TRIBUNA

Gol en Las Gaunas: ‘La UD Logroñés se instala en la depresión’

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.

Tiempo de descuento del partido contra el Tudelano. 0-0. Córner a favor de los locales, que en medio de la bronca de la grada, intentaban hacer lo que todos sabían era imposible: marcar un gol. Entonces, a la espera de que Iñaki votara el último córner del partido, Barrero se enzarza en una disputa estéril contra el portero visitante. El delantero blanquirrojo intenta meter algo de presión. Acude el colegiado a poner un poco de orden. El asunto parece calmado. Se puede sacar el córner. Pero Barrero cae en el área pequeña, con gestos de dolor. 30 segundos en el suelo. Solo.

Ningún compañero se acerca a ver qué está ocurriendo. Tampoco hablan con el colegiado. Es la última jugada -como contra el Calahorra- para intentar hacer ese gol que rebaje la tensión, que le permita seguir al menos en puestos de playoff, volver a ganar, que evite agravar el estado depresivo en el que se encuentra esta plantilla. Puede ser hasta olímpico, como contra el Alavés B. Nadie se acerca a Barrero, para ver que le pasa o para pedirle que se levante. Tampoco se le protesta al colegiado un posible penalti. No hay presión a pesar de toda la presión que dicen estar soportando. Barrero acaba por levantarse, de nuevo próximo al portero rival, para meter algo de presión. Iñaki saca demasiado corto el córner, pero por si acaso hubiera estado bien sacado, Barrero comete falta sobre el defensor, para disfrute del Tudelano. Final. 0-0. Lío.

Es solo una jugada. Una más. Nada más. La última. Y quizás por eso llame un poco más la atención. Es la que mejor ejemplifica cómo está ahora mismo esta UD Logroñés. La que no gana fuera de casa, a la que le golean fuera de casa los mejores equipos del campeonato, es decir, sus rivales más directos, la que tampoco gana a estos buenos equipos en Las Gaunas. Es la UD Logroñés que no le alcanza ya tampoco para superar a un rival que, como el Tudelano, no es que esté haciendo una temporada espectacular y tiene lejos meterse en el playoff de ascenso. Así de mal está la UD Logroñés. Sexta, fuera del playoff, es normal observar que no tiene el nivel mínimo para pelear en las diez últimas jornadas por estar al menos entre los cinco mejores clasificados. No hacerlo sería un fracaso tan sonado como aquel descenso de Primera Federación.

Las crisis se miden por los resultados (0-3 en Lezama el año del descenso, y 0-3 en Ejea la temporada ¿sin playoff?) que no llegan ni acaban por llegar. Y la necesidad de soluciones se observa por la gestualidad de sus protagonistas. Y la depresión se han instalado en el club. De arriba hasta abajo, al menos en lo tocante al primer equipo. Ejemplos como el de la última jugada ante el Tudelano sobran durante los últimos encuentros. La expulsión de Madrazo evidencia cómo la depresión se ha instalado en esta plantilla. Y nadie parece capaz de dar un paso al frente. La cesión de Daza, el encajar tres goles en seis minutos, no generar ocasiones de peligro contra un rival en inferioridad numérica… Los dos empates seguidos en Las Gaunas, ante el Alavés B y el Teruel, fueron los síntomas previos a una enfermedad para la que no parece haber cura.

Sergio Rodriguez

FOTO: Fernando Díaz/ Riojapress.

Porque la afición de la UD Logroñés está enfadada. Normal. Está decepcionada por otra temporada que ven escurrirse por el sumidero de la frustración, de no estar casi nunca a la altura de lo esperado. La plantilla parece haberse caído con todo el equipo. Y se precisa de quién esté capacitado para levantar esto. Y Sergio Rodríguez ya ha dejado claro que no está sabiendo sacarle a esta plantilla el rendimiento que a priori debería tener, aunque dejando claro que se siente fuerte para tirar adelante con este carro tan pesado. La figura de Sergio Rodríguez se sigue erosionando. Se le pidió estar en el banquillo y aceptó la llamada de auxilio de su club. Pero no está sabiendo dar con la tecla adecuada. Sapos que debe compartir con los que emitieron esta voz de auxilio, Félix Revuelta o Carlos Lasheras, o los dos, por los motivos que fueran, como para observar que el gerente de la ciudad deportiva hasta la salida de Flaño debía ser el que tirara hacia adelante con esta plantilla.

Pero este club está caracterizado por la parálisis, la habitual de cada temporada. No parece existir un plan a corto o medio plazo que le permita ser un club competitivo. Una duda: A ver quién da respuestas a preguntas habituales que se hacen todos los equipos cuando se lleva al mes de marzo. Por ejemplo, es normal que surjan estas dudas: ¿se cambia ahora de entrenador o se asume que la temporada está perdida? ¿Se comienza a pensar ya en la próxima temporada? ¿Seguirá Carlos Lasheras en la dirección deportiva? Lo que no es normal es tener esta otra: de no seguir Lasheras, ¿quién?… ¿Quién decidirá quién es el sustituto del técnico vasco? ¿Quién lo está pensando? ¿Quién conoce a un director deportivo más allá de Lasheras con la capacidad suficiente dentro del club no solo para recomendarlo, si no para presentarle el proyecto y captarlo para la causa?

Félix Revuelta reconoce no saber nada de fútbol. La Junta Directiva no tiene capacidad ejecutiva alguna. No existe en el club la figura de un director general con una estrategia deportiva más allá del día a día de una ciudad deportiva. Y el gerente de esta instalación, que sí sabe de fútbol, está ahora mismo en medio de la tormenta de los malos resultados del primer equipo. No está Sergio Rodríguez para pensar en la temporada que viene. Vamos, que nada pasa por casualidad. Más allá de los diez próximos partidos, ¿quién está trabajando en lo próximo o sucederá como la temporada que pasada en la que Diego Martínez sorprendió a Revuelta y a Lasheras con su decisión de no seguir en el club? O como cuando Lasheras decidió no seguir tras el descenso de Segunda. O como cuando Manu Franco también dio un paso a un lado de forma inesperada. Lo de propietario y jefe no acaba de funcionarle del todo bien a este club. Hace falta gente del fútbol, profesionales con experiencia, aunque el círculo vicioso comienza por estar en Segunda Federación, tan abajo que casi nadie quiere venirse por aquí.

Foto: Fernando Díaz (Riojapress)

Ahora bien, la UD Logroñés pierde porque sus jugadores no están rindiendo a la altura, pero no solo pierde porque sus jugadores no están rindiendo a la altura. Pierde porque no se acaba de comprender que esto solo funciona cuando todos reman en la misma dirección, desde el presidente hasta el que abre las puertas del estadio. De lo contrario, como se intuye que puede estar pasando, un club se instala en la parálisis que se traslada a la grada en sensación de indiferencia, que es el único lujo que no se puede permitir este club que se está acostumbrado a la mediocridad deportiva. Por eso, la afición pide la dimisión a su directiva, porque no entiende esta indiferencia que asusta, al ver que sus responsables no toman decisiones correctas desde hace unos años.

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