Toros

La temporada taurina en La Rioja: entre lo descorazonador y lo anormal

EFE/Raquel Manzanares

El festival taurino celebrado el pasado sábado en Calahorra, además de para revivir recuerdos y aflorar emociones, sirvió también para poner punto final a la temporada taurina en La Rioja este 2024. Una temporada más en definitiva y, precisamente, eso es lo malo.

Pese al paso de los días, la descorazonadora sensación que deja el curso taurino no termina de alejarse y, recordando lo sucedido a lo largo de estos últimos siete meses, son muchas las cosas que, sin ser normales, han sucedido en los ruedos y en torno a los despachos taurinos. De ahí el título de este resumen de la temporada de toros en La Rioja.

Porque la temporada en la que se solapaban el centenario de la plaza de toros de Calahorra, la coincidencia, tantos años después, de dos riojanos en el escalafón de novilleros con picadores y la celebración del 25 aniversario de la alternativa de Diego Urdiales auguraban meses de ilusiones y esperanzas en los ruedos. Pues no.

Foto: Edu del Campo

No fue normal el contenido del pliego de licitación que alumbraron en Alfaro. Tras no pocos años de esfuerzo, la feria alfareña había alcanzado categoría y cierto prestigio hasta que unas nuevas condiciones venían a primar la cantidad a la calidad. El desenlace a tal dislate no era difícil de descifrar: muy poco público, menos espectáculo aún y la cerrazón de quienes creían haber obrado bien a sabiendas de lo mal que habían hecho las cosas.

Descorazonador, aunque normal en cuando al funcionamiento del entramado taurino, fue lo ocurrido en Santo Domingo de La Calzada. Lo que en principio iba a ser un bolsín taurino de altos vuelos terminó con la huida del supuesto empresario y la confección apresurada de un festival de dudosa reputación.

Más descorazonador aún y menos normal ha sido lo ocurrido en Arnedo. Por todos es sabido que el Zapato de Oro no pasa por su mejor momento. Pero sí que ahora, con Urdiales en figura y con Fabio Jiménez y Alberto Donaire en el escalafón de novilleros con caballos, no era el momento de suprimir una novillada. ¿Qué ocurrirá cuando Urdiales ya no esté y Jiménez y Donaire ya hayan tomado la alternativa? Por excusa se pone la sangría económica que deja tras de sí el ‘zapato’, pero ¿ha hecho algo alguien por darle una vuelta a su formato? ¿y por promocionarlo acorde a los tiempos que vivimos? ¿la pasta que se palma por un festejo en Arnedo compensa por la mala prensa que genera suprimir una tarde? ¿es normal que este año se dieran festejos un martes y un miércoles laborable y no un viernes, día más propicio para disponer de fiesta vespertina? El Zapato de Oro, por historia y por preciado, merece repensado con mucho cariño. Lo de marzo funciona a las mil maravillas; Arnedo sigue ofreciendo a principios de temporada el cartel más rematado de la temporada riojana.

Tampoco creo que sea muy normal que la ganadería que más toros ha lidiado dentro de nuestras fronteras haya sido la de Ojailén. Y lo digo con todo el respeto, pero no es un hierro ni con nombre ni con garantías como para haber echado diez toros entre Alfaro y Calahorra. Después de comprobar el juego de sus toros, el dato se vuelve también descorazonador.

Descorazonador y anormal es lo que ocurre en Logroño, buque insignia de la tauromaquia riojana. La feria ya no es una feria y todo lo que rodea a los toros por Logroño apesta a desidia. Sin ahondar en detalles de los que ya dimos cuenta, por Logroño ha faltado el verdadero toro y han sobrado animales sin raza, sin edad y de lavada expresión. Para devolver la ilusión taurina a La Ribera es necesario recuperar casta, trapío y bravura en los animales, darles un descanso a los rejones y aumentar la feria en, al menos, un festejo. ¡Ah! y bajar el elevadísimo precio de las entradas, por supuesto.

Tampoco es normal la escasa actividad de las entidades taurinas de la región. Apenas han programado convocatorias culturales, ni charlas, ni conferencias, ni casi nada. Ni se quejan de todas esas cosas descorazonadoras y anormales. De esta quema, sólo se salva el Club Taurino de Calahorra; pero es que lo de esta entidad es otra historia. Simplemente en este año, ha conseguido traer hasta la ciudad bimilenaria a Victorino Martín y a S.A.R. la infanta Elena y organizar un festival taurino con todos los toreros de la ciudad. Entiendo que es fruto del trabajo de toda su Junta Directiva, pero no puedo dejar pasar por alto la figura de su presidente, Miguel García: un fenómeno. Sólo falta que consigan relanzar la feria de la ciudad.

Tampoco ha sido normal la temporada de Diego Urdiales. Salpicada por una torería cada vez más cara, más profunda y sutil, Urdiales ha sido el torero más incomprendido este 2024. Apenas entendieron su torera tarde en Sevilla por abril y menos la suavidad y la delicadeza con la que cuajó a un toro falto de empuje y raza en los albores de San Isidro. Si la afición y los despachos hubieran sabido captar la torería en la que Urdiales maceró estas dos tardes allá por primavera, el arnedano hubiera cambiado el sino de su temporada. Inoportuna fue su cogida en Azpeitia y su regreso a Bilbao se vio truncado por una rocambolesca mala suerte en forma de inutilización de dos toros. Hoy abrocha su temporada en La Maestranza para rendir homenaje a Curro Romero al lado de cinco toreros sevillanos, todos muy del gusto de Sevilla. Eso es algo que no está al alcance de cualquiera. Por algo será. Que no se me olvide, la afición riojana tampoco es que haya estado a la altura de Urdiales esta temporada del aniversario.

Lo más positivo ha llagado por parte de los novilleros Fabio Jiménez y Alberto Donaire. El de Alfaro bordó el toreo al natural una noche de julio en Madrid y cuando llevaba tres paseíllos a sus espaldas ya se había liado el capote de paseo otras tantas veces en el patio de cuadrillas de Las Ventas. Es un dato que no es normal, pero que se ha normalizado en esto de los toros. Fabio ha evolucionado de manera muy positiva, pese al infortunio que le ha perseguido en los sorteos de las mañanas de los días clave. En 2025 el coso de Alfaro cumplirá cien años de vida y Fabio tomará la alternativa. La evolución de Donaire también ha sido sorprendente. Lo malo que ahora esa evolución positiva ha de materializarse en lo sanitario. Un tabaco gordo en Valencia lo ha puesto en circulación, pero también lo ha postrado en el lecho del dolor.

El debut de luces de Aarón Navas y Patricia Sacristán han sido dos datos muy positivos, igual que la buena temporada que han echado ‘El Víctor’ y Manolo de los Reyes vistiendo la plata, bregando con acierto y dejando memorables pares de banderillas. También ha sido positiva la recuperación del Bolsín Taurino de La Rioja, que organiza la Federación regional. En él debe quedará la gestión de esta Federación, siempre tan tenue. Rincón, Nájera y Aldeanueva han mantenido su oferta de novilladas sin picadores, que ya es un logro, aunque pecan de falta de difusión.

La ganadería de Álvaro y Pablo Lumbreras sigue dando productos geniales por fijeza, duración, nobleza y casta. Aún reverberan la forma de perseguir los engaños en Nájera del bravo ‘Taburete’.

Así que, como siempre suelen terminarse este tipo de artículos poco halagüeños en cuanto al futuro de los toros en la región si es que nadie pone de su parte a corto plazo… ¡larga vida a la fiesta de los toros!

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