La Rioja

Arantxa Ezquerro, una ‘pradejonera’ que viste historias y ya presume de Goya

Hay quien define su identidad por la ciudad que aparece en su DNI. Otros, por el lugar en el que crecieron. Arantxa Ezquerro prefiere una descripción más poética: “Soy de la ribera del Ebro”. Nació en Zaragoza, pero sus raíces están en Pradejón, donde pasó buena parte de su infancia y adolescencia. Este pasado fin de semana, su nombre sonó en el escenario de los Premios Goya. Ezquerro subía a recoger el galardón al Mejor Diseño de Vestuario por ‘La Virgen Roja’, la película de Paula Ortiz que ha convertido a Hildegart Rodríguez en protagonista de la gran pantalla.

“Hubo un tiempo en que incluso fui a la guardería en Pradejón porque mi abuela estaba enferma y nos trasladamos a cuidarla”. Allí conserva amigas, recuerdos y un vínculo que no ha hecho más que fortalecerse con los años. “En Zaragoza soy riojana y aquí soy maña”, cuenta de su unión con la tierra.

No era la primera vez que su trabajo se reconocía en la gran fiesta del cine español: ya estuvo nominada en 2021 por ‘Las niñas’. Sin embargo, este año se ha alzado con la ansiada estatuilla, confirmando su talento y su capacidad para contar historias a través de la ropa.

El camino de Arantxa Ezquerro en el mundo del vestuario comenzó casi de manera natural. Estudió Realización de Televisión, Cine y Espectáculos, pero siempre se sintió más atraída por el lado artístico. Un amigo –hoy director de cine– fue quien la guió hacia su destino profesional: “Tú para vestuario y maquillaje”, le dijo con la seguridad de quien ve claro el talento en los demás.

Ezquerro se tomó la sugerencia en serio. Se especializó en moda de noche y pronto comenzó a trabajar. Primero en teatro, después en cine –en 2003 ya era jefa de diseño en una película– y también en publicidad y televisión. Más de dos décadas sin parar, todo un logro para un sector tan inestable como el cine.

Asegura que el diseño de vestuario es mucho más que coser. “Siempre me ha gustado coser, siempre me he hecho la ropa, pero esto es mucho más que eso”, explica. En un rodaje, el tiempo es un bien escaso y en apenas ocho semanas hay que diseñar, crear y adaptar los armarios de todos los personajes. Es imposible coserlo todo. “Mucho se alquila”, reconoce. Su labor es dar coherencia visual a la historia, convertir el vestuario en una extensión de la psicología de cada uno de los personajes. “Cuando leo el guion, voy poniendo colores según los sentimientos, el estado de ánimo”. Cada prenda es una pincelada en la gran composición emocional de la película.

La relación entre Arantxa Ezquerro y Paula Ortiz es larga. Han trabajado juntas en todas las películas de la directora aragonesa. En ‘La novia’ ya dieron muestras de su sintonía artística. El proyecto de ‘La Virgen Roja’ llevaba años gestándose. “Me habló Paula de esta película desde que estábamos grabando La novia, ha costado mucho hacer esta peli”.

En La Virgen Roja el vestuario es mucho más que un elemento decorativo: es parte del relato. Negro y rojo dominan la paleta de colores, enfrentándose al resto de tonos de la película. “Teníamos claro desde el principio que el rojo solo podía estar en tres escenas: el momento de la fiesta (que representaba la libertad, la política, el amor), en las sábanas (la sangre) y en el funeral con los lirios”. Cada detalle estaba medido. Cada prenda era un símbolo dentro de la historia de Hildegart Rodríguez, la joven prodigio convertida en un mito trágico.

Ezquerro llegó a la gala sin expectativas. “Este año estaba en tres de las grandes pelis que han sido protagonistas de los Goya: Destellos, La estrella azul y La Virgen Roja”. Había preparado el discurso. Tenía claro que no quería leerlo y reconoce que  “no me acuerdo del momento en el que dijeron mi nombre. Ahora, después de verlo en la tele, he visto que grité”, confiesa entre risas.

Pero lo tenía claro: el premio era del equipo. “Este trabajo es imposible sin un equipo y sin la familia, que son los que sufren las ausencias, las presiones y el mal gas de muchos días. Cuando trabajamos en nocturnas pasamos semanas desaparecidos de casa”.

El Goya ya está en sus manos, pero la maquinaria no se detiene. En el cine, como en la moda, el espectáculo debe continuar. Y ella trabaja ya intensamente en su próximo proyecto. «Estos dos días prácticamente no he podido atender a nadie porque he estado dos días sin parar de hacer pruebas».

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