En vez de clasificarnos en personas con perro o personas sin perro, deberíamos hablar de personas con conductas cívicas o incívicas, y así dejaríamos estos enfrentamientos del siglo pasado.
Lo queramos o no, cada día hay más perros en nuestro entorno y tendremos que buscar un poco de entendimiento y no tanta lucha absurda. Yo, como propietaria de perro, asumo mis obligaciones de recoger sus excrementos, llevarlo con correa por los sitios marcados y cumplir las normas, que por cierto, en esta ciudad tan anti-perros son muchas.
El que no las asuma que cargue con sus consecuencias y sea multado o lo que el Ayuntamiento crea conveniente, pero, pido lo mismo para las personas que escupen en las calles, que orinan en las esquinas y entre los coches (las he visto), las personas que van en monopatín o bicicleta por la acera, las personas que tiran la basura por cualquier sitio, las personas que tiran botellas y dejan cristales en el suelo, etc…
Sólo pido que dejen ya de criminalizar a los perros y miremos qué otras conductas incívicas alteran nuestra convivencia; que seamos un poco más tolerantes, y si no, viajemos un poco por Europa y así nos daremos cuenta de que la tendencia es a dejar entrar en cualquier parque o comercio, incluso bares, a los perros y no hay ningún altercado.
Desgraciadamente aquí vamos al revés y creo que no es la solución. Les propongo algo: miren un poquito nuestras aceras y me dicen si lo único que ven son excrementos de perros o hay más ‘regalitos’. Estoy de acuerdo que se condenen todas las conductas incívicas, pero no quieran cargarnos a los dueños de perros con el poco civismo reinante en esta sociedad.
Tenemos una asignatura pendiente: educación para la ciudadanía.
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