Miguel Aranguren (Madrid, 1970) presentó este sábado en el Hotel Ciudad de Calahorra, su última obra: ‘Toros para antitaurinos’ (Homo Legens). Aranguren no estuvo solo; el diestro riojano Diego Urdiales, prologuista de este libro, acompañó al escritor madrileño para hablar de toros, de libertades, de censuras y, en definitiva, de lo humano y lo divino.
No en vano, Aranguren, que echó los dientes viendo toros en Las Ventas, es una persona de profundas creencias religiosas que se define a sí mismo como hombre de bien, respetuoso con todos, amante de la naturaleza, de cultura media, sensible al dolor ajeno, feliz esposo, padre de familia numerosa y permanente pagador de impuestos.
Aranguren, en verdad, es un artista multidisciplinar: literato de excelsas formas y léxico de exquisita y muy abundante riqueza, los trazos de sus rotuladores y pinceles jalonan con dos centenares de dibujos esta obra de casi 800 páginas que vienen a compendiar la historia, los valores, la tradición, la plasticidad, la belleza y el tesoro cultural que encierra la tauromaquia. ‘Toros para antitaurinos’, un Cossío adaptado a estos tiempos actuales de redes sociales, inteligencias artificiales y ataques de extrema virulencia hacia la Fiesta por quienes tienen como deber su defensa.
– Miguel, ¿qué es ‘Toros para antitaurinos’?
– ‘Toros para antitaurinos’ es una forma de devolverle a la Fiesta todas las emociones que me ha transmitido a lo largo de los años y también la manera que he encontrado de poder explicar lo que es la tauromaquia; algo que despierta tantas pasiones a favor y en contra necesita una mayor labor didáctica y la necesidad contar con un lenguaje de hoy y de forma sencilla lo que verdaderamente es para que cada lector, desde el respeto, decida si aficionarse a los toros o no.
– Es obvio que actualmente existe un fuerte movimiento antitaurino: ¿qué persiguen los que son contrarios a nuestra fiesta de los toros?
– El antitaurinismo forma parte de una serie de ideologías impuestas que el individuo no escoge libremente, si no que le vienen atribuidas por grupos de presión casi siempre políticos. Esas ideas, en el fondo, persiguen la deshumanización del propio ser humano, confundiéndole en realidades palmarias, negando algo tan evidente como que la creación está al servicio del hombre y afirmando, por el contrario, que la creación somete al hombre.
Es una ideología que pretende personalizar a los animales, dándoles una entidad que la naturaleza no les ha brindado y, a la vez, otorgándoles el mismo rango que tienen los seres humanos. Los animales han sido y siguen estando asociados al hombre para el progreso este, pero ahora la ley del bienestar animal dice que sólo un veterinario te puede dar permiso para sacrificar a un perro enfermo cuando en la propia naturaleza ese animal no duraría más de dos minutos.

Miguel Aranguren, autor del libro ‘Toros para Antitaurinos.’
– ¿Puede que el antitaurinismo se vea hoy reforzado por los caminos que ha elegido la sociedad actual, tan contrarios a los valores que entraña el toreo?
– Claro. La sociedad actual está teledirigida. Dedicamos muy poco tiempo a la reflexión y mucho tiempo a un ocio audiovisual inmediato que impide que elaboremos pensamientos propios. La tauromaquia está llena de valores al igual que otras actividades humanísticas, pero, sin la reflexión necesaria, todas esas virtudes le pasan desapercibidas al ciudadano medio sin que le produzcan admiración porque es incapaz de verlas.
– ¿Este movimiento antitaurino se ha extrapolado a otros ámbitos de nuestro día a día sin que la sociedad sea consciente de ello?
– Por supuesto. Ese es el objetivo de la ideología ‘woke’. Los gobiernos actuales están llegando a legislar elementos tan privados, íntimos y sagrados del ser humano como la sexualidad. ¿Quién es un gobernante para denunciar mi forma de pensar? El Estado está inmerso en decirnos lo que podemos o no pensar, cuando se debería ocupar del bienestar del conjunto de la sociedad y de que la gente que sufre por enfermedad o pobreza esté bien atendida.
Pero voy más allá; nuestros políticos actuales vienen a afirmar que todos nuestros antepasados han estado equivocados en la visión del hombre y que ellos han descubierto el maná ideológico. Creo que esta actitud es la más soberbia de la historia de la humanidad.
– Se dice que el mayor antitaurino está dentro de la propia Fiesta ¿está de acuerdo?
– Dentro de la tauromaquia actual hay elementos muy preocupantes. Nunca las carreras de las figuras del toreo han sido tan duraderas en el tiempo como lo son en la actualidad. Los empresarios son incapaces de ver que sin relevo el espectáculo se termina y los mismos carteles de hace quince años se repiten hoy en día.
Hasta los propios toreros pecan de egoísmo, preocupándose única y exclusivamente de su carrera, impidiendo que los carteles se abran a nuevos toreros. Nunca había sucedido que las plazas de tercera ofrezcan los mismos carteles que se dan en Madrid. Por el contrario, ha surgido un movimiento juvenil contrario a estas prácticas que es imparable y que muy pronto dará sus frutos revolucionando para bien estos aspectos del toreo.
– Su libro lleva la firma de Diego Urdiales en el prólogo.
– Siempre digo que el prólogo es lo mejor del libro. Porque no sólo lo escribe un profesional, si no que también lo escribe un torero de toreros, cualidad exclusiva para unos pocos elegidos, y alguien muy interesante porque ha decido ir por libre y ha pagado ese precio, asumiendo la prevalencia de su dignidad frente a los problemas que antes comentaba. Diego Urdiales es también un grandísimo aficionado, siempre está preguntándose acerca del misterio del toreo y dedica mucho tiempo a matices a priori irrelevantes, pero que luego se traducen en el toreo hondo, puro y profundo que le caracteriza.

FOTO: Plaza de Las Ventas.
– ¿Se escribe hoy bien de toros?
– Se escribe poco de toros. Es más, desde la desaparición de gran parte de la prensa en papel, las crónicas se han convertido en simples envíos de información, cuando la crítica taurina ha sido y es un género literario de primer orden que ha dado cabida a plumas extraordinarias que han pasado a la historia de la literatura. En cuanto a la narrativa taurina, es muy poca la que hay y la que se ha escrito, salvo muy honrosas excepciones, cae en tópicos muy habituales.
– Su libro rescata una crónica taurina de Alejandro Dumas, autor, entre otros, de ‘Los tres mosqueteros’. ¿Cree que los toreros necesitan de escritores capaces de convertirles en los héroes que son?
– Por supuesto, pero para eso los literatos tienen que ir a los toros y es ahí donde los aficionados tenemos la responsabilidad de revelar a quienes muestren inquietudes intelectuales con una visión torcida o retorcida de la Fiesta que somos personas sensibles, de fácil emoción, con una finura de piel extraordinaria para descubrir la belleza y que jamás vemos al toro como un elemento sobre el que deba caer la violencia o el más recóndito instinto sádico.
– ¿Qué futuro le augura a la Fiesta?
– Extraordinario. Principalmente, porque es un espectáculo que se resiste a la evolución. La autenticidad de la Fiesta es que sus principios y su liturgia es la que es y sería un error virar esas raíces por otro modelo de fiesta taurina más amable.


