El amanecer llega helado para quienes trabajan al aire libre en los días más fríos del invierno. En el campo son muchos los que se encaran estos días de tú a tú con las bajas temperaturas, pero también en la ciudad. Mientras muchos disfrutan aún del calor de sus hogares, hay quienes llevan ya horas enfrentándose a temperaturas bajo cero. Con las manos congeladas, son muchos los que buscan su propia estrategia para desafiar el frío, pero todos coinciden en lo mismo: las primeras horas de la mañana son las peores. Entre capas de ropa, cafés calientes y algún que otro caldito, intentan aliviar las jornadas más duras. El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo recuerda que por debajo de los cinco grados se debe considerar que ya hay cierto riesgo.

Las calles de la zona del Revellín todavía están semidesiertas cuando Mohamed lleva ya varias horas en el tajo. Mientras intenta dejar impoluta una de las alcantarillas de la zona, el frío se cuela incluso a través de las capas de ropa que lo envuelven. «Por mucho que te muevas, no se quita». Mohamed, que prefiere las altas temperaturas al frío intenso, cuenta que no hay límite para abrigarse: gorro, guantes, camisetas térmicas, cualquier cosa que le permita soportar las heladas. «El problema es que llega un punto en el que casi no puedes moverte», explica, mientras muestra las grietas en sus manos castigadas por las inclemencias del invierno. Aunque se esmera en su trabajo, admite que las primeras horas de la mañana son un desafío constante. Incluso el lugar influye: «Esta zona está más despejada, pero si te toca una calle más protegida del viento, se sobrelleva un poco mejor».

En la Plaza San Agustín, Álvaro y Wesley trabajan en la reforma de uno edificio de los edificios del centro de Logroño. A pesar de que las heladas «ya no son tan intensas como en otros tiempos», las temperaturas por debajo de cero no perdonan a quienes tienen que empezar la jornada al aire libre. «A primera hora no hay quien aguante estos días», comenta Álvaro, mientras ajusta sus guantes y su abrigo antes de volver al andamio. Ambos se han preparado bien para combatir el frío, enfundándose en varias capas de ropa que les permitan soportar el trabajo en la obra.
Aún así, confiesan que prefieren estas temperaturas al calor extremo: «Cuando hay más de cuarenta grados sí que no hay forma de quitárselo de encima». Su solución para aguantar las bajas temperaturas es sencilla pero efectiva: un café caliente o un caldito que les devuelva la energía y les permita continuar. «Esto nos pasa por no estudiar», bromea Álvaro antes de retomar el trabajo. Esperan con ansias la primera parada de la mañana, («que ya toca»). Refugiarse por unos minutos en un bar de la zona para entrar en calor es su mejor opción.

Oleg está acostumbrado al frío. Es ruso y además trabaja en un camión de reparto frigorífico. «Es verdad que estos días se nota más pero yo lo paso fatal con el calor, a veces es insoportable». A pocos metros, Mohamed reparte paquetes en una furgoneta de Amazon. Para él, lo peor del frío son los cambios bruscos de temperatura al entrar en lugares con calefacción y volver a la calle. “No hay forma de no pillar un buen catarro con estos contrastes”, dice mientras ajusta las capas de ropa que lleva encima.

Para Conchi, controladora de la ORA, el invierno supone un desafío especial. Mientras recorre las calles revisando vehículos, se enfrenta no solo al frío, sino también a las limitaciones de su trabajo. “Yo llevo mejor el frío que el calor, pero conozco a compañeros que lo pasan fatal”. Su estrategia para soportar las bajas temperaturas es clara: “Hay que vestirse como una cebolla, llena de capas”. Lleva polar, dos térmicas, un buen jersey, calcetines con pelillo… «hasta pulgueros debajo de los pantalones».
Sin embargo, ni siquiera eso es suficiente cuando el trabajo implica usar las manos al descubierto. “Las PDAs, por muy modernas que sean, no funcionan con guantes así que tienes que quitártelos constantemente o ponerte de estos que no te tapan los dedos”, explica. «Hay días que duelen del frío». Las primeras horas de la mañana, cuando las temperaturas son más bajas, son las más duras, aunque tampoco son fáciles las últimas de la tarde, cuando la temperatura vuelve a desplomarse.
A pesar de todo, Conchi mantiene el ánimo mientras recorre las calles, siempre buscando la forma de hacer su trabajo con profesionalidad. «Buscas un poquito el sol y te pones ahí como una lagartija».


