«El consumo moderado de vino es importante siempre y cuando se incluya en un contexto de alimentación saludable y bienestar social. Combinar el vino con la comida, además, es clave porque se mezclan los componentes bioactivos y eso multiplica los efectos positivos». Estas son algunas de las conclusiones extraídas del Congreso Internacional Lifestyle, Diet, Wine and Health celebrado en Toledo acerca de los beneficios que tiene el consumo moderado de vino. El doctor Ramón Estruch, presidente de FIVIN (Fundación para la Investigación del Vino y la Nutrición) ha presentado estos resultados este miércoles en la sede del Consejo Regulador de la DOCa Rioja para incidir en que el contexto en el que se consume vino influye a la hora de hablar de beneficios o perjuicios.
«Llevo estudiando los efectos saludables del vino desde hace más de treinta años y todavía me sorprende cómo hay tantas amenazas en contra del vino. Hay que saber que cambia mucho el hecho de tomar vino en grandes cantidades fuera de las comidas o hacerlo moderadamente y en la comida o en la cena».
Muchos estudios se basan en la pregunta de ‘¿cuántas copas de vino se consumen a la semana?’ y es muy diferente si esas copas se toman repartidas en los siete días o se concentran todas en uno o dos días. Tomar siete copas en un mismo día es perjudicial para todos, por eso el patrón de consumo es muy importante también y eso no siempre se tiene en cuenta en los estudios. De ahí que haya tanta disparidad de resultados en muchos análisis y haya tanto ataque global contra el vino», valora.
Pero ¿qué se entiende por consumo moderado? ¿Dónde está el límite? El doctor da las claves: «Hay que partir de que el concepto de consumo moderado y la cantidad que se le relaciona depende mucho de cada país. En el caso de España y la cultura mediterránea el consumo moderado serían dos copas para el hombre y una copa para la mujer, entendiéndose una copa de 150 mililitros de vino que en gramos de alcohol serían entre unos 10 y 15 gramos por copa. Eso sería el tope del consumo moderado».

El presidente de la Fundación para la Investigación del Vino y la Nutrición (Fivín), Ramón Estruch. | Foto: EFE/Raquel Manzanares
Los resultados obtenidos, asegura, también «vienen a contrarrestar con datos científicos esos estudios en los que se asegura que el vino en general es perjudicial para la salud». El doctor remarca que hay que distinguir entre bebidas fermentadas y destilados: «Yo soy médico y sí distingo entre el vino, la cerveza o la sidra, que son bebidas fermentadas y que son mucho mejor que los destilados. Luego, dentro de lo fermentado, el vino tinto es el que más polifenoles tiene, por lo que sería el más saludable. Ha habido un par de estudios que han tenido mucha repercusión a nivel mundial y que señalaban que el consumo moderado de alcohol, incluyendo el vino, ya no tenía un efecto protector y que lo ideal sería el consumo cero. Esto tuvo mucho revuelo porque se contradecía con la experiencia de estudios de muchos años atrás y eso derivó en que se volvieran a analizar los datos de un macroestudio realizado en Estados Unidos con datos de bebidas alcohólicas de todos los países del mundo. Esto sirvió para corroborar que realmente se mantiene la denominada ‘Curva en J’, que muestra una relación entre el consumo moderado de vino y una disminución del riesgo de mortalidad».
También se ha demostrado, según Estruch, que «beber vino moderadamente protege de las enfermedades cardiovasculares», por eso la recomendación va enfocada especialmente al público adulto porque el riesgo de sufrir infartos de miocardio aumenta con la edad. «Un 20 por ciento de los efectos beneficiosos de la dieta mediterránea para la salud global se deben al consumo moderado del vino, pero hay que dar muy bien el mensaje para que no se malinterprete. Lo que sí es cierto es que el alcohol en exceso es perjudicial para la salud a todos lo niveles porque afecta al hígado, afecta al cerebro, afecta al corazón,… Lo importante es fijar ese límite en el que pasa de ser un consumo moderado a ser uno perjudicial y ahí el estilo de vida es clave. El vino es uno de los tres pilares clave de la dieta mediterránea junto al aceite de oliva y los cereales integrales, pero si en lugar de poner vino pones destilados, el efecto es completamente opuesto. Es por ello que la cultura del vino prevalece porque va muy ligada a nuestro estilo de vida que es la mediterránea», sentencia Estruch.
Por eso el contexto es muy importante a la hora de analizar los efectos y siempre hay puntualizaciones que incrementan los beneficios. El doctor apunta que el vino hay que beberlo en las comidas, pero añade que hacerlo durante la cena puede incluso ayudar a «conciliar mejor el sueño y crear un efecto relajante». Además, haciendo una distinción entre tipología de vinos, remarca que el vino tinto es la mejor opción dada su carga polifenólica. «Pero si los gustos tienden más hacia los vinos blancos no pasa nada. Lo importante es que se haga un consumo moderado combinado con la dieta mediterránea».
El presidente de FIVIN ha destacado la importancia de tener estudios científicos en el ámbito de las propiedades saludables del vino destacando que esta Fundación, con el patrocinio de la Interprofesional del Vino de España, convoca becas para proyectos de investigación sobre el vino, la nutrición y la salud. Pese a ello, Estruch lamenta que no existan ayudas específicas públicas para promover este tipo de estudios que, en palabras de Fernando Ezquerro, presidente del Consejo Regulador de la DOCa Rioja, permiten «aplicar rigor científico donde hay muchos alaridos».


