La Rioja celebra este miércoles Año Nuevo Chino, dando la bienvenida al año de la Serpiente de Madera, el 4723 en el calendario tradicional chino. En la región, donde residen 707 personas de esta nacionalidad (su presencia en La Rioja se ha multiplicado por diez en los últimos 25 años), esta festividad es un momento de encuentro y tradición, pero también una oportunidad para reflexionar sobre la evolución de una comunidad que ha crecido y se ha integrado en la región durante las últimas décadas.
Xue llegó a La Rioja hace quince años, cuando tenía solo catorce. Sus padres, como muchos otros migrantes chinos en los años 90 y 2000, buscaban un futuro mejor para su familia. El cambio fue un choque. “Venía de una ciudad grande y cuando me dijeron que Logroño era pequeña, no supe dimensionarlo”, recuerda. “Cuando pasábamos por Soria, veía cada pueblecito y pensaba: ‘que no pare aquí el coche, por favor’”.

Hoy, los hijos de Xue son la tercera generación de chinos que han echado raíces en La Rioja. Como muchos de sus compatriotas, ha adoptado un nombre español para facilitar la convivencia: en Logroño, todos la conocen como Nieves. «Es algo habitual, lo hacemos todos como una forma de integrarnos y para facilitar el conocimiento porque algunos nombres son muy complicados».
Raquel conoce bien la evolución de China porque ha viajado al país desde los años ochenta. Su primer contacto fue a través del tai chi, pero con los años se convirtió en un puente cultural entre ambos países. “Las cosas han cambiado mucho desde mis primeros viajes. La China que vi entonces no tiene nada que ver con la de ahora”. Ese desarrollo acelerado ha transformado también la perspectiva de muchos chinos en España. “Antes, los que veníamos aquí pensábamos en quedarnos. Ahora hay muchas oportunidades en China y muchos padres están enviando a sus hijos a estudiar allí”, comenta Xue.
Si hay algo que complica la integración de la comunidad china en La Rioja es el idioma. “Eso nos ha hecho ser un poco más cerrados”, reconoce Xue. “Además, somos muy vergonzosos. Si sabemos que no nos vamos a poder explicar bien, preferimos pedirle a un familiar que haga el trámite por nosotros”.

Corría 2008 cuando la crisis azotó con fuerza al sector en el que trabajaba el albedense Daniel García. Fue entonces cuando se dio cuenta de que en muchas áreas empresariales de La Rioja estaban dispuestos a contratar trabajadores que supiesen chino, por lo que se puso manos a la obra sin tener ningún conocimiento previo del idioma. «Recuerdo que me apunté a una academia y el primer año no aprendí nada, pero el idioma y la cultura me engancharon», recuerda. Cinco años después, ya con algo más de conocimiento, decidió irse a vivir a China y, para conseguir el visado, se matriculó en una universidad en la que poder conocer más a fondo el idioma.
Fue allí donde conoció a Yayun. Ella era profesora titulada por la Universidad de Pekín. Sólo dos años más tarde tuvo que regresar a La Rioja y Yayun decidió acompañarlo. El cambio no fue sencillo. “Venía de una ciudad de más de 33 millones de habitantes, cuando llegué a Madrid y pregunté si Logroño era, al menos, más grande, la gente se reía de mí”, recuerda entre risas.
Otro aspecto que llama la atención a quienes llegan de China es la diferencia en la disciplina. “Cuando llegué al instituto, no entendía cómo 20 personas podían montar tanto jaleo en una clase, cuando en China éramos más de 40 y no se oía ni una mosca”, explica Xue.
También las fiestas españolas resultan un choque cultural. “Nos gusta ese carácter festivo, pero sentimos que si nosotros nos divertimos estamos perdiendo el tiempo”, dice. La primera generación que llegó estaba acostumbrada a trabajar duro y no sabía disfrutar. Sin embargo, las nuevas generaciones comienzan a encontrar un equilibrio entre trabajo y ocio.
El espíritu emprendedor de la comunidad china
La necesidad de estabilidad llevó a muchos chinos en La Rioja a montar sus propios negocios. “Al principio, la gente tenía miedo de perder su trabajo, así que decidieron ser sus propios jefes”, explican. Hoy en día, los comercios chinos son parte del paisaje urbano riojano, con una fuerte presencia en sectores como la restauración y el comercio minorista. «Recuerdo que cuando llegué no había muchos chinos y la gente me miraba muy extrañada por la calle, ahora ya es otra historia».

A pesar de las diferencias culturales, los chinos que han echado raíces en La Rioja valoran muchos aspectos de la región. “Nos encanta el paisaje, el trato de la gente y, sobre todo, la comida”, afirma Xue. “Otros chinos que han venido a Europa alucinan con lo bien que se come en España”.
En este Año Nuevo Chino, las familias riojanas de origen chino han limpiado sus casas el día antes de la celebración y las decorarán de rojo. Pero el 10 de febrero no se podrán duchar ni barrer, para no llevarse la buena suerte. Para Xue, esta tradición es un recordatorio de sus raíces, pero también del camino recorrido. “Hace años, mi familia vino aquí buscando un futuro mejor. Hoy, La Rioja también es mi hogar”.
El pasado fin de semana fueron muchos los chinos logroñeses que adelantaron la festividad. Además, este fin de semana celebrarán la fiesta en las calles de Logroño con un desfile por el centro de la ciudad el próximo domingo.


