Me dedico al fútbol, y tengo la suerte de poder acudir a muchos eventos futbolísticos importantes. Sin embargo tengo una carencia, la de no poder vivir el fútbol profesional en mi ciudad. Tuve la fortuna de hacerlo cuando era niño, cuando iba con mis abuelos a Las Gaunas. Unos de esos puntos máximos de felicidad de los que solo eres consciente con la perspectiva del paso del tiempo.
En el año 2009, como muchos otros, me hice socio de un club nuevo, la Unión Deportiva Logroñés que surgía con un proyecto muy ilusionante. Realmente todos pensábamos que sería algo rápido el llegar al fútbol profesional, pero la realidad fue otra. Hasta 2020 no se consiguió. Menuda puntería. Se logró durante la pandemia. Por eso, la afición de La Rioja no pudo disfrutar de lo que se merecían, ver fútbol de élite en Logroño cada domingo. Hablo en tercera persona porque reconozco que, aún siguiéndolo, desconecté algo del proyecto por temas profesionales, pero tengo gente cercana a la que aprecio que sé que ha vivido como suyos los éxitos y fracasos de este club.
Y aquí estamos. 2025. Quizás en uno de los peores momentos deportivos del club, fuera del playoff en Segunda RFEF, y con una masa social con un cabreo importante. Y lo que es aún peor, está surgiendo la tan temida apatía, que es lo más peligroso que puedes encontrarte en el mundo del fútbol y sus aficionados. Realmente es muy jodido. Tenemos una ciudad deportiva que es envidiada por muchos clubes. Puedo asegurar que es muy superior a la de muchos equipos de Primera y Segunda División. Tenemos una cantera que es un ejemplo, admirada y seguida en toda la zona norte de España. El Juvenil A, que milita en División de Honor, está arriba en la clasificación y además haciendo un gran fútbol, con jugadores de talento en todas las categorías, con muy buenos entrenadores, una buena estructura bien organizada y gran capacidad de detección y captación de talento, además de nutrir cada año al primer equipo con buenos jugadores. Es un club que cuenta con profesionales capaces en todas las parcelas y que sienten el club. Y todo esto acompañado de una buena situación financiera ya que hay un propietario con capacidad económica que ayuda a que el club esté siempre con un balance positivo.
Sin embargo, a pesar de todo esto, todo parece negro. A mí, eso de exigir al aficionado -que hace el esfuerzo de ir cada domingo a Las Gaunas con lo limitado del tiempo de ocio y a veces las limitaciones económicas que hay- me parece que sobra. Bastante con ir al campo, más aún en invierno, y encima para no disfrutar de lo que uno merece cuando va a ver un espectáculo a priori de ocio. Es cierto que la bola del mal rollo cada vez se va haciendo más grande y las redes sociales no ayudan, pero si el equipo ganara dos partidos eso se olvidaría. Estoy convencido de que la gente del club esta deseándolo tanto o más que el aficionado y que solo hay buenas intenciones.
Ojalá se salve la temporada, nos metamos en playoff y ahí surja la magia. Y que a partir de este verano se solucionen las carencias que tenemos, que creo que pasa por completar la estructura, quizás con una pieza o dos sea suficiente. Lo bueno del fútbol es que siempre llega un nuevo fin de semana con una nueva oportunidad, si se gana al Utebo todo va a parecer distinto. ¡Ojalá!


