica impecable y un futuro prometedor, su historia es un testimonio de cómo el esfuerzo, la organización y la pasión por una profesión pueden llevar a alcanzar la excelencia.

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