En una de las esquinas del Ayuntamiento, al término de las vaquillas, olía a chocolate caliente, bizcochos y un buchito de moscatel. Eran alrededor de las once. La fila advertía que bien merecía hacer un alto en el camino.
En la plaza Martínez Zaporta el aroma a sardina asada invita a detener la ruta abruptamente. Muchos habían llegado hasta aquí tras seguir la comparsa de Gigantes y Cabezudos desde la plaza del Ayuntamiento hasta la abarrotada calle Portales, de ambiente festivo también un martes de buena mañana. Sardina asada y un chato de vino. La fila marcaba que bien merecía hacer un alto en el camino.

Fila para degustar el chocolate de La Unión.
Un poco más allá, en la popular calle Portales, en la esquina con la plaza San Agustín, la cola subía hacia la Fuente Murrieta. «¿Qué dan aquí?». «Pues creo que dan lomo con cebolla caramelizada». Bien preguntar, mejor por responder sin saber para qué se estaba haciendo la fila. Porque si hay fila, bien merece hacerse un alto en el camino. Porque San Mateo es sinónimo de degustación en plena calle. Forma parte de la esencia matea. Sin degustación San Mateo sería una celebración menor.
Peñas y asociaciones montan sus improvisados puestos, previamente establecidos en el programa mateo, para en un abrir y cerrar de planchas, pucheros, sartenes y recursos humanos montar una degustación para la que siempre habrá respuesta popular. Porque los logroñeses y visitantes son de comerse aquí el lomo, mañana la panceta, pasado el picadillo, al otro día los champis… y así arrancar la marcha festiva que luego le llevará al vermú, al posterior café, quizás a los toros, o a la pelota, las ferias, los fuegos, el concierto… y se ha participado del ambiente festivo.

Fila para probar la sardina asada de La Rondalosa.
Son las colas del hambre de fiesta. Vivir la fiesta en la calle. Por eso, Logroño y sus ‘sanmateos’ deberían presumir de una Semana Gastronómica en la plazas del Mercado que es un clásico del sentir riojano, en donde todo lo bueno se come y se bebe. En este martes toca lomo con pimientos, en la fila de la izquierda, y picadillo, en la derecha. A las doce está a reventar.
Es justo cuando Ángel y Elena llegan a la fila que ya alcanza ya hasta la puerta de acceso a La Redonda. Danzan los Gigantes y Cabezudos, huele rico en el ambiente, pañuelos al cuello, en un ir y venir constante de ciudadanos festejando San Mateo. Como Elena y Ángel. Ni preguntan. El objetivo es comer dos raciones de picadillo con su correspondiente botellín de vino de Rioja. «Estar aquí es formar parte de la fiesta», indican. Porque realmente no saben cuánto tiempo tendrán que esperar para probar el picadillo de la peña Los Brincos, la tercera más veterana de las peñas logroñesas.

Mesa en la plaza San Agustín para comer el lomo con cebolla.
«Para mí es importante tener al menos una de las botellas que se reparten en cada una de las ediciones». Guarda este recuerdo como se guarda el jarrito de vaso en San Bernabé. «Es algo que hacía de niña, cuando me traían mis abuelos, y es algo que sigo haciendo», remarca Elena. Es una degustación tradicional, sentimental, entre la fiesta y la añoranza. Recuerdos logroñeses. Porque se aprende a comer en la calle desde la más tierna infancia.
Porque a los embuchados se acerca uno por primera vez en una de estas degustaciones; come toro guisado por primera vez tras hacer una de estas colas. Se aprende a encontrar un pequeño quicio sobre el que organizar la ingesta festiva con el resto de la familia desde la más tierna infancia: vasito en una mano, platillo en la otra, y a ver ahora cómo se mete el tenedor… Artes culinarias que se desarrollan en el corazón de la fiesta.

Las dos filas de la Semana Gastronómica de la plaza del Mercado.
Así son las colas del hambre de fiesta en San Mateo. Ángel y Elena sigue desde la fila el baile de los Gigantes, avanzan en la cola hasta que llegan al primero de los puestos. Pagan, 3 euros, y reciben su degustación. 19:37 segundos han estado esperando para cumplir su cita con la tradición festiva. Picadillo degustado y «ahora a ver qué nos depara el resto del día».


