Si algo nos enseñó Titanic es que mejor evitar los choques contra los muros de hielo. El nuevo secretario general del PSOE, Javier García, tiene una difícil tarea por delante. De hecho, prácticamente nadie en su partido ha estado dispuesto a asumirla porque las posibilidades de fracasar son, por el momento, mucho más altas que de salir victorioso. Con el calor recibido en el congreso que el socialismo riojano celebró la semana pasada, el todavía alcalde de Arnedo se enfrentará a partir de ahora a la difícil tarea de dirigir el rumbo de un barco que deberá esquivar más de un iceberg en su navegación por el Mar del Norte.
En esta historia de nuevos capitanes y tripulaciones, Javier García ha asumido el liderazgo con varias misiones para los próximos meses. Su objetivo no es solo derretir ese muro de hielo (mejor evitar los choques) que representa el PP de Capellán, como él mismo ha definido al presidente, sino reconstruir un partido al que los cuatro años gobernando La Rioja y los principales ayuntamientos no le han servido más que para acrecentar sus diferencias internas. En su congreso ha seguido la misma línea política vista desde hace semanas, aunque ha contado con ciertos gestos que han despertado más preguntas que respuestas en el pequeño Logroño del poder.
Uno de los grandes interrogantes del cónclave socialista fue la ausencia de la expresidenta Concha Andreu en el turno de intervenciones. Que el PSOE decidiera prescindir de su voz deja claro que la nueva dirección quiere marcar un punto de inflexión, alejándose de la etapa anterior y fijando su propio rumbo. García no quiere que el pasado reciente interfiera en la narrativa de renovación que busca imponer. Como si las caras que se vieron en Riojaforum fueran flamantes fichajes recién llegados al partido y no ‘históricos’ dirigentes de ayer y de hoy. Porque otro de los movimientos relevantes fue la designación de Emilia Fernández (diputada desde 2003 a 2019 y directora general de Igualdad en el Gobierno de Andreu) como número dos del partido. Una elección que parece responder a la necesidad de consenso (así no se molesta a nadie) y al ‘equipo’ que también trabajará en la sombra a las órdenes de la política donostiarra para realizar labores de fontanería.
La batalla realmente interesante estará en la agrupación de la capital riojana, donde actualmente Rubén Antoñanzas (Partido Riojano) se ha erigido como líder de la oposición por incomparecencia socialista. Víctor Moratinos, con el respaldo de Javier García, ya anunció hace unos días que el 1 de marzo intentará hacerse con el liderazgo para que la dirección tenga el control de su asamblea más importante. Iván Reinares ha confirmado este fin de semana que también dará el paso. De fondo, en pleno intento de reconstrucción, la pugna por imponer el candidato de 2027. Apunten tres nombres en caso de victoria moratina: María Victoria de Pablo, Beatriz Arraiz y Sara Alba. Es una pena que la encuesta de GAD3 (cree este plumilla que encargada por Conrado Escobar) que se ha hecho recientemente en Logroño no haya esperado un par de semanas más.
El congreso también tuvo otros protagonistas de mayor peso a nivel nacional. Pedro Sánchez y Emiliano García-Page intervinieron, aunque con una separación estratégica en la agenda. No hubo espacio para la coincidencia entre ambos, una decisión que responde a la necesidad de evitar roces o lecturas innecesarias sobre la convivencia entre diferentes sensibilidades dentro del PSOE. Lo resumía bien el compañero Pío García en sus crónicas venenosas diciendo que en Logroño se dieron cita todos los pesoes posibles: «El que considera a Puigdemont ‘un delincuente que se ríe de todos los españoles’ y el que coge una mochilita y se va a Suiza para preguntarle a don Carles qué necesita esta vez a cambio de sus siete votos». «Si Sánchez cae, Javi estará muy bien colocado», resumía un histórico dirigente el mismo domingo del congreso. Y ahí está el quid de la estrategia del nuevo líder del PSOE para marcar perfil propio. Una velita a Dios y otra al diablo mientras el Perro sigue en La Moncloa, ya que de sus discursos todavía no hemos podido saber cuál es realmente su apuesta. De hecho, dicen los rumores del pequeño Logroño del poder que la visita del presidente no estaba prevista hasta que en Ferraz se enteraron de que García Page venía a arropar al nuevo líder riojano.
Mientras tanto, el Gobierno de Capellán mantiene una postura firme y sin fisuras. Un muro de hielo. Su política de contención y su perfil de gestor que no pisa charcos le han permitido sostener su posición sin grandes sobresaltos. No se han visto grietas en el bloque popular y, de momento, la derecha riojana parece asentada en su terreno, sin conceder espacios a la oposición. «No sabemos por dónde meterle mano porque no se mete en nada», reconocía otro dirigente socialista. Aquí es donde Javier García tiene por delante su gran desafío. Por suerte para él, los muros no son eternos (véase Pedro Sanz) y siempre hay quienes llegan dispuestos a desafiarlos.
El nuevo líder socialista tiene claro su papel en esta partida: movilizar a su ejército, fortalecer sus alianzas y demostrar que el socialismo puede volver a conquistar el terreno perdido. Para ello necesitará no solo unidad interna, sino una estrategia efectiva que le permita conectar con un electorado que en las últimas elecciones optó por otras opciones. Los muros pueden caer, pero las batallas se ganan con liderazgo, astucia y un proyecto convincente. Javier García ha tomado el timón dispuesto a enfrentarse al frío político que representa el Gobierno de Capellán. Solo el tiempo dirá si consigue derretir el hielo o si el invierno acaba por congelar sus aspiraciones.


