Salud

El adiós más emotivo al Rodríguez Paterna

El centro de salud Rodríguez Paterna está de despedida. Será a finales de año cuando cierre definitivamente sus puertas para que sean las de La Villanueva las que acojan hasta veinte mil usuarios. De momento, el edificio, que se inauguró en julio de 1988, está recibiendo las primeras despedidas. Este sábado ha sido la de muchos de los profesionales que han pasado por allí a lo largo de estas casi cuatro décadas. Todos ellos se han reunido en las instalaciones para dar el último adiós a un edificio en el que han pasado buena parte de su trayectoria profesional.

Carmelo Vaquero quizás sea uno de los que más años ha estado allí. Fue de aquellos siete profesionales que abrieron por primera vez las puertas del centro de salud «en unas condiciones muy peculiares». Y allí estuvo hasta que en 2022 se jubiló después de prolongar su etapa laboral para echar una mano durante la pandemia.

Aún recuerda su llegada al Rodríguez Paterna. «Era una zona muy deprimida, con pacientes muy peculiares, una época de mucha droga y mucho VIH en el barrio y que se juntaban en las consultas con una parte de las personas más acomodadas de Logroño, resultaba muy curioso», recuerda. Entonces «prácticamente no existía la educación sanitaria, hubo mucha labor de promoción de hábitos saludables».

Recuerda que cuando llegó por primera vez se encontró con un edificio «un poco escabroso» y a muchos pacientes con problemáticas muy importantes. «Recuerdo que intentamos introducir la píldora anticonceptiva entre parte de la población femenina lo que nos costó muchos problemas con algunas familias». Eran otros tiempos y todavía no se hablaba de la planificación familiar.

Mucho han cambiado las cosas desde entonces. «Ahora, que estamos todos conectados a los móviles puede resultar increíble pero hace menos de cuarenta años en Logroño teníamos una población importante que no sabía ni leer ni escribir», cuenta de aquellos primeros años del centro. «Se trabajó mucho también con las personas diabéticas, entonces no tenían ni consultas programadas ni nada de nada», comenta valorando los pasos que se han dado en poco más de tres décadas en la sanidad pública.

También recuerda la labor formativa del Rodríguez Paterna. «Por mi han pasado 16 o 17 residentes, no me imagino cuántos han tenido que ir pasando por el centro en estos años».

Un trabajo en el centro de salud por el que pasaron varias generaciones de logroñeses. «Alguno aún me para por la calle, la gente es muy cariñosa conmigo», reconoce con la emoción de saber que le quedan pocas semanas al centro donde pasó buena parte de su vida profesional.

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