Una montaña rusa es lo que ha sido esta vendimia 2024 en Rioja. Lluvia va, lluvia viene. Cuadrilla va, cuadrilla viene. Y mientras tanto la uva iba sobremadurando en algunas zonas a la vez que en otras todavía le costaba llegar a unos buenos niveles. Mil y un imprevistos que han hecho de esta cosecha una de valientes. Ahora, a aguas ya pasadas, los viticultores de esta denominación van calentando sus tijeras para comenzar a recorrer de nuevo los renques de cepas, esta vez para despojarlas de sus sarmientos. En bodega, la faena recae en los remontados, el fin de fermentaciones y el vaciado de depósitos. Así que toca hacer balance de lo que ha sido esta campaña tan corta en kilos (276.227.232 kilos contabilizados en el último arrastre diario del 17 de octubre) y tan abundante en emociones.
Los ánimos no están para tirar cohetes, especialmente en la rama productora de la región. La botritis ha marcado sin duda el desarrollo de la campaña empañando las pocas buenas sensaciones que había en el campo. Venía poca uva y aún se ha perdido más de la esperada. Y eso, aunque ha servido para aliviar un poco los stocks de vino de las bodegas, no ha beneficiado a los viticultores que ven cómo sus bodegas les reducen más si cabe los rendimientos y que por contra no ven repercutidos esos cambios en los precios percibidos por el kilo de uva. «Así es imposible aguantar, esta situación nos está apretando cada vez más. Sobra uva y vino y nosotros seguimos cobrando por debajo de coste. Así que las familias van aguantando como pueden, a veces echando mano de los sueldos de las parejas», lamenta un agricultor de Moreda de Álava.
Una incertidumbre compartida en una actividad profesional que lleva un tiempo viendo cómo su rentabilidad pende de un hilo. Enrique es un joven viticultor del Valle del Iregua, tercera generación y lleva cuatro vendimias en el sector. «He llegado en los peores años sin duda. Llevo desde que entré, en 2020, tirando uvas al suelo con la cosecha en verde». Está en una de las cooperativas de la zona y todavía está esperando a cobrar la uva de 2023. «Hemos metido la de 2024 sin saber qué pasará. La situación está muy mal, pero me hace gracia que hablan de cuántas hectáreas de viña hay que arrancar para salir de esta crisis y no dicen cuántas bodegas van a cerrar porque una cosa está clara y es que hay bodegas que no van a poder pagar todo lo que tienen pendiente. La burbuja de Rioja ha reventado», sentencia. La vendimia se ha desarrollado con los mismos altibajos prácticamente en toda la denominación, pero la preocupación de estos viticultores no se ha quedado en la viña al cierre de la cosecha. El sector palpa una coyuntura que reconvertirá el sector.

Vendimia en una finca de Rioja Oriental, esta campaña. | Foto: Leire Díez
Desde la rama elaboradora hacen balance de lo que ha sido la añada 2024 en campo y las perspectivas que hay en bodega. En Ontañón la vendimia comenzó en Quel un 8 de septiembre y no la despidieron hasta el pasado 11 de octubre. Vendimia larga y escalonada. «Hemos llegado a hacer más de 800 muestras de uva para controlar la madurez, la sanidad y la calidad en general de todas las uvas con el fin de dar con el momento óptimo de su entrada en bodega. Ese ha sido el verdadero reto y el gran esfuerzo de todo el personal de la bodega, que se ha implicado al máximo», remarca Rubén Pérez, enólogo de es. Mucho trabajo que con los primeros descubes ya hechos parece que comienza a dar sus frutos: «En las zonas más altas hemos encontrado tempranillos y garnachas que nos están regalando verdaderas joyas de vinos que creo que van a alcanzar unas calidades muy altas».
Si tiene que elegir una frase para describir esta cosecha 2024, no duda: «Quién dijo que iba a ser fácil». «Nos lo prometíamos muy felices nosotros en verano porque todo el ciclo estaba siendo perfecto, pero luego cambió en septiembre. Ha sido una vendimia técnica y exigente, como lo son muchas, pero en esta ha habido que estudiar mucho, utilizando las capacidades, la tecnología y todo el conocimiento que hay. En cada depósito hemos trabajado de una forma para sacarle las cualidades que traía esa uva. Pero sin duda las condiciones de la vendimia han puesto de relieve la profesionalidad que hay en esta denominación. Con unos viticultores que han sabido adaptarse en momentos muy complicados para llevar a buen puerto esta campaña que necesitábamos que fuera más rápida y también escalonada. Luego, junto con los enólogos, se ha sacado la cosecha adelante. Esta claro que lograr la calidad este año lo que hace es poner en relieve toda la experiencia de los profesionales en Rioja y eso demuestra que aquí tenemos a los mejores», sentencia Pérez.
En la otra punta de la denominación, en Ollauri, Carmen Enciso asegura que la vendimia manual ha sido complicada por esas inclemencias meteorológicas, por lo que se ha llevado a cabo con más esfuerzo que en campañas pasadas. «Es la primera vez que trabajamos con dos cuadrillas. Pese al coste que esto supone, era la única forma para aprovechar los intervalos de buen tiempo entre lluvia y lluvia», asegura la cofundadora de Bodegas Valenciso. Las sensaciones ahora son más positivas y reconoce estar «contenta pese a las circunstancias».
Adrián Benés no tiene claro si esta ha sido «una vendimia para recordar o para olvidar». Gestiona junto a su hermano y sus primos Bodegas Valcuerna en Cordovín y esta ha sido una cosecha peculiar: «Nunca habíamos empezado a vendimia con el tempranillo, así que podemos decir que esta ha sido una vendimia de empezar la casa por el tejado. Por suerte, esta sigue en pie porque los vinos que hemos sacado tienen bastante equilibrio entre la acidez el grado alcohólico y el pH). Además, los blancos tienen una gran acidez, por lo que creemos que van a ser muy buenos para envejecer».
Mientras, Elena Corzana desde su cuna de Navarrete cree que «el tener poca uva este año ha sido una ventaja teniendo en cuenta lo complicado que ha venido el tiempo durante la vendimia». La enóloga y sumiller recuerda cómo antes de empezar a cortar uva las perspectivas apuntaban a «una añada para recordar, quizá queriendo que fuera otra como la de 2004». Pero después cambió el tiempo, llegaron las lluvias «y hasta granizo tuvimos». Así que hubo que elegir: «Aún queriendo esperar para alcanzar una buena maduración fenólica, lo que hubo que hacer fue seleccionar y vendimiar».
El personal técnico de bodega despide así una añada de muchos sinsabores pero a la que ha sabido sacarle su jugo al máximo para que siga brillando después en los paladares. Rioja dice adiós a una cosecha que ha salido adelante gracias a la implicación de todos los agentes y que, bien sea para olvidar o para recordar, ha dado y dará que hablar. Este es el patrimonio que se debe mantener.


