Sucesos

La víctima del crimen machista de Logroño alertó a Servicios Sociales diez días antes de su asesinato

La víctima del crimen machista de Logroño alertó a Servicios Sociales diez días antes de su asesinato: «Cualquier día aparezco muerta»

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.

«Que le alojen donde sea, pero que la alojen». Es la advertencia urgente que realizó una de las trabajadoras sociales que atendió a Carmen, la víctima del último crimen machista en La Rioja, tan solo diez días antes del brutal asesinato -junto a otro hombre- en una oficina bancaria abandonada en la calle San Millán de Logroño.

Así lo avanza El Día de La Rioja en su edición de este lunes, en una información que recoge el contenido de los informes de seguimiento elaborados por las trabajadoras sociales que asistieron a Carmen en sus últimos días de vida. En ellos, la propia víctima advierte de que «cualquier día aparezco muerta», dada la tormentosa relación con uno de los tres detenidos (el residente en Oyón) por el conocido como crimen del cajero, que la había alojado en una casa de su propiedad después de que el 20 de septiembre la expulsaran del albergue municipal durante un mes.

A tenor de la información avanzada por El Día de La Rioja, que también se basa en fuentes próximas a la investigación, el detenido en Oyón fue el principal agresor en un crimen que estuvo motivado «por los celos» de este hombre (de 40 años, 23 de los cuales los había pasado en la cárcel) hacia la víctima, a la que alojó en una vivienda de la calle Beatos Mena y Navarrete con una única condición: que rompiera el contacto con su anterior pareja.

Así se lo explicó la propia víctima, visiblemente deprimida, a la trabajadora social que la atendió el 3 de octubre. Dos días después, Carmen se escapa del piso de Mena y Navarrete, a cuyo propietario percibía como «peligroso» y la obligaba a estar con él. En el informe del 8 de octubre, la víctima del crimen machista relata una situación desesperada, después de intentar contactar -sin éxito- con familiares y conocidos. Explica que nadie quiere estar con ella por miedo al hombre que posteriormente detendrían en Oyón y asegura que «cualquier día aparezco muerta».

Ante esta afirmación, la trabajadora social contactó con el albergue para tratar de que le levantaran la sanción de un mes y alertó a la Policía para que tratasen de localizar a Carmen y sacarla de la calle. En cambio, nadie sabe dónde está y tanto Servicios Sociales como la Policía sospechan que ha intentado huir de Logroño por el miedo a quien acabaría matándola en la calle San Millán.

Fernando y Carmen

Junto al cuerpo calcinado de Carmen, los bomberos encontraron el de Fernando, un amigo de la víctima, a la que acompañaba desde que la expulsaron del albergue municipal. Y, según concluye la Policía, fue este hombre el primer objetivo de la ira del asesino, alimentada por los celos. Al detenido en Oyón le contaron que habían visto a Carmen y Fernando abrazados por la calle y eso alimentó sus celos. Los atestados recogen cómo, después, el presunto autor del crimen machista buscó a Fernando y ambos se pelearon, teniendo que acudir el amigo de Carmen a Urgencias con heridas en la cabeza.

El siguiente encontronazo entre Fernando y el asesino tuvo lugar la fatídica noche del 17 de octubre. Las cámaras de seguridad -tal y como avanza la información de El Día de La Rioja– captaron al detenido en Oyón y a Fernando caminando juntos hacia la oficina bancaria abandonada de la calle San Millán. Allí estaban ya Carmen y los otros dos detenidos por el conocido como crimen del cajero, que en un momento dado se asustaron por los gritos que procedían del fondo del local.

Cuando acudieron a ver qué pasaba -explican los otros dos acusados- vieron cómo el hombre detenido en Oyón golpeaba de forma insistente a Fernando con una vara para, después, atacar de forma compulsiva a Carmen y Fernando con dos dos cuchillos -uno en cada mano- que arrojó después al contenedor de basura ubicado frente a la oficina bancaria.

Después del ataque a cuchilladas, el asesino prendió fuego a la oficina -utilizando acelerantes para ello- y se marchó junto a los otros dos detenidos hasta el piso de Beatos Mena y Navarrete, donde escondieron la ropa manchada de sangre y el bidón de acelerante que encontró después la Policía.

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