A principios de este ya casi concluso 2024, el Club Taurino Logroñés cumplió 75 años. Con los fastos por la efeméride reducidos a casi nada y sin apenas celebraciones, la entidad decana taurina de La Rioja vaga como sumida en el letargo propio de su avanzada edad. Achaques varios, traducidos en falta de actividad y pocas iniciativas, parecen haber dejado a un lado la solera, el respeto y la impronta que siempre acompañaron a una de las entidades taurinas más longevas que aún hoy campean por España.
Pese a que todos conocemos la respuesta, muchos nos preguntamos qué le pasa al Club. Más capciosa resulta la cuestión de que qué hacemos con el ‘Taurino’. En poco más de una hora consigo convocar a quienes pueden tener la respuesta a ambas cuestiones, apuntalando su sabio veredicto sobre el aplomo, la confianza y la seguridad que da haber dirigido los designios del Club en épocas pasadas y, por supuesto, mejores.
‘El jueves 5 de diciembre, a las 13:30, en El Moderno y comentamos un poco todo’. Juan Cruz Gastón, Pepe Rioja, Pedro Fernández Ilarraza, Isidro Torres, Conchi Martínez y el actual presidente de la entidad, Fernando Pascual, acuden prestos, puntuales e ilusionados a la cita. Como si fuéramos a dar con el remedio a tanta fatiga y a ese fantasmagórico deambular con el que el Club se va adentrando sin hoja de ruta en el presente. Falta Eduardo Andrés, dirigente del CTL entre 2001 y 2005, a quien un imprevisto e inoportuno viaje le impide compartir recuerdos, ideas, mesa y mantel con sus homólogos en el cargo.

‘Bueno, pero ¿de qué trata esto?’ saluda Juan Cruz. La idea es hablar del Club, pasar un buen rato y reunir por primera vez a los últimos vestigios con mando en la plaza del CTL. ‘Pues que sepáis que yo fui presidente sin querer serlo’ matiza quien fue el encargado de dirigir la información taurina del Diario La Rioja entre 1975 y 2015. ‘Pero entonces eran otros tiempos’.

Eso es, eran otros tiempos. Otros tiempos que poco o nada tienen que ver con los actuales. Conchi y Fernando, los más contemporáneos, apuntillan al unísono que se ha perdido el arraigo hacia cualquier entidad: ‘antes, ser del Club era motivo de orgullo; un honor que se llevaba a gala y quien era socio sentía la entidad como algo suyo; aquel sentimiento de pertenencia y tenencia se transmitía de padres a hijos con gran satisfacción. De aquello, por desgracia, ya no queda nada’.
Con Pepe Rioja al frente, el CTL alcanzó su época más dorada. ‘A mí me hicieron presidente en la calle Laurel. Pedro Mari Azofra me ofreció la posibilidad de coger las riendas del Club porque se estaban viviendo tiempos convulsos en la entidad a mediados de los 90. Luego, mi inconsciencia se encargó del resto. Acerqué mi visión empresarial al Club y cambié por completo el sistema de gestión; introduje el primer ordenador y también tuve la suerte de rodearme de un gran equipo’.

Aunque puso al día el censo social y logró que todos los socios satisficieran la cuota, Pepe traduce cada acto de su mandato en cientos de miles de pesetas salidos de su bolsillo: ‘El libro conmemorativo del 50 aniversario me costó 2 millones de pesetas; el pregón que ofrecieron Rafael Herrero Mingorance y Primitivo Rojas, 1 millón; una cena con la que se homenajeó a los socios más veteranos, 400.0000 pesetas…’. Está claro: igual que se torea como se es, uno preside como es. Y Pepe Rioja es la generosidad y la esplendidez personificada. Dos festivales benéficos, la edición de otros tantos libros y un sinfín de convocatorias avalan la gestión del CTL más exitosa hasta el momento.
Más reflexivo, prudente y sereno se muestra Pedro Fernández Ilarraza, fiel escudero y sucesor de Pepe Rioja en el cargo, dirigente de la entidad durante el cambio de milenio. ‘Fue muy difícil dar continuidad a todo lo que había hecho Pepe, pero tuvimos la suerte de tener a nuestro favor a políticos que defendían la tauromaquia, como Manuel Arenilla o Miguel Sáinz’.

El abogado logroñés lamenta, aunque entiende, que el Club perdiera su sede ‘porque tener un sitio en el que reunirse y donde poder ofrecer a la juventud toda la riqueza cultural e histórica que atesora la tauromaquia es algo fundamental. Pero es que ya casi no quedan asociaciones que tengan una sede abierta al público todos los días del año. Es verdad que el Club ha cambiado, pero tampoco la fiesta de los toros es hoy como era hace 25 años’.
Isidro Torres llegó al sillón de mando por accidente y para no dejar morir al club de sus amores. Fue en 2005, cuando ‘cada vez era más difícil programar cualquier cosa y eso que en las direcciones generales de Cultura y Justicia e Interior, Pilar Montes y Miguel Sáinz, respectivamente, nos abrían sus despachos para ayudarnos en todo lo posible. Pero sí, yo que había formado parte de los equipos de Pepe y Pedro, enseguida comprobé que los socios ya no eran los mismos, que todo costaba mucho más dinero y que llevar a 50 personas a una conferencia empezaba a resultar imposible. Hasta las ganaderías, que siempre nos habían abierto sus puertas de par en par, empezaron a cobrarnos por ir a visitarlas’.

Es fácil adivinar la emoción en las palabras de Conchi Martínez, presidenta entre 2014 y 2018, al recoger el revelo de su padre, Santiago, a quien se encomendó en un rincón durante una Asamblea: ‘papá, si me dices que me vas a ayudar, doy el paso’. ‘Da el paso, hija’. Conchi recuerda cada acto programado por su Junta como una victoria: ‘el viaje a Valdellán, el pregón mateo con Elena Salamanca, el de primavera a cargo de Andrés Pascual… ¡conseguimos programar un acto al mes!’.
La primera mujer encargada de dirigir el CTL sintetiza con acierto el fondo del encuentro: ‘los que estamos aquí hemos trazado una línea en el tiempo que describe los cambios sociales: de los inicios en los que el Club estaba reservado para las élites de Logroño o de cuando todo lo que tenía que ver con el toro llenaba plazas, teatros o salas de conferencias, hasta hoy, cuando sucede todo lo contrario’.

Por su parte, Fernando Pascual confirma que se desvive por mantener con vida al Club. ‘Si programas cosas la gente no acude, pero si no programas te dicen que no haces nada. Envías un mensaje a 500 personas diciendo que se presenta un libro y sólo asisten 10. Otra realidad es que los toros no interesan lo más mínimo a nuestros políticos por mucho que presuman de afición en San Mateo’. Pascual confirma otro achaque del Club: ‘en unos días seré reelegido, nadie ha presentado candidatura a la presidencia’.
Recuerda entonces Pepe Rioja la importancia que tuvo la prensa local al difundir todo lo que organizaba el Club. ‘Manolo González en Radio Rioja, Juan Cruz en La Rioja y Pedro Mari en El Correo dedicaban todas las semanas unas líneas a nuestra entidad y aquello resultaba de gran ayuda. ¡Juan Cruz, gracias; te quiero!’. Entornados los ojos y asido a su bastón, Gastón zanja la conversación quitándose cualquier importancia: ‘yo sólo hice lo que creía que debía hacer’.
Todos presumen de haber invertido esfuerzos, esmeros y denuedos por el Club Taurino Logroñés y, a modo de medallas, en sus haberes brillan la organización de pregones, conciertos de pasodobles, viajes al campo, entregas de trofeos, campeonatos de mus, fiestas camperas, conferencias… No en vano, a la tribuna del Club se subieron personalidades de la talla de Vicente Zabala, Alfonso Navalón, Victorino Martín padre e hijo, Ramón Vila, Javier Villán, Domingo Ortega, Santiago Martín ‘El Viti’, Ángel Luis Bienvenida, ‘Joselito’… y todo quien tuvo algo que decir en el mundo de los toros.
A modo de despedida, la idea de que el Club nunca fue todo lo reivindicativo que debió haber sido flota en el ambiente. Aunque lo mismo esa percepción es fruto de los fondos hollados y nunca imaginados por la feria de San Mateo en la actualidad. Una aguerrida defensa de la integridad de la Fiesta y la entrada de savia nueva y joven en los órganos de gobierno del Club se barajan como remedios revitalizantes y regeneradores.
‘¡Hay que repetir este encuentro, Javier!’ ‘Eso está hecho, presidentes. Estoy convencido de que al Club Taurino Logroñés le queda mucha vida por delante’.


