Pozas revienta en cada partido del Athletic en San Mamés. El estadio ha girado unos grados sobre sí mismo pero sigue manteniendo ese espíritu añejo que dota al pote previo al partido del Athletic en directo del delicioso regusto de lo auténtico. Y sabes a dónde ir para encontrarte con Patxi, que frecuenta siempre el mismo bar antes de que jueguen los rojiblancos. Es fácil saber dónde paran Iñaki o Nekane. Son décadas de relación con el fútbol. Las cuadrillas visitan siempre los mismos garitos. Juega el Athletic, y el plan está hecho sin necesidad de darle muchas vueltas. Son muchos partidos, muchas quedadas.
Lugares comunes. Pinchos de tortillas, bocatas, vinos, zuritos, cañones de cerveza… van y vienen por encima de las cabezas de unos aficionados que sacan la cartera sin temor, por el mero hecho de que juega su equipo. Lo hace el Athletic en San Mamés. Poco importa la hora, el clima o el rival. La feliz rutina de un día de partido. Juega el Athletic y la ciudad se moviliza en términos deportivos y sociales para dejarse llevar y de paso llevar en volandas a su equipo.
A veces cuesta no ser del Athletic, o de la Real Sociedad… o de alguno de estos equipos importantes. Se llama envidia, claro. Envidia a ese desempeño deportivo constante que les sitúa en primera línea. Y Logroño estuvo ahí el siglo pasado, sin advertir de la importancia estratégica que esto podía haber tenido en su momento para el fortalecimiento de una región en construcción en términos políticos, económicos, sociales e identitarios. Cuesta no ser de estos clubes por sus éxitos deportivos, pero también por la gestión de sus fracasos, por ver, desde la distancia, cómo viven las derrotas y los triunfos, porque son del equipo de su ciudad.

Padre e hijo, en dirección hacia Las Gaunas. FOTO: Riojapress.
Envidia al reconocimiento y a su empeño para que el fútbol sea en rojo y blanco en Bilbao, y azul y blanco en San Sebastián. En ambos lugares, como en Vitoria o en Pamplona, o en Burgos, en Soria, en Miranda, en Santander… este deporte es un elemento social de carácter local y regional que une a unos ciudadanos en la consecución de unos objetivos. Salvo en Logroño, nos dicen. Por eso, en San Mamés se celebra cada partido. Llegan a San Mamés desde todos los rincones de la provincia, vestidos de arriba hasta abajo con los colores de su equipo.
Y hubo una vez en el que les ganamos. Fue el 11 de marzo de 1987. A los ojos de un niño de siete años, aquello parecía normal. Quizás, a lo sumo, un buen día por Las Gaunas. Marcó en el minuto 31 Noly. Nada pudo hacer Biurrun. Una década después, en 1997, Las Gaunas no estaba llena para recibir en una agradable tarde de primavera al conjunto vasco. Lo habitual se normalizó y acabó en desastre. Resulta que aquel CD Logroñés prácticamente no le ganaba a nadie, y la afición media al fútbol riojano dejó de empujar. 1-4. Y comenzó a vivirse con normalidad el principio del fin. Jamás se volvió a repetir lo que por aquel entonces parecía un derecho adquirido, como todos aquellos corteos por República Argentina, por ejemplo. Y así seguimos, dicen los que no van al fútbol. Fue un hasta nunca sin previo aviso.

Aficionados riojanos esperando al autobús de la UD Logroñés en República Argentina la pasada primavera. FOTO: Riojapress.
Bilbao, San Sebastián, Santander, Burgos… personalidades futbolísticas propias con proyectos deportivos a buen recaudo, por los que, por ejemplo, Bilbao, en cada partido de su equipo, se convierte en una pequeña fiesta local a la que se pueden sumar aquellos que sienten el fútbol como movimiento social primordial: los de siempre, los veteranos, los nuevos, los niños… Generación tras generación cultivando la impronta que deja una profunda huella, enterrada en tierras riojanas durante las dos últimas décadas. O eso nos dicen por aquí los que no van al estadio.

Aficionados de la UD Logroñés en Las Gaunas. FOTO: Riojapress.
A la UD Logroñés le acaba de tocar en suerte el mejor rival posible para ir recuperando la cultura futbolística que en La Rioja se apartó hace más de dos décadas, según nos cuentan. A pesar de haber tenido días reseñables para ir entrenando, como contra el Hércules, el Sevilla Atlético, el Castellón, el Valencia, el Cádiz, la Real Sociedad, o recientemente contra el Marbella. La Rioja volverá a pensar en fútbol al menos durante la jornada en la que miles de vascos y riojanos convivirán de nuevo, muchas décadas después, por las calles de Logroño por un partido de fútbol en el que el resultado parece lo más evidente y por tanto lo menos importante. Tal y como sucedió hace dos años, cuando la Real Sociedad jugó en Las Gaunas por primera vez, o con la fanzone, cuando se midió al Villarreal B. Llenazo en el estadio con miles de donostiarras siguiendo desde Logroño un partido de resultado predecible que no daba título alguno, salvo el del reencuentro entre dos ciudades unidas, años después, por este deporte.

Entonces, la ciudad de siempre se transformó por unas horas. Se puso a pensar únicamente en el partido de después, en la jornada de convivencia, en la reivindicación de que en términos futbolísticos La Rioja, pese a todo, Logroño y la UD Logroñés siguen teniendo una impronta reconocible, una identidad propia que le permite presentarse en buenas condiciones hacia el exterior. Al menos, por un día, los riojanos ajenos al fútbol volverán a sentirse orgulloso del este equipo de fútbol.

Fanzone blanquirroja para ver el Villarreal B-UD Logroñés.
Aunque cueste creerlo, por culpa de los años de ausencia en el fútbol profesional -salvo en la pandemia con la UD Logroñés en Segunda División-, Logroño sigue siendo una plaza apetecible para recuperar eso del fútbol y los tragos, de los pinchos y el balompié, de la buena mesa y el gol en Las Gaunas. El estadio riojano continúa teniendo un nombre rotundo, y la palabra Logroñés es sólida pese a años de abandono, al menos para algunos. Y los aficionados de fuera están dispuestos a darse una vuelta por la capital riojana para vivir un día de fútbol con esta gente que tan bien recibe a los visitantes.
La UD Logroñés, para lo bueno y para lo malo, como club de referencia, es la máxima responsable de esta dinámica. Ha demostrado que puede conseguirlo, pero lo cierto es que no acaba de materializar, con los resultados mínimamente exigibles, las cotas deportivas necesarias para poner nuevamente en pie al fútbol riojano. Se continúa padeciendo por esta larga travesía por el desierto futbolístico, solo soportable en estos oasis que ofrece la Copa del Rey.

Celebración del histórico triunfo ante el Girona, con más de 7.000 aficionados en las gradas. FOTO: Fernando Díaz/ Riojapress.
Es la competición fetiche del club riojano. La que le permite a la UD Logroñés, temporada tras temporada, que equipos de Primera visiten La Rioja y Logroño para la felicidad momentánea de sus 4.000 seguidores, que no son pocos precisamente, y sí muy fieles, que es lo importante. Es también el torneo que acerca de nuevo a Las Gaunas a todos esos aficionados riojanos al fútbol que no acuden al estadio en las categorías no profesionales. Es una pequeña señal desde el fondo de la habitación del fútbol español de que este paciente futbolístico de vez en cuando envía alguna señal de que aún sigue con vida. Pero que precisa de más tiempo para ponerse en pie. Porque dispone de lo más importante: el respaldo fiel de una afición mayoritaria y movilizada a pesar de competir en la cuarta categoría del fútbol español. Como la afición del mejor club de Primera.



