Sucesos

«Me dijo ‘hombre muerto no declara’, pero no le di importancia»

Antonio G. D. (izquierda) y Carlos R. M. (derecha), los acusados por el asesinato de Guillermo Castillo

«Se nos fue de las manos». Así ha explicado Carlos R. M., uno de los dos acusados de asesinar al hostelero Guillermo Castillo, los hechos ocurridos en la madrugada del 2 de mayo de 2023 en Cuzcurrita del Río Tirón. Por su parte, Antonio G. D., ha mantenido ante el tribunal que él no participó directamente en el crimen, la misma postura que manifestó a los investigadores de la Guardia Civil durante la instrucción del proceso.

La primera sesión del maratoniano juicio por el crimen de Cuzcurrita (el calendario de sesiones se extiende hasta el próximo día 19) ha estado centrada en la declaración de los dos acusados, que han accedido a responder a las preguntas de las partes durante más de dos horas, antes de que la Audiencia haya optado por la suspensión de la vista al precisar uno de los acusados de tratamiento médico.

Pocas novedades han aportado los dos presuntos asesinos respecto a lo manifestado durante el periodo de instrucción. Su estrategia es idéntica y solo coincide en el reconocimiento de que Antonio y Carlos fueron a Cuzcurrita para pedirle prestado dinero a la víctima (que conocía al segundo de ellos) para seguir consumiendo en una jornada en la que las ingestas de heroína y cocaína fueron casi constantes entre la primera hora de la noche y bien entrada la madrugada.

Antonio se ha limitado a mantener que ni siquiera se apeó del vehículo en el que los dos toxicómanos fueron a Cuzcurrita. Acudieron al pequeño municipio riojano -tal y como ha defendido la fiscal del caso- «sabiendo a lo que iban», usando guantes para no dejar huellas y -en el caso de Antonio- apagando el teléfono durante su estancia en la localidad, escenario de un crimen «innecesario, desproporcionado e inhumano».

«Maldita la hora en la que vino a verme», ha declarado Antonio acerca de la noche del 1 de mayo, cuando Carlos acudió a recogerle a su casa del barrio logroñés de La Estrella. No era la primera vez que veían fuera de la cárcel, donde se conocieron allá por el año 2015. Como tantas otras veces, quedaron para consumir heroína y cocaína, o como ellos lo llamaban, «echar una fumadita».

«Estábamos fumando heroína e inyectándome la cocaína cuando Carlos me dijo de ir a Cuzcurrita, que allí había un señor que le debía un dinero y había trabajado para él». Era la primera ocasión en que Antonio, según sus explicaciones ante el tribunal, oía hablar de Guillermo Castillo. Carlos, ‘el portugués’, sí que le conocía «desde que llegué a España con 13 años». Además de trabajar para la víctima en la viña, habían mantenido relaciones sexuales a cambio de dinero con carácter esporádico.

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.

Según la versión de Carlos, que no comparte en este punto Antonio, antes de ir a Cuzcurrita habían hecho parada en un narcopiso de Lardero, del que salieron «rebotados», es decir, con síndrome de abstinencia pese a consumir en -al menos- tres ocasiones esa misma noche.

Lo sucedido en Cuzcurrita

De este modo, en torno a la medianoche la pareja de acusados se plantaron en Cuzcurrita del Río Tirón y aparcaron el coche en una plaza próxima a la vivienda de Guillermo. A partir de este momento, el cruce de acusaciones dibujan dos escenarios posibles. Veamos cuáles son, según las declaraciones judiciales de sus protagonistas.

Antonio asegura, como hemos afirmado antes, que no llegó a apearse del coche mientras Carlos aprovechaba su relación de confianza para negociar con la víctima el préstamo de dinero. Después de «unos 45 minutos», ‘el portugués’ regresó al coche y Antonio le preguntó «¿te ha pagado?», a lo que el portugués respondió que no «con un tono muy seco».

Durante su declaración, la fiscal ha identificado al menos tres contradicciones respecto a lo que había afirmado Antonio ante la Guardia Civil. Por ejemplo, el acusado no ha sido capaz de asegurar si su compañero llevaba o no rastros de sangre en su ropa cuando regresó al vehículo, aun pese a encender la luz interior del coche en varios momentos de la noche. De camino a su casa de Logroño, hicieron una parada en el ‘narcopiso’ de Lardero, al que Antonio no subió porque «compraba droga en Varea».

Los dos acusados, durante una reconstrucción de los hechos.

Al día siguiente -ha afirmado Antonio- «me enteré de que había aparecido un muerto en Cuzcurrita y él (por Guillermo) se me vino a la mente». «Fue a pedirle dinero y, qué casualidad, aparece el señor muerto», ha afirmado el acusado, justificando el hecho de que no denunciara los hechos ante la Guardia Civil porque «estaba en tercer grado y, con mis antecedentes, no era la persona adecuada para denunciar». «Pero sabía que esto iba a salir», ha añadido, insistiendo en que «yo no sabía ni que existía Cuzcurrita; no conocía de nada a Guillermo».

«Era todo muy difuso»

Por su parte, Carlos ha asegurado -a preguntas de la fiscal- que «cuando necesitaba dinero me lo daba Guillermo sin ningún problema». Sabía dónde vivía, pero no había estado nunca dentro de la casa. Tras su paso por el ‘narcopiso’ de Lardero, y ante la necesidad de seguir consumiendo droga, «Antonio me propuso atracar el supermercado de debajo de su casa porque era muy fácil. Le dije que no porque yo no valgo para esas cosas y le propuse pedir dinero a Guillermo».

Ya en Cuzcurrita, «le dije a Antonio que me esperara en el coche mientras iba a hablar con Guillermo, pero no me hizo caso y me siguió. En el trayecto le pedí que volviera al coche, que yo ya me entendía con Guillermo». Al llegar a la puerta «no había luz, llamé al timbre y Antonio se escondió detrás mío». La víctima le reconoció y «me invitó a entrar a la casa», cuando «Antonio se abalanzó contra Guillermo y empezó a golpearle». «Era todo muy difuso», ha subrayado ‘el portugués’.

En ese momento, Carlos trató de ayudar a Guillermo, pero «me enseñó una navaja negra, con la hoja plateada» y «me acojoné, no sabía cómo actuar y me fui al salón, dejándolos ahí porque no esperaba que lo fuera a matar». «No supe reaccionar ante esa situación, fue una cobardía», ha señalado.

En un relato en el que la fiscal también ha detectado varias contradicciones respecto a lo declarado ante la Guardia Civil, Carlos ha explicado que volvió a ver a Antonio en el piso superior de la vivienda «y le pregunté por Guillermo»: «Me dijo que no me preocupara, que estaba bien. Más tarde me dijo que ‘hombre muerto no declara’, pero no le di importancia porque no pensé que fuera capaz de matarle».

Unas esposas y una pistola en el coche

En su declaración, Carlos también ha confirmado que «días atrás» encontró bajo un asiento de su coche «una pistola y dos pares de esposas» que Antonio había escondido allí. Durante el trayecto de vuelta a Logroño hicieron parada en el ‘narcopiso’ de Lardero, donde «Antonio se lavó y se cambió de ropa».

Según la versión de Carlos, llegó a su casa de Pradillo «sobre las cinco y media de la madrugada», pensando que Guillermo aún seguía vivo y que todo había quedado en una paliza para robarle en su propia vivienda. En cambio, al día siguiente su pareja le informó de que habían encontrado el cadáver de la víctima en Cuzcurrita y «me quedé en shock», admitiendo que «le conté a un compañero del trabajo lo que había ocurrido» la madrugada anterior.

«Llamé a Antonio para quedar con él y hablar de lo que había hecho; me reconoció que se nos había ido de las manos», ha afirmado el portugués, confirmando que con su compañero de trabajo «también utilicé la misma expresión». Asimismo, Carlos ha reconocido que cuando dos meses después del crimen e Cuzcurrita -y antes de ser detenido esta causa- detuvieron a Antonio por el atraco de una sucursal bancaria en Varea, le trasladó a su mujer que temía que no mantuviera «la boca cerrada».

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