El Rioja

El viñedo del Alto Najerilla, entre el reto y el tesoro

El cambio climático y el auge de los vinos blancos en el mercado han puesto de moda esta zona de producción

VIñedo de garnacha en Badarán. | Foto: Leire Díez

La frescura, los suelos, los vientos del cantábrico que abrazan las viñas, las cepas con un material genético único. Lo que esconden los diferentes territorios del Alto Najerilla es pura magia, desde Cárdenas hasta Badarán, y llegando también a Baños de Río Tobía, Cordovín, Camprovín y Alesanco. Si en el siglo pasado estas zonas eran conocidas por sus vinos de poco grado y mucha acidez a causa de las malas maduraciones que tenían aquí las uvas (especialmente los años más fríos), en los últimos años la comarca ha cogido una nueva dimensión a raíz del cambio climático, que ha creado unos vinos con una madurez fenólica completa y buenos parámetros de acidez. Ahora es una de las zonas de producción más de moda y deseadas en Rioja, especialmente por bodegas de la denominación que no están asentadas aquí. Porque más que atraer la atención de nuevas instalaciones (la última en hacerlo fue Muga con una bodega inaugurada en Badarán durante la vendimia de 2017 y donde solo se elaboran uvas de la zona), lo que interesa a estas firmas es hacerse con viñedos o, al menos, lograr hacerse con uva.

Como describe Raúl Tamayo, director técnico del grupo Palacios Vinos de Finca, lo de esta zona ha sido un «auténtico redescubrimiento». Habrá quienes la desconozcan aún, pero lo que albergan las tierras del Najerilla es historia de Rioja, de los viticultores que mantuvieron con dedicación esas viñas heredadas sin caer en la tentación de arrancarlas y que también llegaron a ser pequeños cosecheros. «Lo único que hemos hecho es recuperar toda esa historia y aprovechar el potencial único de esta zona», remarca. Aunque este grupo está asentado en Nalda, con las bodegas de Proelio (para los tintos) y Nivarius (para las elaboraciones blancas), ya cuenta con unas 18 hectáreas de viñedo viejo entre Cárdenas y Badarán que ha ido adquiriendo poco a poco y también replantando con clones antiguos, autóctonos y variados, como se hacía antaño. Y es esta composición del viñedo lo que, incide, da la calidad a los vinos.

Raúl Tamayo, director técnico de Palacios Vinos de Finca, en la vendimia de La Canal del Rojo, en Badarán. | Foto: Leire Díez

«Cuando llegamos aquí lo que nos encontramos fue un tesoro. Viñas de cien años y, sobre todo lo más importante, viñas que no han sufrido la erosión genética. Lo que hicimos fue una selección masal de garnachas de dos viñas viejas muy especiales, El Hombo y La Canal del Rojo, para recuperar la identidad de lo que han sido varios siglos de evolución de prueba y error de los viticultores de antes en esta zona. Cuando Rioja sufrióe la industrialización, se empezó a plantar garnacha que no era autóctona de aquí y se usaban generalmente raíces productivas y mismos clones, perdiendo así toda la casuística esa prueba y error que había existido durante años. Para nosotros la genética originaria del Najerilla es otra cosa. Aquí se hacen unos vinos con profundidad y mineralidad, con el territorio muy marcado, porque cuando la naturaleza te lo da, lo único que tienes que hacer es trabajar con respeto. La idiosincrasia de esta zona es prácticamente única en Rioja y no todas las bodegas que cumpran uva aquí entienden lo que ocurre en el Alto Najerrilla», explica el director técnico.

Esta bodega de Nalda ha creado un reservorio de genética para conservar todo ese material de las viñas más antiguas y emblemáticas. Se testan para ver que están bien sanitariamente y a partir de ahí hacen una selección masal: «No queremos reproducir individuos sino que queremos coger una familia de individuos y mantenerla en el viñedo. Todo para no perder esa genética histórica que hace que las cepas estén perfectamente adaptadas a los suelos y el entorno. Y creo que ese es el camino que debe seguir Rioja, el de la identidad y el de la honestidad, el de vender diversidad. En el Najerilla no se puede ser una bodega de la Sonsierra, hay que tener una identidad propia. Por eso nosotros aquí hacemos garnacha y viura y no hacemos tempranillo, porque esta variedad aquí no se adapta bien. No hay más que ver que las viñas viejas no tienen nada de tempranillo». Un potencial que también se traslada a las burbujas, por ello en Palacios Vinos de Finca no han querido perder la oportunidad y elaboran un Pét Nat, un espumoso elaborado con el método ancestral que no cuentan con el amparo de la DOCa Rioja. «Las condicionaes de continentalidad, de tiza y arena, son ideales para hacer burbujas. Este vino lo elaboramos con garnacha, no lleva sulfitos y se embotella antes de que acabe la fermentación», explica, haciendo especial hincapié en la necesidad de dar mayor espacio a los espumosos en base a las nuevas tendencias de mercado.

Viñedos en Badarán. | Foto: Leire Díez

El equipo de la Compañía de Vinos Vintae no ha efectuado un oportuno aterrizaje en esta zona porque el Alto Najerilla ya de por sí es parte de sus orígenes. Tanto por parte de Richi Arrambari, cuyo padre desciende de Badarán, como por parte de Raúl Acha, el director técnico del grupo y natural de Cárdenas. Potenciar lo que habían sido siempre sus raíces vitícolas era un deber para ellos y por eso debían hacerlo manteniendo la idiosincrasia de los propios viñedos. «Lo más importante de esta zona son, por un lado, las variedades blancas tradicionales, como la viura y la malvasía, aunque también encuentras en las viñas viejas cepas sueltas de garnacha y jaina (como se le conoce en la zona al calagraño). Incluso tenemos algunas variedades en algún viñedo singular que no sabemos qué son por lo que ahí estamos investigándolas», refleja Acha.

El patrimonio blanco de Vintae va desde cepas con algo más de un siglo de historia hasta las plantaciones más jóvenes que se hicieron hace poco más de diez años. «Entre finales de los años 80 y casi principios de los 2000 no se dejaba plantar ni replantar con variedades blancas, por lo que de aquella época no tenemos ninguna viña. Así que cuando volvieron a permitir el uso de blancas plantamos tanto en Cárdenas como en Badarán, pero especialmente en esta última localidad porque aquí alcanzamos casi los 800 metros de altitud en el monte, cerca de Villaverde de Rioja. En este término hemos seguido apostando por las variedades tradicionales pero también hemos dado cabida al tempranillo blanco, la maturana blanca y a la chardonnay, por ejemplo. Será de estas viñas más jóvenes de donde saldrá nuestra próxima creación, un vino blanco de pueblo», avanza.

Raúl Acha (al fondo) y Richi Arrambari, en un viñedo de Vintae en el Alto Najerilla. | Foto: Fernando Díaz/RIOJAPRESS

La historia de esta bodega también tiene su clave tinta. La garnacha es sin duda la variedad reina de Vintae, pero puntualmente también lo es el mazuelo, otra variedad con gran potencial en el Alto Najerilla. «Esta zona es única en Rioja por un lado, a causa de su altitud, y también por su ubicación, que está en la cara norte y eso implica que la radiación solar es menos directa. Además, el estar a las faldas de la Sierra de la Demanda tenemos muchos más días de nubosidad que en el resto de zonas de la denominación. Cuando sopla el viento norte y llega húmedo desde el Cantábrico y se frena en la Demanda, que acumula nubes que hace que no tengamos tantas horas de sol, algo que solo curre en el Alto Oja que también es más atlántico, pero eso ya no está dentro de los límites de Rioja», explica el director técnico. Además, el tercer factor que hace especial a esta zona son los suelos rojos, los arcilloferrosos, y que donde más abundan es esta zona de Rioja Alta. Estos suelo son más fríos, por lo que les cuesta más madurar, pero a la vez acumulan muy bien el agua, por lo que las viñas aquí aguantan mejor la sequía», destaca.

Un cúmulo de tesoros a los que se suma la gran cantidad de viña vieja de estos pueblos, así que las esperanzas están puestas aquí. Acha afirma con certeza que esta es «la mejor zona para hacer blancos de toda la denominación y por eso antes lo que más abundaba era el blanco, no el tinto». Eso sí, puntualiza que, como ocurre en todas las zonas, aquí también hay puntos en los que la viña no se desarrolla igual de bien, «puntos en los que nunca deberían haberse plantado cepas». «La viticultura de ladera y altitud, la de montaña, es más dura y resistente que la de llano o de bajas altitudes. La mano de obra es diferente aquí y exige mucho más esfuerzo, pero la calidad de uva también es mejor. Esto ha provocado que particulares y también bodegas hayan comprado este tipo de viñas difíciles con la ilusión de trabajarlas pero con el tiempo han acabado abandonándolas porque les cuesta rentabilizarlas. Creo que lo que más necesita esta zona son pequeños productores que apuesten por ella recuperando así la historia de todos aquellos viticultores que elaboraban su propio vino pero que acabaron despareciendo con la irrupción de las primeras cooperativas. Además, esta zona al estar más alejada del ferrocarril tampoco fue atractiva para que se asentaran grandes firmas bodegueras», reconoce.

Juan Carlos Sancha, en su viñedo Cerro la Isa y con Baños de Río Tobía al fondo. | Foto: Leire Díez

Aunque su pasión por el viñedo le ha obligado a repartirse entre el aula y el campo, Juan Carlos Sancha es uno de estos pequeños productores del Alto Najerilla (con una producción que ronda las 80.000 botellas) que sabe tanto por herencia familiar como por aprendizaje propio los motivos por los que su zona está de moda. «Raro es el año en el que mi padre, mi abuelo y mi bisabuelo hayan empezado la vendimia en el mes de septiembre en el Alto Najerilla. En cambio, yo, en once de las catorce vendimias que llevo con la bodega me ha tocado cortar las primeras uvas en septiembre. Este adelanto de la cosecha es una clara consecuencia del cambio climático que, sobre todo, está haciendo más daños en las zonas que de por sí son más cálidas. Nada que ver con estas zonas como es Baños. Aquí antes incluso llegaban a vendimiar con nieve porque intentaban alargar lo máximo posible la maduración y es que no había forma de que la uva ganara graduación alcohólica y completara el ciclo. Ahora la uva sí que completa el ciclo y, además, seguimos manteniendo altas tasas de acidez y de precursores aromáticos porque a las noches sigue refrescando», destaca el doctor universitario de Baños de Río Tobía.

Es por ello que el interés por las zonas frescas y frías de Rioja como esta va a ir ‘in crescendo’. En el caso del Alto Najerilla, además, Sancha asegura que hay todavía mucha superficie para plantar viñedo aunque ahora los tiempos no sean los más idóneos: «A diferencia de otros términos en los que no queda ni un trozo de tierra por plantar de viña, aquí hay posibilidad de expansión y hay posibilidad de hacerlo en suelos de aptitud vitícola. Así que hay muchas oportunidades y un futuro prometedor en el Alto Najerilla». Él es uno de los que ha promovido el buen desarrollo de esta comarca con la investigación sobre la recuperación de minoritarias y autóctonas que impulsó de la mano del catedrático Fernando Martínez de Toda en 1988. Un proyecto que les sirvió para recuperar una treintena de variedades de vid, entre las que destacan la maturana tinta y blanca y la monastel.

«Este sin duda es el sitio fundamental para elaborar los blancos porque este tipo de vinos demanda zonas frescas de producción para evitar que los precursores aromáticos se quemen. Y este es uno de los factores clave por el que otras bodegas han llegado hasta aquí en busca de este potencial, no solo para blancos, sino también para la garnacha, que es la gran deseada». Junto a él hay otros pequeños productores también cultivando la tradición vitivinícola de Baños, pero Sancha reconoce que «falta capital humano, tanto para trabajar las viñas como para desarrollar un pequeño proyecto vinícola. Y lanza unos datos que invitan a reflexionar: «En España hay unas 4.500 bodegas, en Francia hay unas 19.000 y en Italia hay 21.000 bodegas, por lo que es necesario que en nuestro país crezcan bodegas en la línea de pequeños proyectos porque, además, los precios medios de los vinos tienen mucho que ver con el tipo de bodegas que tenemos».

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