La Sociedad Deportiva Logroñés es un club de socios. Y así lo viene siendo desde 2009, año de fundación de la entidad deportiva riojana. Adscrita al concepto ‘fútbol popular’, este club ha buscado durante todos estos años una diferenciación que entendía estratégica para ganar adeptos bajo la afirmación de un socio, un voto, y ser dueños de su propio destino, sin un propietario que asuma todas las decisiones estratégicas.
Realidad que podría comenzar a cambiar a partir de este viernes, 14 de febrero, siempre y cuando los socios de la entidad acepten la propuesta que les va a plantear la actual junta directiva en una nueva asamblea, presidida por Eduardo Guerra. Tal y como se indica en el orden del día, los socios deberán votar la proposición de separar la condición de socio y abonado.
¿Y esto qué significa? Los socios, en una asociación deportiva, son miembros del club con derechos políticos, es decir, pueden votar en asambleas, elegir autoridades y participar en la toma de decisiones importantes. Los abonados, sin embargo, como pasa en las sociedades anónimas deportivas, son aficionados que pagan para acceder a los partidos y servicios del club, pero sin derechos de participación en la gestión del mismo, que recae en los socios accionistas, y quien más acciones tiene, más poder decisión acumula.
La Sociedad Deportiva Logroñés, si mantiene que los socios sigan siendo los únicos con derecho a voto, restringiría el acceso a esta condición a parte de sus aficionados, con lo que el club reduciría su base de participación en la toma de decisiones. Este planteamiento, aseguran expertos consultados por este medio, suele significar el paso previo hacia una reestructuración más profunda, como sería la conversión a sociedad anónima deportiva. Situación que ya advertía el pasado 10 de abril Eduardo Guerra como una posibilidad de cara a un futuro, en el que se contempla la venta -parcial o completa- del club.
Subyace una situación económica compleja. La Sociedad Deportiva Logroñés acumula una deuda que le complica decisiones deportivas a corto y medio plazo, en un club que ha perdido socios, que no ha encontrado nuevos patrocinadores de entidad y que depende de las subvenciones públicas y de las ayudas de la Federación Española al fútbol modesto para su subsistencia en una Segunda Federación cada vez más cara, inflacionaria y por tanto deficitaria.

Javier González y Eduardo Guerra.
En concreto, la deuda reconocida públicamente por Javier González, que dejará de ser director general de la SDL al finalizar la actual temporada, rondaba los “60.000 euros” al cierre del curso pasado, la del descenso deportivo de la entidad. “La pagaremos a escote”, indicó entonces el gestor vasco, consciente de que en ciertos clubes, cuando se contrae una deuda, los estatutos pueden exigir que los directivos avalen personalmente la operación.
Este 14 de febrero, la SDL prepara el camino para dejar de ser un club de socios, y controlar futuras decisiones por si llegara el momento de tomar medidas estructurales de mayor calado, y cuaja alguna de las reuniones que ha tenido el club, según ha podido saber este medio, con posibles inversores o futuros propietarios, para garantizar la supervivencia -de una u otra forma- de la entidad.
En anteriores asambleas, la junta directiva expuso a los socios a situación en la que se encuentra el club, y señaló claramente la posibilidad de vender un porcentaje de la entidad, pero sin que los socios -antes de convocar la división entre socios y abonados- pierdan el control mayoritario del club. La SDL siempre ha buscado una fórmula mixta -incluso cuando se habló una posible fusión con la Unión Deportiva Logroñés de Félix Revuelta- en la que al menos el 51% de la entidad fuera de sus socios, mientras que el 49% estuviera en manos de un posible socio inversor o de un capital muy atomizado.
“Si en un futuro tenemos que pasar a ser sociedad anónima deportiva sería como el Eibar, una SAD muy atomizaba”, señalaba el pasado 10 de abril Eduardo Guerra. El Eibar es una SAD propiedad de sus accionistas, que cuenta aproximadamente con 11.000 accionistas distribuidos en 65 países. Este modelo de propiedad atomizada es poco común en el fútbol profesional español, donde la mayoría de los clubes son controlados por grandes inversores o fondos de inversión. Cifras ahora mismo inalcanzables para un club con asistencias que rondan los 500 espectadores en Las Gaunas cuando su equipo juega de local. Plantearse un modelo como el del Eibar parece más un ejercicio de fe que una posibilidad real, dada la dimensión del club riojano.

Partido de la SDL ante el Baleares en Primera Federación.
El caso más reciente de sociedad anónima deportiva atomizada y a la riojana fue precisamente el Club Deportivo Logroñés, que, tras la marcha de Marcos Eguizabal, pasó a manos de cuarenta empresarios locales que acabaron por poner el primer clavo a la tumba de la ya desaparecida entidad blanquirroja.
Búsqueda de inversores
La preocupación en el seno del club por culpa de una deuda que ahora mismo no puede solventar, y que trabaja para refinanciar, es evidente, tal y como indican fuentes consultadas por este medio y que han participado en reuniones en las que también han estado presentes responsables del club logroñés, y en donde se ha puesto encima de la mesa la realidad financiera y la necesidad de encontrar inversores o propietarios que solventen esta deuda, para lo que es necesario un cambio en el modelo de club.
Los mismos socios, que han hecho bandera del fútbol popular o de la necesidad de más clubes dirigidos por los aficionados, deberán este viernes decidir si aceptan la propuesta de diferenciar socios de abonados, y lo que esto supone, y aceptar todos los pasos que se deberían dar para evitar ser un club que pelee por no descender de Segunda Federación; o seguir con el modelo actual, que supondría una reducción presupuestaria más profunda de cara a la temporada que viene. La SD Logroñés es un club de socios con pocos socios (siempre y cuando los objetivos sean, como hasta ahora, ser un club referente y llegar al fútbol profesional), pero con una idiosincrasia muy marcada durante los últimos 16 años.
En caso de no superar la votación de este viernes, la actual junta directiva estaría decidida a dar un paso a un lado al final de la actual temporada, y que otros socios, tras muchos años de gestión de Eduardo Guerra, presidente a sueldo en la entidad riojana, tomen las riendas de un club lastrado por una deuda lo suficientemente importante como para mover los cimientos de un club que se plantea modificar su esencia misma, la que ha defendido desde su nacimiento allá por el año 2009.


