Es uno de los puntos centrales de las fiestas de San Mateo. Es sin duda uno de los actos populares más animados de esta semana de celebración a la logroñesa. El Concurso de Calderetas es precisamente el sabor de las fiestas, perfectamente encuadrado, no como el asunto de las chuletillas de avenida de Colón, dentro del programa festivo. Y es así, cómo se convierte a buen seguro un lunes matinal de fiestas soso en una jornada de comunión, hermandad, calle, más calles, guisos, risas, porrones, jamones, cuadrillas, amigos, familias… Así deberían ser las fiestas de San Mateo.

Hasta arriba, llena de gente, gozando con las calderetas.
Las dulzainas por la calle Gonzalo de Berceo. La Peña Logroño por el otro lado animando la hora del vermut mientras el ‘chup chup’ de las ollas va haciendo su magia. Olores, sabores, sonidos… de fiesta en la calle, en una jornada matinal que a muchos les llevará hasta la pelota, al Frontón Adarraga, para reivindicar que las fiestas de San Mateo son populares más allá del famoso Cohete.
Cuadrillas de todas las edades, que se juntan por primera vez, como Álvaro y los suyos, o que repiten una vez más como Chuchi y Luis, de los más veteranos, a buen seguro, en número de ediciones. «Creo que hemos estado en todas». Antes de advertir que «alguna hemos ganado, aunque últimamente el jurado no nos quiere». Gozan, y mucho, esta cuadrilla que pide a los jóvenes que «se sumen a estas jornadas en la calle, así debería ser siempre la fiesta».

Chuchi y Luis, a los mandos de la nave gastronómica de su cuadrilla.
A la luz del día, de buena mañana, entre vinos, cervezas, refrescos, cortes de jamón, embutidos varios, gildas, y alguna resaca que otra. Los días se acumulan en el cuerpo cuando llegamos al ecuador de las fiestas de San Mateo, y todo apunta a que esto no para, gracias en parte a acciones como este Concurso de Calderetas, en el que gana una cuadrilla, pero sobre todo gana la ciudad en una fiesta popular, en la calle, sin prisas, con ganas… y con esos pucheros que resucitan a un muerto.


