Los planes de 941

Zabala de la Serna: «Las épocas del toreo son incomparables, la diferencia la marca la excelencia del toro de hoy»

‘Ya nadie dice la verdad’ suena a ciencia ficción, aunque en realidad persigue el sueño de contar el toreo. Contar el toreo, esa fantasía. Esa quimera. Si Vicente Zabala de la Serna (Madrid, 1970) lo consigue casi siempre en las páginas de ‘El Mundo’, ahora lo paladea con exquisita precisión, lo deletrea con absoluta maestría y lo plasma con exactitud clarividente a lo largo de estas 23 entrevistas que componen ‘Ya nadie dice la verdad. Diálogos íntimos del toreo’ (Ed. El Paseíllo). Mas el otro mérito del autor reside en haber publicado tales diálogos en las páginas del diario donde dirige la sección ‘Toros’, justo ahora que lo normal y habitual es vetar la información taurina.

Esta obra de Zabala de la Serna viene a ser el legado que recoge las impresiones de Curro, Paula o El Viti apoyados sobre la forja de la vida ya vivida. El testimonio de Paco Camino, Pepe Luis Vázquez Silva o Ángel Teruel poco tiempo antes de abandonar los tendidos de este mundo. También el repasar el momento actual del toreo de la mano de ‘El Juli’, Ponce, Morante, Urdiales, Ortega, Talavante, Roca Rey o Aguado.

Zabala de la Serna presenta su obra este viernes 21 de marzo en el hall del teatro Cervantes de Arnedo a las 19 horas. Estará acompañado, precisamente, de Diego Urdiales. Ambos dialogarán en la intimidad del toreo; y también de la vida.

– Titula su obra con un ‘Ya nadie dice la verdad’: ¿tanta mentira hay dentro del mundo de los toros?

– El mundo de los toros no se puede analizar extrapolándolo de la sociedad donde vivimos. Esta sociedad actual es en donde nadie dice la verdad. Lo vemos a diario en los políticos, en la manipulación de la información, en todos lados… Esta expresión se extrae de la entrevista a Curro Romero que hice junto a Antonio Lucas. Es un título vigente y acorde a estos tiempos actuales de redes sociales, trumpismo o de cómo los algoritmos juegan con nuestra vida y nuestra opinión. El ‘ya nadie dice la verdad’ es algo que trasciende más allá del mundo del toro.

Su obra recoge el sentir de toreros colosales de épocas pasadas (Curro, Paula, Camino, El Viti…) que coinciden en que en el toreo actual se ha instalado una insoportable vulgaridad; y, por el contrario, los toreros actuales a los que entrevista en su libro sostienen que nunca en la historia del toreo ha habido tanta exigencia para con quienes se ponen hoy delante de un toro.

– Creo que caben ambas opiniones. Si repasas los escritos taurinos de toda la historia, en todos se da ese ‘cualquier tiempo pasado fue mejor’. Es algo indefectible. Los años 40 recuerdan el toro de los 30; en la época de ‘Gallito’ y Belmonte se añora el toro de ‘El Guerra’. Recordar los tiempos pasados como mejores es una condición muy propia de los taurinos.

Yo creo que lo que hoy distingue el toreo actual de otras épocas es el toro; la excelencia del toro. El toro actual, por trapío, salubridad, bravura y preparación, es un prodigio genético logrado por los ganaderos de élite y que marca la diferencia con cualquier tiempo pasado por su excelencia.

– ‘Se torea hoy mejor que nunca’. Es algo que se repite con frecuencia en las páginas de su obra. ¿Está de acuerdo?

– Me parece injusto entrar en ese debate, pero estoy convencido de que hoy se torea más perfecto que nunca porque el toro embiste mejor que nunca. Y esto no significa que el toro de hoy sea un toro fácil, pero sí un toro superlativo. El toro de antes era un toro con muchas más aristas, más asalvajado, menos previsible y de más movimiento que bravura, y por eso también era más permisivo con los toreros en ciertos aspectos.

Si vemos las faenas de los 60 hay enganchones; hoy, con un solo tropiezo, esa faena de muleta se caería. Creo que no son comparables entre sí las diferentes épocas del toreo y, por lo tanto, debemos huir de ese tipo de absolutismos.

– La afición también ha cambiado…

– Sucede que la afición actual convive con las redes sociales, que han traído consigo que se hable de toros muy mal y se hayan perdido los referentes que siempre tenía el aficionado. Me da mucha tristeza saber que vivimos en el reino de la demagogia, una cosa fácil, barata y con los pies de barro. Echo en falta a los grandes aficionados que he conocido a lo largo de mi vida y que ninguno ha llevado el carné de aficionado en la boca.

Antiguamente existían tertulias a las que se iba a escuchar y a aprender, sobre todo, de los profesionales. El hecho de ser profesional no te cataloga como el propietario la verdad irrebatible, pero cuando hablas con ellos, en general, te das cuenta de lo muy detrás que vas tú. Había de darse las condiciones complementarias de “profesional” y “buen aficionado”. Siempre he tratado de rodearme de quienes verdaderamente saben: José Luis y Pablo Lozano, Emilio Muñoz, Javier Moreno o la casa Bienvenida, con la que heredé una amistad que me venía de mi padre. Llevo toda una vida aprendiendo.

– Y hoy, ¿cómo se puede aprender de toros?

Creo que aquí la prensa tiene mucho trabajo por hacer. Hoy se habla mucho de los entresijos del toreo y poco del propio toreo. Apenas se recomiendan los escritos de Pepe Alameda, o piezas de Gregorio Corrochano o del viejo Zabala; tampoco se habla todo lo que se debiera de las fuentes en las que se han sumergido clásicos como Morante o Urdiales. La prensa actual se ha convertido en un foro en el que se habla más de los despachos que de cómo ha evolucionado el toro o de la bravura superlativa actual.

Se alientan conversaciones en torno a temas que forman la parte fea de lo nuestro, que es el toreo y que es bellísimo. Nunca debemos olvidar que el momento más puro de la fiesta brava surge cuando el toro y el torero se encuentran solos en el centro del ruedo y es, en esa soledad, donde brota el arte.

– Los diálogos que mantiene en su libro con Curro Romero y ‘El Viti’ finalizan recomendando encarecidamente el toreo de Diego Urdiales

– Urdiales es un clásico, un referente, un ejemplo, un torero admirable y cabal, alguien que no ha abandonado nunca una idea por mal que hayan podido venir las cosas y que siempre ha mantenido con todo tipo de encastes. Diego nunca se ha bajado de esa lealtad por un modo de hacer, que es un modo artesanal de interpretar el toreo con una naturalidad y con una reunión que, como define Curro, es la manera de hacer el toreo de cadera a cadera. Ha sido un privilegio ver torear a Diego, sentir esa manera suya de interpretar el toreo con unos referentes y unos mimbres que ya no se ven, evocando tiempos antiguos, con esas muñecas que son un reloj de arena. Diego es emoción, como aquella emoción que aún perdura 7 años después de abrir la Puerta Grande de Las Ventas en otoño.

– El pasado octubre le dedicó estas palabras en la gala conmemorativa de su 25 aniversario de alternativa: «Si la norma del cronista es decir lo que piensa, él me hizo romper esa ley; nunca escribí lo que pensaba porque siempre escribí lo que sentía. Ese es el secreto que habita en Urdiales: remover el alma, agitar las entrañas, provocar la búsqueda de la palabra precisa para tratar de contar lo que no se puede contar; y tampoco se puede explicar: ese misterio».

– Y ‘dije la verdad’ y lo sigo manteniendo y lo mantendré.

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