El nuevo panel de cata establecido por el Consejo Regulador de la DOCa Rioja en 2023 y definido por su director técnico, Pablo Franco, como uno «más garantista y objetivo» ya tiene las primeras conclusiones sobre la mesa en lo que a vinos descalificados respecta. Este sistema de análisis sensorial ha dejado fuera del mercado una cantidad de vino muy superior a lo que hasta la fecha se había realizado, teniendo que cuenta que han sido 264,4 millones de litros los vinos que se han sometido al control de los cuales finalmente se han considerado amparados 258,9 millones de litros.
«Establecemos en el control de calificación dos etapas. En la primera fase (antes del embotellado y justo terminada la fermentación), al catar el vino el resultado puede ser apto o no apto, pero existe un detalle en el caso de que el defecto que motiva el no apto sea subsanable, le llamamos ‘emplazado’. Es decir, el elaborador tiene un plazo para corregir ese problema antes de que volvamos a analizarlo y ver si pasa la cata o directamente está descalificado. El año pasado en esa primera fase fueron alrededor de los 8 millones de litros los que emplazamos, quedando finalmente como no amparados 5,5 millones de litros. Nunca habíamos detectado tal cantidad de vinos y el motivo es que se han intensificado los parámetros. Antes cuando un vino no olía ni sabía mal, pasaba, pero ese era un vino que no decía nada, un vino neutro. Ahora ese vino directamente no sirve porque para ser un Rioja tienes que mostrar algo más, debes tener atributos positivos. Un vino que ni huele y ni sabe mal pero no dice nada más es un vino de mesa, un vino común», sentencia Franco.
Para este año, aunque se mantiene la misma filosofía del panel de cata, se han aplicado algunos cambios en la organización de los esfuerzos para enfocarse en otros atributos. Si antes el equipo se centraba más en las primeras fases, con los vinos recién fermentados, ahora el objetivo es ir cada vez más a esas últimas etapas en las que el producto está ya terminado, cuando ya se ha embotellado e incluso cuando está en la tienda de cara al público. «Esto implica trabajar con una logística mucho mayor y más compleja porque no tiene nada que ver el número de muestras que puedes captar y analizar en el producto de fase 1 que lo que se puede hacer en el producto de almacén de bodega o de lo que estamos comprando en establecimientos. Por eso vamos a ir llevando nuestros recursos más hacia los productos terminados, que es donde creemos que podemos hacer un esfuerzo mayor de control».

Panel de cata del Consejo Regulador de la DOCa Rioja. | Foto: Leire Díez
Un cambio de estrategia que ya el año pasado aplicaron pero que este año pretenden incrementar desplazando más aún ese punto de mayor control para enfocarse en la última fase. «Cuando catamos un vino recién fermentado lo que podemos ver son problemas más evidentes, lo más gordo lo que no tiene posibilidad de corregirse. Cuando el Consejo Regulador interviene a lo largo del proceso va descartando todo aquello que tiene una peor calidad o que tiene algún problema, así que lo que llega al final va a ser mejor. Dejamos que la bodega trabaje y nos vamos a puntos justo antes del embotellado y después de este. En ese momento las bodegas hacen lo que se conoce como una Declaración de aptitud de partida en la que declaran una partida de vino y nosotros podemos tomarle muestras para valorar si está correcto pudiendo ser tanto antes como después del embotellado. Ahí queremos que recaiga la fuerza del control», apunta.
Así mismo, la cata del producto terminado que está ya comercializándose en el mercado también es un foco de control. Se están comprando vino en vinotecas y otros comercios para analizarlos, teniendo en cuenta que algún tipo de alteración que pueda tener el vino puede no ser causa de la bodega, sino de las condiciones en las que se ha transportado. «De analizar si es un problema de la bodega o bien de la distribución ya nos encargamos nosotros, pero ese vino nos da un indicador. Visitaremos la bodega en cuestión para ver si se repite lo que hemos visto en ese vino de un lote en concreto en esa tienda», describe. Una gestión que, sin duda, requiere de más recursos tanto de personal como económicos pero Franco asegura que «el Consejo Regulador está convencido de hacer ese esfuerzo».
Este nuevo sistema, incide Franco, «no juzga, sino que describe en base a los nuevos parámetros cualitativos». Se apuesta por una evaluación más específica de cada parámetro que va a aportar mayor fiabilidad porque el umbral de aceptabilidad no lo marca una persona individual, sino el Consejo. Él es el que fija la intensidad que ha de cumplir el vino. Esto no quiere decir que antes el sistema no fuera exigente, pero ahora está más estandarizado».
De cara a los vinos que saldrán de esta añada todavía es pronto para aventurarse qué porcentaje se quedará fuera del amparo de Rioja. El director técnico incide, sin embargo, en que vienen buenas sensaciones: «Hasta ahora la uva seleccionada me está gustando más que la de la campaña pasada y creo que vamos a tener vinos procedentes de las zonas altas que mejor se han comportado que van a ser muy interesantes. Creo que la añada 2024 en sí nos va a divertir y ya tengo alguna que otra cosa por ahí marcada que creo que va a ser brillantes. He visto algún blanco vendimiado hace una semana increíble, una viura que entró de la zona de Rioja Alta espectacular con lo sensible además que es esta variedad a la botritis. Ese va a ser un vino de 10».


