En casa de mis padres, en los días importantes, el desayuno no era la leche (calentada aún en cazo, que una ya pinta canas) y las galletas María untadas con mantequilla con La saga de los Porretas de fondo. Siempre se preparaba algo más especial. A veces, mi madre y mi abuelo, que vivía con nosotros, solían hacernos una especie de masa con pan del día anterior con la leche. Otras, había hasta zumo de naranja, que se acompañaba con barzón (las raíces autoleñas…) o con otros de los tantos golmajos que se hacen desde hace décadas en los pueblos riojanos (mantecosas, fardelejos…).
Supongo que era una forma de meterle calorías al cuerpo ante un día de emocionantes experiencias. En los viajes más largos, mi padre salía pronto en coche y, a eso de las ocho, parábamos (ya a mitad de camino) en el bar de turno (si había muchos camiones aparcados, mejor) y lo primero que nos echábamos al cuerpo era un bocata de lo que marcase la tradición. Es imposible olvidar el intenso sabor de esa chistorra de Puente la Reina.
Hoy era un día especial en el Convento de la Merced. Los diputados de la oposición llevaban semanas clamando por la inactividad del Parlamento de La Rioja. No se habían visto todos las caras desde diciembre, pero cuando por fin regresaron dejaron pasar la oportunidad de hacer su entrada con el solemne “Como decíamos ayer…” de Unamuno al volver a la Universidad de Salamanca después de seis años de destierro. Una lástima.
Una lástima porque el inicio de la crónica estaba previsto con estas primeras frases del escritor y filósofo vasco. Así que una ha tenido que reconducir como un navegador. «Redirigiendo… hablemos de los desayunos de sus señorías ante un día de esos importantes». Hacía falta hacerlo con fuerza. Había por delante uno de esos plenos largos de solemnidad, con más de diez horas de debate por delante.

Si algo tiene claro una servidora es que el presidente, Gonzalo Capellán, empezó el día con un café solo. Directo y sin florituras, como su intervención en el pleno. Llegó, contestó, dejó claro que no iba a permitir “que La Rioja pierda un solo euro por los cambios en la financiación autonómica”, soltó cuatro titulares sobre el ‘tren chispita’ y se marchó. Fin. Ni una migaja más.
María Martín, en cambio, tuvo que desayunar fuerte. ¿Un chocolate con churros? Energía pura para aguantar lo que venía. Y lo que venía era un pleno donde todos los tiros del PSOE e IU iban hacia ella. Dulce por fuera, pero con contundencia, la consejera. Como cuando miró a Mikel González de Legarra y le espetó: “Si señala a alguien, acabará en un juzgado por mentiroso, por difamaciones y calumnias”. Esto, después de que el socialista insinuara que las listas de espera se estaban ampliando a propósito para aumentar los contratos con la sanidad privada.
Café con leche y pincho de tortilla. Eso intuimos que tuvo que desayunar el histórico político riojano. Persistente en su mensaje sobre el Hospital de Calahorra, el buque insignia de sus quejas en el pleno. La receta perfecta para aguantar varias horas insistiendo en lo mismo.

Algunos políticos necesitaron un desayuno equilibrado, como Alfonso Domínguez. Para tomarse estar dentro del “club de los que están en la lista de peticiones de dimisión del PSOE” con humor, seguro que hay que meterse entre pecho y espalda un buen zumo de naranja con tostadas con mermelada.
Sin duda, los huevos fritos con chorizo fueron para Carlos Cuevas. Si Capellán no habla de temas nacionales es porque tiene al diputado de Autol para hacer las intervenciones que giran hacia Madrid. Un desayuno tan contundente como su discurso. Bilduetarras, independentistas radicales, supremacistas, comunistas nuevos y viejos, la Abogacía del Estado y los casos judiciales de la familia del ‘Número Uno’, como ha llamado al presidente del Gobierno. Sacaba todo el arsenal.
También duro el desayuno de Héctor Alacid con su discurso sobre inmigración. Que no vengan y, si vienen, «que les hagan la prueba del Carbono 14», le ha faltado decir. Ha arrancado fuerte el año el diputado de Vox.
Y entre unos y otros, a la presidenta del Parlamento, Marta Fernández, seguro que no le quedó otra opción que tomarse un té. “La Cámara no está para montar circos”. Palabra de presidenta.


