TRIBUNA

Gol en Las Gaunas: ‘No celebrar un gol en el descuento’

Lupu Madrazo
Lupu y Madrazo en un entrenamiento. FOTO: Fernando Díaz

Sí o sí, un gol en el descuento, cuando el tiempo se desangraba, cuando la gente había dejado de creer, cuando el partido finalizaba… sí o sí, un gol en el descuento se celebra. Y esta gente tiene que estar hecha trizas o haberse creído que está mucho peor de lo que realmente está como para no celebrar ni tan siquiera un gol en el descuento, que además servía para elevar al menos un punto en el casillero y recortar distancias con el líder. Algo es algo en el desierto del ritmo trotón en el que se ha puesto este equipo durante los últimos tres compromisos de liga.

Y digo bien que cuanto menos se han tenido que creer que están peor de lo que están, lo que es del todo preocupante, porque de ahí a dejarse ir en lo que resta de temporada va tan solo un paso, que podría ser el de no ganar, por no competir en plenitud de condiciones, este próximo domingo en Las Gaunas. Porque cuesta creer que este equipo realmente esté tan hecho trizas como parece, después de que nadie celebrara dentro del terreno de juego el golazo en el descuento de Madrazo el pasado domingo en Urbieta. Incomprensible. Los goles en el descuento que sirven para sumar se deben celebrar. Siempre. A algo hay que aferrarse cuando pintan bastos. No le queda a otra a un grupo que debe defenderse como tal dentro del vestuario.

Así que debe ser más una sensación ficticia, nada real. Lo de no celebrar un gol. Como un gesto hacia la galería para dejar constancia del enfado por los pitos recibidos, o de hastío por no salirles las cosas como se trabajan y que sí salen durante los entrenamientos. Cuesta entenderlo de otra manera. Pero no es para tanto. Es fútbol. Una mala racha que un grupo de futbolistas debería ser capaz de resolver, apretando el culo, centrándose en ellos mismos, en cuidarse a uno mismo y a su compañero, a la espera de que el mal momento pase, lleguen las victorias, y al grada vuelva a estar con el equipo. Esto está más que inventado en el deporte. Y no es la primera vez que esto pasa por Las Gaunas, y ha habido equipos que han logrado salir con éxito de este círculo vicioso de malas sensaciones.

A pesar de que el club se ha encargado, carta mediante, de elevar a crisis total dos empates seguidos en Las Gaunas. La hipérbole en este club transita de la grada a los despachos y al revés -que es lo más preocupante- con suma facilidad tras un lustro de despropósitos deportivos. Quizás es la fase que hay que ir superando en la historia de este club. Que de los malos momentos, aunque ahora cueste verlo, también se sacan lecciones que se comprenderán cuando vuelvan los buenos resultados. Así que convendría ponerle algo de calma al asunto. Pero no hay manera. Aquí nadie parece estar en su sano juicio cuando se trata de hablar de fútbol. Existe como una especie de competición tonta de ver quién está más enfadado. Sucede como cuando los niños no saben gestionar sus emociones y pellizcan a sus progenitores de los nervios que les genera la pura felicidad o el total enfado. La afición está enfadad, el club está enfadado, los futbolistas están enfadados. Ahora conviene averiguar con quién y saber cómo resolver este enfado de todos con todos que solo conduce al fracaso, una vez más.

De ganar 0-4 en Zaragoza el pasado 12 de enero para un 2025 maravilloso en el que comenzaba la remontada… De competir contra tres equipos de la Liga de Fútbol Profesional en la Copa del Rey para disfrute del personal… De ganar con relativa sencillez los partidos de liga en Las Gaunas bajo la dirección de Sergio Rodríguez… De todo esto… a pinchar dos veces seguidas en Las Gaunas, recibir unos silbidos, pasar a no dar pie con bola y empatar in extremis ante el Gernika y no celebrar ni tan siquiera un gol en el descuento. La trituradora está de nuevo en funcionamiento. Así que convendría apagarla.

Porque no es normal. No es un normal que un equipo profesional se caiga tan fácilmente. No puede ser. No cuadra que jueguen a un ritmo tan sumamente lento. No casa que nadie sea capaz de tomar una decisión acertada dentro del terreno de juego cuando antes, más o menos, lo venían haciendo. Entrenan bien, a buen ritmo, pero compiten fatal cuando lo han venido haciendo más o menos bien durante toda la temporada. En tres partidos no se les ha podido olvidar jugar a esto del fútbol. Y sin embargo, ahora mismo, nadie parece ponerlo en duda, y por tanto resolver las dudas que se han instalado en un vestuario demasiado endeble, a tenor de lo que se está viendo estas tres últimas semanas.

Es el peligro de habituarse a la zona de confort, ese espacio en el que apetece acomodarse porque todo resulta más sencillo cuando vienen mal dadas. No se arriesga un pase. El miedo al error de tener que jugar hacia adelante, que es precisamente para lo que se entrena. Uno se siente bien en este espacio de pases fáciles y rutinas sencillas en modo automático cuando toca competir contra otro equipo. Esta plantilla parece haber dejado de pensar. De hacer cosas dentro del terreno de juego en positivo, para sencillamente jugar a fútbol de forma positiva. Todos hacen lo justo para cumplir con el expediente. De ahí los empates que no cesan. Que nos marcan, reaccionamos lo antes posible, pero mientras tanto seguimos con este modo contemplativo que a la UD Logroñés le está impidiendo pelear por el objetivo de ser primeros a final de temporada.

Caballero

FOTO: Fernando Díaz/ Riojapress.

Nadie asume riesgos, solo cuando no queda otra. Por eso vemos primeros tiempos baldíos, y segundas partes algo más movidas cuando el rival intenta hacer daño en el área contraria ante un rival que pintaba fiero pero que no lo parece tanto. De encajar gol, entonces sí, la UD Logroñés tiene ese punto extra que le permite empatar, que le permite no perder partidos, pero solo cuando no queda otra. Para nada hacerlo antes, como en Zaragoza, o como venía ocurriendo hasta no hace muchas semanas en Las Gaunas. Ganar desde el principio, y conservar la distancia hasta el final, al menos contra los equipos de la zona media y baja de la tabla. Porque este equipo puede, porque sabe hacerlo, pero para ello hay que romper esa zona de confort en la que se han instalado muchos de los jugadores, que o verdaderamente está atenazados por los pitos o han encontrado una excusa barata para no dar un paso adelante ahora que pintan bastos.

Los aficionados de la UD Logroñés pitan porque lo sienten, porque les horroriza un futuro de mediocridad. Están en su derecho. Deben exigir porque este club solo se entiende desde la exigencia, y quien no lo entienda así no puede formar parte de una camiseta que en Segunda Federación pesa de lo lindo. La cuata categoría del fútbol español es mortadela de la mala, y hay 5.000 aficionados dispuestos a sacarse un carnet antes de que el fútbol riojano llegue a la LFP, para estar ahí de forma más o menos presencial. La afición blanquirroja pelea contra la mediocridad, y es lo que le exigen a sus directivos y futbolistas. Porque así es el fútbol cuando se forma parte de una entidad con ánimo de hacer cosas importantes, a pesar de que casi siempre la pifia.

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