Universidad de La Rioja

El Curso de Verano ‘Ciudad de Calahorra’ aborda el atractivo de las ciudades bimilenarias

El XVII Curso de Verano ‘Ciudad de Calahorra: El atractivo turístico de las ciudades bimilenarias’ de la Universidad de La Rioja comenzará el próximo lunes en el Centro Joven de Calahorra, con entrada libre hasta completar el aforo.

A las 18:00 horas, tras la sesión inaugural, tendrá lugar la conferencia ‘Los orígenes del turismo cultural. Del Grand Tour a la experiencia contemporánea’, a cargo de Inmaculada Cerrillo, profesora de Arte de la ESDIR; y, a continuación, una visita al yacimiento arqueológico ‘Las Medranas’ guiada por el arqueólogo José Manuel Martínez Torrecilla.

Esta actividad forma parte del programa de los Cursos de Verano UR 2024 que, del 5 de junio al 18 de septiembre, se desarrollan en Arnedo, Calahorra, Logroño, Santo Domingo de la Calzada, Cornago, Igea y Treviana, así como en la ciudad suiza de Ginebra; y que está gestionado por la Fundación de la Universidad de La Rioja.

El curso está dirigido por la profesora Pepa Castillo Pascual y coordinado por Pilar Iguácel de la Cruz, ambas del Departamento de Ciencias Humanas (Historia Antigua) de la Universidad de La Rioja; y cuenta con la colaboración del Ayuntamiento de Calahorra.

En él se pretende mostrar el atractivo turístico de las ciudades bimilenarias y cómo se pueden gestionar sus bienes patrimoniales para convertir a estas ciudades en destinos de un turismo sostenible y de calidad.

En él se hablará sobre turismo cultural, sobre el patrimonio arqueológico como pieza importante de este tipo de turismo y cómo puede ser un elemento de desarrollo local y dinamizador de la vida de una ciudad; se verán dos casos muy emblemáticos de ciudades que han sabido gestionar sus vestigios arqueológicos en el marco del turismo cultural: Zaragoza (Caesaraugusta) y Alcalá de Henares (Complutum).

De Calagurris a Calahorra

Calagurris recibió el estatuto municipal, seguramente, en el segundo viaje que hizo el emperador Augusto a Hispania, entre los años 27 y 24 a. C. A partir de ese momento, otro enclave a orillas del Ebro se convertía en una pieza más del modelo de ordenación territorial que Roma diseñó para un territorio en el que un río, el Ebro, fue el eje principal de este ordenamiento que, además de territorial, era también jurídico.

Pero la Calahorra romana no fue el único enclave que fue promocionado por su posición en relación con el río, antes lo había sido la antigua Salduie, un núcleo sedetano en el que se fundó en torno al año 14 a. C. la colonia romana de Caesaraugusta; y después lo fueron Graccurris (Alfaro) o Cascantum (Cascante).

Estas ciudades no perdieron su posición relevante en el valle del Ebro debido, en gran parte, a su posición geoestratégica cerca de un río que ya era navegable en el siglo I a. C. y lo fue hasta que a mediados del siglo XIX el ferrocarril se convirtió en un medio de transporte de mercancías más rentable que el río. A partir de ese momento, estas ciudades dieron la espalda al río y también al patrimonio que escondían en su subsuelo, pero no para siempre.

El crecimiento urbanístico que han experimentado estas ciudades en este siglo ha ido dejando al descubierto su valioso patrimonio arqueológico, y si bien ha habido momentos muy difíciles para su investigación y conservación, hoy en día se aprecian notables cambios en lo referente a la puesta en valor de estos vestigios del pasado.

El turismo de sol y playa ha ido dejando espacio al turismo de interior y al turismo cultural, y en esta nueva tendencia los bienes patrimoniales empiezan a adquirir un cierto protagonismo, sobre todo cuando su adecuada gestión revierte en la dinamización de la ciudad que los custodia.

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