Fue en 1924 cuando la abuela Valentina abrió por primera vez las puertas del bar de Ventrosa. Cien años después sigue llevando su nombre. Tres generaciones de mujeres «valientes, luchadoras, serviciales y serranas» lo han regentado desde entonces. Un bar que cumple un siglo no sólo como una casa de comidas donde se han preservado las recetas tradicionales y los sabores auténticos de la región, sino que también como el punto de encuentro de vecinos y visitantes. Por eso, este fin de semana más de doscientas personas se han dado cita allí para celebrar la buena salud de un lugar centenario y emblemático.
Gracias al esfuerzo y dedicación de tres generaciones de mujeres, ‘Casa Valentina’ ha logrado trascender como un referente social y cultural, manteniendo viva la historia y las costumbres locales, mientras se ha ido adaptando a los tiempos sin perder esa imagen de un lugar entrañable lleno de historias compartidas y recuerdos inolvidables.
Domingo es uno de los nietos de Valentina. Ahora es alcalde de Ventrosa, pero lo que siempre ha sido es el hijo, el sobrino y el primo de esas mujeres que durante diez décadas han puesto su fuerza y vigor en mantener ‘Casa Valentina’ abierta a pesar de los devenires de un mundo rural en el que iban desapareciendo poco a poco todas las casas de comidas similares a la suya.

Todo comenzó en 1924 poco después de que el abuelo volviese de Argentina. «El hombre había tenido una vida muy azarosa. Se tuvo que ir al otro lado del océano con diecisiete años porque por un problema vecinal relacionado con coger algo más de leña de la que le correspondía. Lo buscaban para encarcelarlo». El viaje a Argentina fue su salvación y allí, buen conocedor de los números, estudió una ingeniería en Buenos Aires.
Años después volvió a la sierra riojana a levantar la central hidroeléctrica que ya está en desuso. Entonces conoció a Valentina y se casó con ella. Fue después del nacimiento de su segundo hijo cuando ella decidió abrir el bar de comidas. «Desde sus inicios siempre han sido mujeres las que lo han regentado, ellas son las que han puesto el alma, el servicio, las luchadoras y valientes que han demostrado su valía detrás de la barra».

El pequeño restaurante que hace tiempo ya es sólo bar trae muchos recuerdos a todos. «Además de la casa de comidas era nuestra propia casa. Allí hemos convivido durante muchos años hasta dieciséis personas, pero también era la casa de muchos más. El bar en los municipios siempre ha sido el centro de reunión de todos, especialmente en momentos en los que los pueblos han ido vaciándose. Ahora que Ventrosa cuenta con poco más de 35 personas en invierno, abre a mediodía (cuando llega el cartero) y sirve de lugar de reunión». Como en muchos otros pueblos, allí se dejan los recados para el resto de los vecinos cuando no están, sirve para socializar y para conocer el estado de cada uno de ellos.
Durante un siglo, ‘casa Valentina’ ha sido el punto de encuentro no sólo de los vecinos de Ventrosa, también de los de buena parte del valle. «Ha sido más una labor social para el pueblo que un negocio», explica Domingo, quien recuerda que «aún así en las Jornadas de la Alubia Roja sigue abriendo como casa de comidas para dar uno de los platos más tradicionales de la sierra riojana».


