Es el momento de recoger a mano una pequeña parte de Finca Valvarés, la fuente de la que se nutren gran parte de los vinos de Bodegas Altanza. Este ecosistema ubicado en el término de Galilea ocupa unas 200 hectáreas de terreno, donde el tempranillo tinto y el sauvignon blanc se reparten las hileras de cepas a distintas alturas y con diferentes suelos, rodeando a su vez una plantación de olivos de unas ocho hectáreas de la variedad arbequina. Un territorio donde esta firma da rienda suelta a sus elaboraciones a partir de las diez parcelas que lo componen, cada una con un manejo diferente dada la diversidad que ofrecen en cuanto a orientaciones y microclimas. Esta vez le ha tocado a la parte más alta y especial de Valvarés, la parcela Tomillares. A casi 500 metros de altitud luce este tempranillo plantado en 2004 y paralelo con el Barranco de los Tomillares, sobre un suelo calcáreo que favorece una buena maduración de las uvas.
Una treintena de personas recorren durante esta mañana de finales de septiembre los renques, tijeras y cajas en mano mientras que José, el responsable de las labores de campo, les sigue con el tractor calle a calle para ir cargando esas barcas indispensables para el cuidado de la uva una vez se desprende de la cepa. Y es que aquí la selección empieza desde el viñedo, racimo a racimo, para luego dar paso al segundo repaso en bodega desde la mesa de selección, uva por uva, para asegurar la entrada de la cosecha más sana posible.

Vendimia en la parcela Tomillares de Bodegas Altanza. | Foto: Leire Díez
El tiempo está acompañando en una mañana más calurosa de lo normal para las fechas, dejando atrás también esas lluvias. En esta campaña se ha vuelto a las fechas habituales de lo que son las vendimias más tradicionales, aunque el enólogo de Altanza, Carlos Ferreiro, reconoce que «de un tiempo a esta parte se está notando que la cosecha cada vez se adelanta más debido a cambios en el clima». Así, recuerda que el año pasado comenzaron a vendimiar el sauvignon blanc a finales de agosto en un año en el que la vendimia se adelantó mucho para esta bodega. Además, las temperaturas durante el mes de septiembre fueron muy elevadas y a ello se sumaron las continuas tormentas, por lo que se complicó bastante todo el proceso de elaboración. De hecho, esta parcela de Tomillares no se pudo vendimiar de la misma forma que se está haciendo ahora porque hubo que acelerar todos los procesos para que no se estropease la uva. Una situación bien distinta a la que se está experimentando este año, donde no está habiendo problemas y en general se espera una vendimia más tranquila.
Tomillares, sin embargo, no es la única parcela que se vendimia de forma manual y en cajas, sino que otras viñas propias de la bodega ubicadas en el entorno de Fuenmayor también se cosechan de igual forma. En concreto, son unas 30 hectáreas las que se recogen a mano y para ello es indispensable una buena organización con el equipo de campo y los trabajadores, tanto los que están fijos durante todo el año y se encargan de mantener en buen estado las 200 hectáreas como los que llegan de apoyo durante la campaña, especialmente para cortar a mano las viñas que así lo requieren. «José, el capataz, se encarga de reunir a todo el equipo a primera hora antes de comenzar la labor y así distribuir las tareas y los renques que se van a vendimiar. Todo bien medido para comenzar cuanto antes a cortar uva, siempre y cuando el tiempo lo permita, claro, porque si las temperaturas son demasiado elevadas es preferible no prolongar la vendimia», apunta Ferreiro. Por suerte, esta finca, que goza de tener un terreno irregular y una muy buena orientación, cuenta con unas cepas que se plantaron con un clon especial de tempranillo que trae «unas uvas con unas cualidades magníficas: granos pequeños y con una alta acidez que facilitan la crianza de los vinos».




