El Rioja

Los seis retos del vino: entre los precios y el valor del territorio

El reto de una nueva vendimia ya ha sido superado. Con mejores o peores resultados de los esperados en función de cada caso, pero superado. Lo que no han remontado son las cabezas de los viticultores que ven cómo su cuenta de resultados sigue en números bajos. Muchas bodegas tampoco están pasando por su mejor momento, con parte del vino sin vender y con problemas para darle salida. Despiden una añada y ya están afrontando la siguiente, pero tienen por delante importantes retos para intentar se capaces de equilibrar de nuevo la balanza.

1. Rentabilidad. Es una de las principales preocupaciones del sector productor y es que los bajos precios de la uva que se suceden en las últimas campañas amenazan cada vez más con la supervivencia de este. Precios que en algunos casos se sitúan por debajo de costes, incumpliendo así la Ley de la Cadena Alimentaria, creada precisamente para garantizar que no se compre ni se vendan producciones agrarias a pérdidas. La cosecha en verde ha sido una salvación para muchas explotaciones, pero con el nuevo año, el problema vuelve a renovarse también, por lo que toca ejecutar unas medidas con las que se asegure la venta (y una venta justa) de la uva para que así la cadena vuelva a coger ritmo en todas sus etapas.

2. Menos es más. Una conclusión a la que ha llegado (por fin) el sector es que no se puede producir más de lo que se es capaz de vender. Este año, con los 276 millones de kilos de uva cosechados, Rioja sacará al mercado alrededor de 190 millones de litros de vino de la añada 2023. Una cifra muy alejada de los 235 millones de litros en los que se sitúa la comercialización de la DOCa actualmente. Sin embargo, el desequilibrio no se va a solucionar con esta rebaja. Limitar los rendimientos por hectárea parece que va a ser la tónica de cada vendimia, si bien es cierto que muchos son de la opinión de que «si se cumpliera el Pliego de Condiciones con los rendimientos amparados por parcela, no estaríamos donde estamos».

3. Tendencias de consumo. Que el vino blanco es más apreciado que el tinto entre los consumidores no es cosa nueva. Pero en Rioja el principal volumen lo mueven los tintos, por lo que el reinjerto a variedades blancas es una alternativa cada vez mejor valorada entre el sector. Además, la apuesta por nuevos formatos de venta también es una salida atractiva para muchas bodegas de cara a mercados internacionales donde el bag-in-box o el vino en lata triunfa entre el público. Una opción, sin embargo, que debe recibir antes el veredicto del Consejo Regulador para ser viable.

4. El valor del territorio. Defender lo autóctono en esta pelea por remontar posiciones es clave, por ello no son pocas las bodegas que han hecho una fuerte apuesta por las variedades propias de la tierra del Rioja y su comportamiento en la región, confiando en que este aspecto diferencial respecto a otras denominaciones les de un impulso. Y con ellas, los viticultores que escuchan sus recomendaciones esperanzados de que esto les permitirá recuperar cierta ilusión en sus explotaciones. Se trata de apostar por el patrimonio vitícola, preservando también el que ya existe.

5. Sostenibilidad en el viñedo. La escasez de agua es uno de los principales retos de la agricultura y que, aunque no sea en gran medida, también afecta al viñedo. Gran parte de la superficie plantada en Rioja cuenta con un sistema de riego, lo que permite asegurar que la planta no sufra estrés hídrico, pero a su vez también permite garantizar una buena producción que no en todos los casos es necesaria. El estudio detallado del tipo de suelos y el territorio en el que se sitúa un viñedo es clave para llevar a cabo una gestión u otra, actuando con criterios de sostenibilidad. Por ello es necesario fijar medidas para afrontar los desafíos del cambio climático y la adaptación del sector a este.

6. Relevo generacional. No solo en la viña, sino en el sector primario en general. La falta de interés en los jóvenes por dedicarse profesionalmente al campo es cada vez más acusada y es que la situación actual no hace más que frustrar los sueños de quienes un día sí se imaginaron llevando un tractor y siendo dueños de sus propias viñas. Incluso aquellos que en su día se instalaron en la agricultura y afrontaron las inversiones han decidido echarse a un lado y deshacerse de esas viñas que llevaban a renta. El problema llega incluso a las aulas, donde algunas formaciones específicas en viticultura y enología se han suspendido para el próximo curso por falta de alumnado. Un patrimonio humano que se pierde y que ya difícilmente se va a recuperar.

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