No tengo problema en que se implante el carril bici, siempre que la infraestructura de la ciudad lo permita y, sobre todo, que no se quite espacio a los demás medios de transporte. Sin embargo, resulta preocupante cómo se imponen estos cambios a la fuerza, eliminando carriles, para destinarlas exclusivamente a un único grupo.
Curiosamente, los vehículos que no pagan impuestos y no tienen ni seguro, han quitado (Si, quitado, que no se les ha cedido voluntariamente) espacio a los que si pagan.
Para mas inri, además, en breve comenzaremos con las ZBE, es decir, pagas tu impuesto de circulación, pero no puedes circular; y tengo bien claro que no abaratarán el impuesto si puedo circular por el 50 por ciento de la ciudad en vez de por el cien por cien. Libertad y progreso le llaman…
Lo curioso es que motos, coches, furgonetas, autobuses y camiones logran coexistir respetando normas y funcionando de manera armoniosa, con las mínimas molestias entre unos y otros. Sin embargo, al introducir las bicicletas en esta ecuación, la situación se descontrola. Parece que las normas no aplican a ellos: las calles se convierten en su campo de entrenamiento, los ciclistas se perciben como un pelotón, y la ley se interpreta como algo opcional.
No dudo de las buenas intenciones de quienes defienden estas iniciativas en nombre de la ecología. Pero paradójicamente, forzar a los vehículos motorizados a ir más despacio, en marchas bajas, con constantes paradas y arranques, genera un efecto contrario al deseado: se incrementa la contaminación al concentrar los vehículos en condiciones menos eficientes y durante más tiempo.
Por otro lado, se insiste en creer que con estas medidas la gente dejará de usar su vehículo privado. Esto no es realista. La mayoría prefiere un vehículo a motor antes que pedalear, a pesar de las frustraciones que genera la mala planificación urbana: Vías descuidadas, pasos elevados innecesarios, restricciones arbitrarias, semáforos mal sincronizados y diseños que obligan a sortear curvas en calles rectas. Este enfoque desalienta, pero no cambia las preferencias.
Si realmente se busca mejorar la ecología, sugiero soluciones más prácticas como implementar sistemas como «Green Light» en los semáforos. Si el objetivo es reducir los coches en las calles, ¿por qué no construir más aparcamientos subterráneos? Y si queremos aire más limpio, apostemos por una ciudad verdaderamente verde: plantemos árboles en cantidad, cubramos Logroño con sombra natural y hagamos que la naturaleza sea parte de nuestra vida urbana.
Permítanme añadir dos reflexiones finales.
Primero, la doble fila no es una causa, sino una consecuencia de la falta de opciones para estacionar de manera gratuita cerca de donde se necesita. Esto parece no preocupar a quienes, desde las altas instancias, ponen todo el empeño en recaudar más a costa del ciudadano. Combatamos esa raíz del problema en lugar de invertir los fondos Next-Gen en infraestructuras que, proporcionalmente, casi nadie utiliza. Algunos argumentan que en el futuro se usarán más, pero seamos realistas: en España, salvo por imposición, no abandonaremos nuestros vehículos a motor.
Por último, quiero subrayar que, donde menciono bicicletas, incluyo también los patinetes y vehículos de movilidad personal (VMP). Las siglas pueden parecer modernas y atractivas, pero no alivian el problema.
*Puedes enviar tu ‘Carta al director’ a través del correo electrónico o al WhatsApp 602262881.


