Agricultura

La Tahúlla Bio, hortalizas ecológicas a orillas del Ebro

José Ángel Abad, responsable de La Tahúlla Bio

El término municipal de Alfaro es el de mayor extensión de La Rioja, con 193,3 kilómetros cuadrados, y a su vez lidera las cifras de cultivos en ecológico en la región en cuanto a superficie se refiere (1.112,22 hectáreas). Aunque el viñedo, el almendro y los olivos son las principales plantaciones bajo este sistema, la horticultura poco a poco se ha hecho un hueco en la zona demostrando el potencial productivo y de calidad que tienen estos suelos.

Es con esta premisa con la que nació en esta localidad hace ocho años La Tahúlla Bio, una empresa dedicada a la producción y comercialización de alimentos ecológicos frescos con el objetivo de acercar este género lo antes posible al consumidor, y qué mejor zona que hacerlo desde la ribera del Ebro. Su responsable es José Ángel Abad, natural de Grávalos, y quien desde el principio tenía claro que lo ecológico no era una opción, sino un propósito.

«Cuando comenzamos nos dedicábamos solo a la distribución, alquilando las primeras parcelas para cultivar, pero poco a poco la cosa fue creciendo. Ya tenemos cuatro hectáreas propias en Alfaro, pero trabajamos también con otros agricultores de la zona de Navarra, principalmente, así como de otros puntos de La Rioja y Aragón y que no solo se dedican a la horticultura, sino que también tienen frutales cuyo fruto luego comercializamos. Sin embargo, las cifras que representan la agricultura ecológica, y más en concreto la huerta ecológica, todavía siguen siendo muy minoritarias frente a la agricultura convencional», reconoce.

Este proyecto se identifica con la preservación de la cultura agrícola tradicional de los pueblos, con sus pequeños agricultores y con el respeto al medio ambiente como bases, por lo que su nombre debía reflejar este concepto. «La tahúlla es una medida agraria que data del año 714, por lo que se remonta a la época árabe, y que se usa aún en zonas de Murcia y Almería. Equivale a 1.118 metros cuadrados de terreno en regadío y se dice que esta es la superficie de cultivo que antaño necesitaba una familia para alimentarse durante todo un año», explica Abad. Una medida que eligieron para dar nombre a su empresa precisamente por el concepto que representa.

«Siempre hemos querido asemejarnos a ese pequeño agricultor, potenciando su figura y representándolo. Huimos de los grandes latifundios y defendemos un mejor tratamiento de los suelos y la biodiversidad y por ello también animamos a los productores a dar el salto a lo ecológico. Programamos un cultivo con ellos y les asesoramos en qué cultivar y cuánta cantidad, porque todo va en función de lo que consideramos que se va a vender. Si ellos deciden dar el paso, nosotros nos comprometemos a comercializarlos. Lo que haga falta para aumentar la superficie cultivada en ecológico y hacer llegar alimentos saludables a la mayor cantidad de gente posible, recuperando variedades y sabores de antes».

Los cultivos de invierno y primavera son los que más ocupan el portfolio de esta empresa. Apio, acelga, perejil, lechuga batabia y de hoja de roble, cogollo de tudela, pak choi (col asiática), col cale, liza y lombarda, brocoli, coliflor, hinojo y patata. Todo esto nace en tierras alfareñas. «Nos salimos del cultivo de la verdura de verano porque hay peor venta y precios, pero mantenemos la distribución, como es el caso del tomate y la verdura de fruto».

Las algo más de 150.000 unidades de venta al año que mantiene de media La Tahúlla se comercializan mayormente en mercados mayoristas y mercados en fresco, mientras que en los inicios del proyecto se enfocaban más en las ventas en tiendas. Los productos elaborados que antes también ocupaban un espacio importante, como mieles, zumos o conservas vegetales, ahora ya son historia. «Nuestros canales de venta principales son Merca Madrid, Merca Barna y la exportación. Aunque la idea es ir aumentando la superficie cultivada progresivamente, ante todo primamos el equilibrio entre la mano de obra y la superficie, así como con la demanda. No plantamos nada a ojo, sino que todo cuenta con una planificación previa de su venta, así que todo lo que producimos se vende bien, aunque si hay que hablar de cantidad, tal vez la lechuga y el apio es lo que más», refleja el responsable de la empresa.

Eso sí, un problema clave al que se enfrenta la agricultura ecológica es el control de las hierbas. Ante la imposibilidad de usar productos sistémicos para controlar las plagas, la mano de obra para actuar de mano preventiva es imprescindible. «Pero esta también escasea, así que optamos por plásticos biodegradables para cubrir el suelo y que, al menos en el entorno de la planta, reducen la aparición de hierba en el entorno de su raíz. Todo se riega por goteo para que el agua se mantenga debajo de este plástico y no salga a las calles, pero también lo minimizamos en aquellas zonas donde no hay plantas y que así salga menos hierba», explica Abad.

Ventas aseguradas, aunque con unos precios que varían. El responsable de La Tahúlla reconoce que lo ecológico suele ser más caro que lo convencional por los mayores costes que conlleva, pero mientras que antes la diferencia era más notable, ahora no siempre es así: «Por poner un ejemplo, lo habitual es que una lechuga convencional en campo se pague hasta 30 céntimos la unidad, mientras que una lechuga ecológica llegue a los 60 céntimos, precio en origen. Pero lo cierto es que la verdura convencional ha subido mucho y como su demanda es brutal se puede dar la situación de que haya escasez de producto y eso provoque incluso que el precio de lo convencional supere al de ecológico».

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