El clan familiar que el pasado 7 de septiembre asesinó a un hombre de 61 años en su domicilio de la calle Italia de Haro planificó minuciosamente cada detalle para acabar con la vida de Felipe, popularmente conocido en la localidad como ‘el Caganidos’ y vinculado al menudeo de estupefacientes.

Los servicios funerarios retiran el cadáver de la víctima, en presencia de la Guardia Civil. | FOTO: Daniel Ortiz
Así lo ha detallado este miércoles la Guardia Civil, que ha explicado los entresijos de la ‘Operación Teren’ desarrollada el pasado 17 de febrero en Haro, que se saldó con la detención de cinco personas (tres hombres y dos mujeres, miembros todos de la misma familia) por su participación directa o indirecta en el asesinato. De hecho, todos ellos formaban parte del círculo cercano de la víctima y una de las mujeres detenidas había sido su pareja sentimental durante cinco años, ha especificado el Instituto Armado.
Nada se dejó en manos del azar para acabar «con violencia extrema» con Felipe, a quien mataron de una forma «fría y brutal». Los miembros del clan -de entre 39 y 44 años aprovecharon que Haro celebraba sus fiestas en honor a su patrona (la Virgen de la Vega) para «pasar desapercibidos» entre la muchedumbre que la noche del 7 de septiembre deambulaba por el entorno de los Jardines de la Vega.

Exterior de la vivienda de la calle Italia, donde se cometió el asesinato. FOTO: Daniel Ortiz.
Además de eso, «realizaron vigilancias y controlaron todos sus movimientos» durante las últimas horas de vida de la víctima para garantizar el éxito de su macabro plan. A este respecto, cobra sentido la información avanzada por NueveCuatroUno apenas 48 horas después del asesinato, que aludía al testimonio de varios vecinos que habían notado a Felipe «especialmente nervioso» en los días previos al crimen.
Según concluye la Unidad Orgánica de Policía Judicial de la Guardia Civil, a cargo de la investigación, tres de los cinco detenidos participaron directamente en el asesinato del ‘Caganidos’, al que abordaron en el rellano de su vivienda (con el rostro cubierto por pasamontañas) para robarle dinero y droga, le golpearon y le inmovilizaron, privándole de «toda posibilidad de defenderse». Consumado el crimen, los asesinos -que se llevaron de la vivienda «muy poca cantidad de dinero» se afanaron en borrar cualquier evidencia que pudiera vincularles con la muerte de Felipe, principalmente elementos tecnológicos.

Un agente del Laboratorio de Criminalística documenta las actuaciones en al calle Italia. FOTO: Daniel Ortiz.
A pesar de ello, nada más tener constancia del homicidio, los investigadores de Policía Judicial -en colaboración con el Laboratorio de Criminalística- peinaron cada rincón del piso de la calle Italia y los exteriores de la vivienda, además de tomar declaración al entorno familiar y social de la víctima. Esos testimonios llevaron a la Guardia Civil a focalizar el robo de droga y dinero como móvil central del asesinato y a centrar sus sospechas en el citado clan familiar, de origen rumano.
Cuando los investigadores reunieron las pruebas suficientes que vinculaban a sus miembros con el fatal suceso, un centenar de agentes de la Guardia Civil -entre ellos, miembros del GAR (la unidad de élite del cuerpo) y del Servicio Cinológico (perros especializados en la búsqueda de armas, drogas y dinero)- tomaron la ciudad en la ‘Operación Teren’ (‘suelo’ en rumano) para practicar la detención de los cinco participantes en el asesinato.

Efectivos del GAR, durante el operativo desarrollado el pasado 17 de febrero en Haro.
Tres días después de que se practicaran las detenciones en un espectacular operativo, la titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Haro -que ha coordinado con la Fiscalía las operaciones- decretó el ingreso en prisión para los tres varones, a los que imputa los delitos de asesinato, robo con violencia y pertenencia a grupo criminal.
Respecto a las dos mujeres, la jueza las dejó en libertad con idénticos cargos, imponiéndoles medidas cautelares como la prohibición de abandonar el país y la obligación de personarse en el juzgado cada quince días.


