El sector porcino es uno de los pocos en la rama ganadera que goza de cierta estabilidad en cuanto a rentabilidad se refiere. Sin embargo, los posibles aranceles que se espera que China imponga a la carne de cerdo española mantienen en jaque a sus productores. El motivo principal que llevaría al país asiático a tomar esta decisión son los impuestos que la Unión Europea, tal como anunció el año pasado, ha decidido aplicar a los coches eléctricos chinos, por lo que no es de extrañar que haya una respuesta por su parte. La dimensión de esta ya es otra incógnita. Actualmente las autoridades chinas investigan a dos salas de despiece españolas, aunque todavía se desconoce el resultado de estos análisis.
«Lo que preocupa es la imagen que esto da a nuestro producto, pero confiamos en que el trabajo que se hace en estos mataderos es el adecuado. Cuando China empezó a comprar carne de cerdo española ya hizo sus análisis no solo a mataderos, sino también a las granjas donde se criaban esos cerdos que suministraban a las salas de despiece. Las exigencias de China siempre han sido muy altas y España ha cumplido con los estándares que pedían, por lo que el grado de satisfacción del país asiático siempre ha sido óptimo. Al final estas investigaciones no es porque lo hagamos mal, sino por una cuestión geopolítica a nivel mundial. Lo que no sabemos aún es si ese arancel que le ha impuesto Europa a China pesa tanto como para que España (y otros países que le venden su carne) quede grabada con aranceles para la carne de porcino y que no nos compense llevar género a China. Esperemos que no, pero todo está en el aire», señala el responsable estatal de porcino de COAG, Jaume Bernis.
El país asiático es uno de los principales compradores de carne cerdo. Antes lo era más, llegando incluso a quedarse en torno al 44 por ciento del porcino que se exportaba de España en el momento de mayor virulencia de la peste porcina africana. Esas cifras han caído en los últimos años y, según la Organización Interprofesional Agroalimentaria del Porcino de Capa Blanca (Interporc), en 2023 España exportó a China más de 560.000 toneladas de productos de cerdo por valor de 1.223 millones de euros, lo que convirtió al país asiático en el destino del 20,33 por ciento de las ventas exteriores de porcino.
Pese a ello, China sigue siendo el principal país importador del cerdo español, y lo que es más importante, también se queda con la casquería del animal. «Esto es algo que nos preocupa porque al final es un mercado que absorbe muchas partes del cerdo que otros países no quieren. También es cierto que el porcino español tiene más de cien mercados abiertos y parte de lo que se ha perdido en China se ha recuperado con otros como Jaçon, Corea o Filipinas», añade Bernis.

Foto: Leire Díez
Desde la Granja Alvima Porcino, Alfredo Villar teme una bajada en el precio de su producto de establecerse estos aranceles, con la amenaza de otros países competidores como Brasil, al que China no le ha puesto aranceles y ya está introduciendo mucha carne.
«Es cierto que China ahora compra menos carne que lo que hacía antes, pero la casquería sigue liderando las compras. Lo que antes en España fue un producto que costaba dinero deshacerse de él, ahora se saca un beneficio y, además, alto. Por ejemplo, el pellejo del cerdo comentan que se vende casi al mismo precio que el jamón en fresco. Si el kilo de jamón ronda los 2,50 euros, el pellejo está a 1,90 euros cuando antes era algo que se tiraba. Hace cosa de unos cinco años que de toda la casquería se saca dinero», apunta.
Villar lleva desde 1975 con la explotación que fundó su padre, aunque fue a principio de los 90 cuando construyeron la granja de madres para tener el ciclo completo. A partir de ahí fueron aumentando tanto en número de madres como de cebo hasta las 1.200 madres que gestionan a día de hoy. Un modelo de negocio que nada tiene que ver con esas pocas pero muy grandes empresas cárnicas que gestionan la mayor parte del mercado a nivel nacional y europeo y que dependen en gran parte de la exportación. «Mientras ellas estén ganando dinero nos dejarán vivir a los ganaderos como yo, pero en el momento en el que se tuerza el negocio, a nosotros también nos va a ir mal. Esas empresas también son ganaderos, pero producen muchísimo y poco a poco vamos quedando menos pequeñas porque el sector cada vez está más industrializado. O te pones a trabajar en integración para ellas o desapareces si no tienes la oportunidad de vender».
La estabilidad económica en el porcino, apunta Villar, se debe principalmente a unas enfermedades que desde hace varios años están atacando al porcino. «Son diferentes coronavirus cuyas cepas se denominan ‘Rosalía’ o ‘Bisbal’ y que están más presentes en las zonas donde hay más ganado, como es Aragón, porque pasan de granja en granja muy fácilmente. Aquella granja en la que entra el virus puede perder hasta la mitad de sus animales y ya no funciona igual. Por suerte, aquí en La Rioja somos pocos ganaderos y estamos muy separados de las grandes aglomeraciones de porcino, por lo que no nos afectan y, además, nos beneficiamos de esa pérdida de producción porque los precios suben». A ello se suma también la bajada del precio en los cereales, por lo que los costes para alimentar a los animales también son menores.

Vicente Gallarta, ganadero en Uruñuela y responsable de la rama de porcino en ARAG-ASAJA, coincide con Villar en las «consecuencias nefastas» que conllevarían esos aranceles por parte de China. «Exportamos muchísima carne a este país, por lo que nos repercutiría en el precio y en la rentabilidad de las explotaciones, lo que implica la pérdida de calidad de los productos para todos, tanto para los chinos como para los europeos. Al final si nuestras explotaciones dejan de ser rentables, tendremos que importar el producto de otros países que no tiene nuestros estándares de calidad, ni ambiental, ni de bienestar animal. No estamos en contra de la globalización, pero tendremos que competir en las mismas condiciones», remarca.
Ante un nuevo paso del gigante asiático, los ganaderos aguardan «con la mosca detrás de la oreja» y es que cualquier decisión que afecte al equilibrio del mercado va a repercutir negativamente e las explotaciones, ya sean acuerdos comerciales como este o enfermedades. «La peste porcina africana, por ejemplo, que ya está en Europa y, siendo España un país tan exportador, si cierran fronteras va a ser la ruina para nosortos. Con la Guerra de Ucrania el sector lo pasó muy mal, con muchas granjas que estuvieron a punto de cerrar porque perdieron mucho dinero, y ahora que estábamos saneando económicamente un poco las explotaciones parece que ahora tenemos una nueva amenaza» lamenta.
Gallarta incide en el papel que tiene ahora la Unión Europea: «Sólo nos queda confiar en ella, en que luche por nosotros y llegue a un acuerdo con China, pero que a nosotros nos deje al margen porque no tenemos nada que ver con eso. Cualquier arancel que apliquen será malo para nosotros porque nos tienen de moneda de cambio en los acuerdos comerciales. Lo que tienen que hacer es luchar para defender nuestros intereses, los del sector primario, y que no nos afecten esos acuerdos comerciales, ya sea con China u otros países, como ha ocurrido con Mercosur».


