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Bobadilla se sitúa al otro lado del miedo

FOTO: UD Logroñés

Carlos Lasheras lo tuvo claro este pasado verano. Surgió una oportunidad que el club debía aprovechar. Se daban todos los factores para traerlo de vuelta. Pese a estar en Segunda Federación, la UD Logroñés pudo solventar con éxito un fichaje que sin duda no era un nombre más. Regresaba a Las Gaunas uno de la casa, tras tres temporadas probando fortuna -con suerte dispar- en el Racing de Santander -ascenso y jugar de nuevo en Segunda- y el Ibiza -en donde no tuvo continuidad-.

Pablo Bobadilla y la UD Logroñés se volvieron a encontrar en el camino, y decidieron darse la mano. Y el director deportivo lo vio claro. A Pablo Bobadilla había que hacerle un contrato largo. A priori, el perfecto reemplazo de Iñaki cuando éste decida colgar las botas. Todo club precisa de futbolistas que comprendan la importancia y la relevancia de lo que está tratándose de construir, que sean además de un altavoz, tanto dentro como fuera del vestuario, una conexión directa entre el primer equipo y la grada, y que fomento el sentimiento de pertenencia, tan importante en un club creado en 2009. Es un futuro líder natural para superar los malos momentos, un capitán para festejar en las grandes noches. Por eso, Bobadilla es el jugador con el contrato más largo de la actual plantilla.

Ha firmado con el club de su tierra por tres temporadas. En la UD Logroñés se crió deportivamente, desde chaval hasta alcanzar el primer equipo, con el que llegó a jugar incluso en Segunda en un año complicado para la entidad, para Pablo Bobadilla y para la afición. Ejemplo de que sin, entonces, buenas instalaciones, el trabajo de cantera es importante, y de que un futbolista riojano puede llegar a jugar en la Liga de Fútbol Profesional con el equipo de su ciudad sin necesidad de tener que hacer las maletas como muchos padres parecen tener insertado en el pensamiento.

Bobadilla, en Ibaia, antes de su lesión.

El central de Nájera regresó el pasado domingo a Las Gaunas. No lo hacía desde el pasado 22 de septiembre. Se lesionaba ante el Gernika. Y una vuelta después, es decir, 17 partidos más tarde, sumando las tres semanas del parón navideño, el de Nájera jugaba precisamente ante el Gernika en Urbieta y este domingo lo hacía de nuevo en Las Gaunas contra el Izarra, en donde se erigió, sin duda alguna, en el verdadero protagonista del choque.

Hizo el primero, justo a tiempo para evitar que los nervios volvieran al terreno de juego y a la grada. Recuperó un balón en el centro del campo. Abrió a banda, y no dudó. Ahí estaba de nuevo el niño Bobadilla que en Nájera se iba al remate sin dudarlo porque marcaba la diferencia en todos los puestos en los que le pusieran sus entrenadores. Lanzado hasta el área pequeña, la pelota le llegó de Madrazo, y como un 9 puro, al primer toque, el central riojano hizo el primero, antes del descanso. El más complicado, el gol que necesitaba todo el equipo, el staff técnico, la dirección deportiva, el palco de Las Gaunas y la afición riojana.

No le pareció suficiente. Estaba de regreso, jugando en el jardín de su casa, disfrutando de nuevo del fútbol. Bobadilla, como la UD Logroñés, tras pasar ambos por Segunda, y vivir los mejores y los peores momentos que tiene este deporte, se ha situado en la cuarta categoría del fútbol español para sentirse de nuevo bien. Por eso, esta última lesión la ha tenido que superar también anímicamente. No esperaba estar tanto tiempo fuera del equipo. Pero ya está de vuelta, y este pasado domingo se sintió el jugador que quiere ser. Ese taconazo dentro del área rival, cuando a la mayoría en esta división se le apagan las luces, al de Nájera le salió el jugón que lleva dentro, con una asistencia a Lupu, que marcó a placer. El líder que asiste a un compañero también necesitado de mejores sensaciones. El 9 hizo el gol que siempre busca tras unas semanas de sequía. Bueno para el equipo.

Dejar el miedo a un lado, situarse al otro lado del miedo. En eso anda Pablo Bobadilla, y en eso debe trabajar la UD Logroñés para conseguir los objetivos que se ha marcado esta plantilla. «Me alegro por él, siente mucho el club, es muy buen chico y todos sabemos lo que hizo en su momento», recordaba este pasado domingo Sergio Rodríguez tras el partido jugado en Las Gaunas. «Llegó a jugar con el metatarsiano roto», la temporada de Segunda con la UD Logroñés, se refirió el ahora su técnico y entonces también su entrenador. Lo hizo porque no había otro. Fue el único dispuesto a ponerse de central aún poniendo en riesgo su futuro deportivo. Bobadilla lo hizo a pesar de todo. «Me alegro por él, va cogiendo sus minutos, la lesión le ha dejado mucho tiempo sin jugar. Va cogiendo sensaciones y eso le va a ayudar. No creo que sea su tarea la de hacer goles, pero siempre viene bien y además, de esa manera en que lo ha hecho, ha tenido esa personalidad para ir hacia adelante, tener fe y ha hecho gol. Contentos por él y por el resto de jugadores que han cogido minutos».

Bobadilla, junto a Lupu, trabajando para recuperarse de su lesión.

Bobadilla, con esa carrera para buscar el primer gol de la tarde, dejó a un lado todos sus miedos, se puso al otro lado del miedo, le miró a la cara y tomó una decisión arriesgada, que fue además la correcta. Y esto es lo que diferencia a los futbolistas de los buenos futbolistas. Cuando nadie parecía dispuesto a arriesgar, Bobadilla se atrevió a cambiar un partido para siempre. Porque el central de Nájera ha jugado poco durante estas dos últimas temporadas y media. Poco en el Racing de Segunda, menos en el Ibiza de Primera Federación, y cuando lo estaba haciendo en la UD Logroñés, llegó la indeseada lesión.

Es normal que surjan los miedos. La sensación de vacío por no saber si volverá a sentirse como antes. Pero como ya hiciera de niño, cuando regresó a casa tras una temporada en la Real Sociedad en la que no se encontró cómodo, Bobadilla ha regresado a casa para hacer precisamente lo que hizo este domingo, liderar un equipo necesitado de más atevimiento. Sin miedo ni recelos, con la libertad de expresarse como debe hacerse dentro de un terreno de juego. El miedo es una emoción que limita, pero también resulta vital para mantenerse con vida. El miedo paraliza, pero también es un precursor de la agitación que tanto necesita este equipo.

El miedo trata de proteger las necesidades básicas de cualquier individuo, y para el futbolista, el fútbol es una necesidad básica a la que conviene enfrentarse con una sonrisa. Y Bobadilla quiere ser futbolista en casa. Gol, asistencia, y correcciones a un lado y al otro. A Bonilla para que ocupe la zona para la salida de balón, a Monreal para que gane metros antes de que le diera la pelota, a Garrido para que se diera la vuelta, a Yasin para que adelantara su posición… Y conviene escuchar a los que juegan sin miedo.

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