Agricultura

El pistacho riojano, entre una creciente demanda y la falta de procesadoras

El pistacho continúa siendo un sector en ebullición, con una demanda que se mantiene al alza, pero todavía queda mucho desarrollo y aprendizaje en torno a este cultivo. Esa creciente demanda se traduce también en un aumento de las plantaciones. En concreto, La Rioja ha pasado de las escasas 39 hectáreas plantadas en 2019 a las cerca de un centenar a fecha de 2023 (son los últimos datos actualizados por parte de la Consejería de Agricultura).

La evolución a nivel nacional también ha sido notoria y es que en 2016 este cultivo ocupaba apenas unas 15.000 hectáreas, mientras que en 2019 ya eran 32.000 hectáreas y en 2023 se contabilizaron 79.202. Esta evidente apuesta por el pistacho (con un crecimiento de entorno al 145 por ciento en los últimos cinco años), recae en mayor medida sobre el cultivo en secano, que ocupa el 43 por ciento de la superficie cultivada en el territorio nacional, siendo el 36 por ciento lo correspondiente con fincas de regadío y el 21 por ciento restante superficie plantada en intensivo, la cual también ha crecido en demanda.

Estos datos extraídos del estudio ‘Presente y futuro del cultivo del pistacho y su procesado, una perspectiva empresarial’, elaborado por la compañía Agróptimum y presentado recientemente en Madrid, remarca cómo el pistacho se ha situado como el cultivo leñoso que más ha incrementado su superficie en los últimos años, con Castilla y León liderando ese aumento y siendo Estados Unidos el país que lidera el consumo de este fruto seco a nivel internacional.

Jesús Falcon apostó en 2017 por este cultivo atendiendo a ese fuerte interese del mercado y a los altos precios que se manejaban. Plantó entonces 1,2 hectáreas con regadío en el término de Aldeanueva de Ebro de las que está sacando producción desde hace tres campañas. Tiene en mente ampliar la explotación, pero lo ve como algo «a medio o largo plazo». Va poco a poco, aprendiendo de este árbol con cada cosecha que pasa, porque la información y experiencia con el pistacho, «un cultivo que no es nada tradicional aquí», tampoco abunda en la región.

«El precio ya no es lo que fue en los primeros años del ‘boom’, hará cuatro o cinco años ya, cuando el kilo de pistacho rondaba los 10 euros. Con la pandemia del COVID-19 se moderó y a ello también se sumó el hecho de que no había muchas fábricas procesadoras. Hace tres años yo vendí a 6,5 euros el kilo de pistacho y se comenta que aún seguirá bajando ligeramente hasta que se estabilice la oferta y la demanda. De hecho este año incluso ha subido algo el precio porque se están abriendo nuevas procesadoras que son capaces de absorber mejor la demanda», apunta este agricultor. Lo que no ha variado tanto son los precios de la planta, que «incluso ha llegado a encarecerse algo» porque el ‘boom’ de plantación sigue ahí. «Los precios de una planta son unos 15 euros, mientras que en el caso de la planta de almendro, por ejemplo, está ronda los 5 euros».

Ante esa carencia de fábricas, Falcon lleva sus pistachos a más de dos horas en coche de distancia desde Aldeanueva, concretamente a Andorra (Teruel): «Algunos los llevan a Huesca donde recientemente han abierto una procesadora, pero otros también los llevan a Ciudad Real y Toledo. Aquí la red comercial y manufacturera del pistacho es un poco escasa y está muy lejana, pero poco a poco se van creando más fábricas. Lo ideal sería juntarnos entre los productores para agrupar mayor cosecha y que así sea más atractivo para los compradores venir hasta aquí a cargar porque muchas veces cuesta hacer operaciones con una cantidad de fruto escasa. Ahora somos pocos agricultores los que estamos en producción, pero poco a poco se irán sumando más y entonces el problema de encontrar un punto de venta cercano se acrecentará».

Aunque el fácil manejo y la rentabilidad han sido claves para impulsar su asentamiento en el campo, Falcon opina que hay que seguir aprendiendo en lo que a variedades de pistacho se refiere porque «se han cometido errores a la hora de hacer las plantaciones». En su caso apostó hace ocho años por la Kerman, pero reconoce que con el tiempo se dio cuenta que esa no era la más propicia pese a «lo bien que está funcionando por la gran producción que traen».

«Creo que hay variedades que tanto aquí como en otras regiones están funcionando mucho mejor que la Kerman. Al final cuando empiezas en esto te dejas aconsejar por viveristas y compradores, atendiendo a lo que es más interesante para ellos, pero luego como agricultor vas aprendiendo de la variedad y ves cuáles traen más kilos. La Sirora y narca son un ejemplo de estas variedades más atractivas para el agricultor, por ejemplo. Pero también hay que tener en cuenta el tipo de comercialización, porque la mayoría del pistacho va para grano para hacer esas harinas o pastas (lo restante se destina a snacks), por lo que se necesitan variedades que contengan más aceites propios para evitar añadidos de otros aceites. Esas variedades al final se pagan mejor y al agricultor también saca mejor producción en campo», explica.

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