La segunda sesión del juicio que se celebra en la Audiencia Provincial de La Rioja por el llamado ‘Crimen del Hostelero de Cuzcurrita’ ha obligado este martes a intervenir a los agentes de la Policía Nacional que custodian a los presuntos asesinos de Guillermo: Carlos R. M. y Antonio G. D.
Pese a estar engrilletados, ambos han intentado pegarse durante la declaración de la pareja sentimental de Carlos, con la que convivía en su vivienda de Murillo en la fecha del crimen. «Tenía miedo porque Antonio es un chivato. Es una perra, como se dice en la cárcel», ha explicado la mujer, a lo que el acusado de homicidio ha respondido sin dudar. «Perdone, usted no me conoce de nada. Aquí la única perra que hay es esta señora».
A partir de ahí, el conato de pelea. Carlos le ha lanzado una patada desde su cercana silla, los agentes le han advertido de que cesara en su comportamiento y entonces Antonio ha intentado zafarse de los policías para agredir a su presunto compañero de asesinato. Todo ha quedado en un susto durante la sesión, ya que ambos han acabado a varios centímetros más de distancia para evitar nuevas agresiones.
Segunda sesión
El oficial de la Guardia Civil a cargo de la investigación sobre el crimen de Cuzcurrita, en el que murió asesinado Guillermo Castillo durante la madrugada del 2 de mayo de 2023, ha confirmado este martes que el hostelero «no tuvo opción alguna de defenderse o pedir auxilio», así como que la agresión no pudo llevarse a cargo de una única persona.
«No fue el impulso de dos personas drogadictas, había una premeditación previa», ha subrayado, significando que «para nada era necesario tanto ensañamiento para dar muerte a Guillermo».
Este agente, que actuó como secretario de la Unidad Orgánica de Policía Judicial, ha expuesto con detenimiento los detalles de la investigación, e incluso se ha proyectado una recreación virtual mediante infografías -sobre la base de la declaración de uno de los acusados, Carlos R. M.- sobre lo acontecido en el interior de la vivienda de la víctima, que incurre en varias contradicciones sobre lo relatado durante la reconstrucción del crimen.
La de este martes ha sido, sin duda, una de las jornadas más intensas de cuantas se esperan durante el procedimiento, pues los miembros del tribunal popular han podido mediante pruebas ver la crudeza con la que asesinaron a Guillermo Castillo. Además, la hija de la víctima, Yolanda Castillo, también ha declarado ante el tribunal, relatando la confesión de la pareja de uno de los acusados. Los asesinos del hostelero, ha explicado el investigador, «llevaban guantes y sabían lo que iban a hacer».

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.
En sus extensas explicaciones, ha detallado que los repetidores de telefonía móvil sitúan a los dos acusados en Cuzcurrita del Río Tirón en el momento del crimen y ha descrito la brutalidad con la que acabaron a golpes con la vida de Guillermo, al que atacaron en el mismo momento en el que abrió la puerta de su vivienda, engrilletaron con unas esposas y arrastraron hasta el baño de la planta inferior en el que apareció el cadáver, encerrado bajo llave. Durante el traslado siguieron golpeándole e, incluso, le rompieron tres costillas en una maniobra «imposible» de ejecutar por parte de un único agresor.
Entre los otros indicios que apuntan a la comisión del crimen a manos de varios agresores figura también, la distancia que mediaba entre las zapatillas de la víctima en la escena del crimen. O la constatación de que tras el ataque inicial, «cerraron la puerta (de acceso a la vivienda) con pestillo y se realizó una vigilancia a través de los cristales laterales de la puerta», bajo los cuales aparecieron pisadas ensangrentadas.
La detención de los acusados
Sobre cómo se materializó la detención de los dos acusados, la investigación dio primero con Carlos gracias al señalamiento por parte del testigo protegido, que contactó con la Guardia Civil «en julio de 2023» y cuya declaración ante el tribunal también estaba prevista para esta segunda sesión del juicio, aunque se ha aplazado al encontrarse «en paradero desconocido».
El testimonio de este testigo a los agentes indicaba que Carlos le había confesado que «le habían matado a golpes, cuando en la prensa hasta el momento se había publicado que la víctima había sido acuchillada y la muerte a golpes no había trascendido aún a la opinión pública».

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.
Al mismo tiempo, la llamada de la hermana del otro acusado (Antonio G. D.) conectó a este directamente con el crimen. Este otro presunto asesino «apagó su teléfono durante toda la noche», algo «habitual entre quienes están acostumbrados a cometer delitos» para no ser posicionados en la escena del crimen.
Según la aportación del testigo protegido a la Guardia Civil, los asesinos de Guillermo «sabían que siempre llevaba encima grandes cantidades de dinero en efectivo» y «esperaban llevarse un botín de entre 50 y 60.000 euros, aunque se llevaron solo unos 600 euros de la cartera» de la víctima.
Cambio de ropa antes de volver
Mientras uno de los acusados había defendido en su declaración que durante el camino de regreso a Logroño pararon a las afueras de Cuzcurrita para consumir drogas, la investigación cree que esa parada tuvo otro fin bien distinto. «Se tuvieron que cambiar de ropa y calzado allí donde pararon», pues «con sus antecedentes sabían que si les parabann en cualquier punto del trayecto les iban a descubrir con las manchas de sangre».
Pese a que la acusación particular apunta hacia la existencia de más implicados en el asesinato de Guillermo Castillo, la Guardia Civil ha sido tajante al afirmar que «está claro que no hubo más personas», aunque sí fue «un crimen ideado y preparado» con tiento.
Por su parte, la defensa de Carlos ha dejado constancia de que en el escenario del crimen solo se identificaron pisadas sobre la sangre de «un mismo modelo de zapatillas», si bien el agente al cargo de la investigación no ha descartado que los dos acusados pudieran coincidir en su calzado en el momento del asesinato.


