Agricultura

Los remolacheros se enfrentan a precios un 40 por ciento más bajos

Remolacha sembrada en Zarratón la pasada campaña.

El cultivo de la remolacha ha pasado, en tan solo un año, de ser un sector al alza a estar realmente en la cuerda floja. Especialmente en cuanto a valor se refiere y es que la compañía de Azucarera, ubicada en Miranda de Ebro, ha comunicado en las últimas semanas unos contratos con unos precios notablemente más bajos respecto a la campaña anterior. Los agricultores de La Rioja Alta, donde se extiende este herbáceo, aseguran que la empresa compradora ha tirado los precios en un 40 por ciento de media, a lo que hay que sumar la escasa producción que se espera que se repita un año más a causa de las enfermedades que merman el valor de polarización (la cantidad de sacarosa en la remolacha).

Sergio Sáenz de Jubera como técnico de ARAG-ASAJA y asesor en este cultivo, reconoce que la merma de cosecha no es cosa nueva, sino que viene sucediendo en los últimos años desde que se prohibió el uso de neonicotinoides, un insecticida que venía incorporado en la semilla de la remolacha y controlaba así las plagas. Ahora, en cambio, se ha vuelto algo complicado de controlar.

«Veníamos de una campaña en 2024 donde los precios fueron bastante buenos porque Azucarera pagó la remolacha bien dado que el azúcar se había encarecido mucho. Ahora lo que pasa es que esos precios del azúcar han caído después de alcanzar máximos el año pasado y, además, ha habido una muy baja polarización. Motivos a los que alude Azucarera para justificar estos contratos de 2025 que rondan una caída del 40 por ciento respecto a los de 2024, y en algunos casos incluso más. Se han pasado de unos 50 o 60 euros la tonelada hace un año a estar ahora entre los 30 y 40 euros», explica.

Pero hay un haz de esperanza para esta cosecha que reca en un nuevo insecticida que podría solucionar ligeramente estos problemas. «Desde que desaparecieron los antiguos insecticidas sí se están dando autorizaciones excepcionales de otros productos para tratar el virus de la amarillez, que es un pulgón, aunque no tienen la misma eficacia que los de antes, no son tan selectivos y, además, hay que usarlos en mayores cantidades. Por no hablar de que tampoco corrige esa bajada de polarización como lo hacían los antiguos insecticidas porque estos tratamientos se aplican mediante pulverización foliar y esto ya no es tan efectivo porque el virus aparece y se transmite antes», apunta el técnico de ARAG-ASAJA.

En este sentido, Sáenz de Jubera reconoce que las administraciones se están implicando para ofrecer herramientas que permitan a los agricultores afrontar esta cosecha con mayor seguridad. «Nos reunimos con la Consejería de Agricultura para que fuera consciente de lo que está pasando y ya nos han dicho que va a haber algún tipo de ayudas para compensar la bajada de rentabilidad», apunta.

A las puertas de comenzar la nueva campaña de siembra de remolacha, algo que asume ya el sector es la bajada «considerable» de hectáreas cultivadas de cara a la próxima campaña (cuando en 2024 ya se alcanzaron las 916 hectáreas) ante la «incertidumbre mayúscula por unos costes que a duras penas se van a cubrir con los precios fijados por Azucarera». «Por no hablar de que ya por estas fechas hay escaso margen de maniobra porque ya se ha sembrado todo el cereal y se han dejado las fincas destinadas a la remolacha, por lo que muchos van a tener que continuar a sabiendas de que pueden tener una rentabilidad negativa», apunta Sáenz de Jubera.

En el caso de Borja García-Baquero, este remolachero de Zarratón va a sembrar incluso más superficie que el año pasado: «La cuestión es que con la nueva PAC nos obligan a sembrar guisantes y eso al final deja sus efectos en la tierra llegando un punto en el que no producen como tienen que producir. Por eso, para que esté un poco más descansada antes de volver a sembrar guisantes o judías pues voy a poner remolacha».

El problema es que justo esto ha coincidido con la mala noticia de los contratos de Azucarera. «Nos lo comunicaron apenas hace 15 días. Si nos lo hubieran dicho en diciembre probablemente hubiéramos sembrado más cebada, por ejemplo, pero así nos tienen ya atados. Así que nos la tendremos que jugar e ir a por ello porque las opciones se acaban. Confiemos, además, en que el nuevo insecticida nos permita coger más producción. Eso sí, hay gente que ha decidido no sembrar este año remolacha, que igual la cifra ronda el 40 por ciento entre los agricultores de la Cooperativa de El Cierzo. Por contra, tienen opción de sembrar más patata o zanahoria», incide García-Baquero.

Este agricultor de Zarratón confía en que las ayudas lleguen y ese nuevo insecticida funcione esta campaña. «Si no, la remolacha acabará desapareciendo del campo riojano. Es una pena, pero es que antes nos defendíamos bien, pero ahora la gente ya no puede aguantar dos o tres años a ver qué pasa. Ahora hay que tomar decisiones de un año para otro porque no pueden permitirse perder ni un euro».

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