«Esto es como el día de la marmota». Así explican Ana, Turu y Nahia la situación que están viviendo desde hace un par de días en Madeira donde estos vecinos de Fuenmayor se han quedado atrapados con otros muchos españoles por la cancelación de más de 60 vuelos en la isla portuguesa por fuertes vientos que están azuzando el incendio que ha dejado decenas de evacuados.
«Nos enteramos de lo que estaba pasando cuando llegamos al aeropuerto», cuenta Ana. Empezaron a ver a gente tumbada por el suelo como si hubiesen pasado la noche allí. «Teníamos el vuelo pronto por la mañana y para cuando llegamos el viaje ya estaba cancelado», cuenta. Nada de retrasos, estaban completamente cancelados. Todos.
El caos en el aeropuerto de la isla está siendo monumental. «Hay gente durmiendo en colchones con niños, con mayores, maletas amontonadas y salas abarrotadas de pasajeros», cuenta Ana. «No hay manera de salir de la isla: ni aviones, ni ferris, nada de nada».
«En un principio nos dijeron que hasta el día 24 era imposible coger un avión». Ana comenzó a intentar coger vuelos de vuelta a España. «Se iban agotando en mi cara, al final no hemos podido coger nada hasta el día 26».
Esa fue la primera gestión que tuvieron que realizar. Luego llegaron todas las demás. «Esto es el karma, quería ver la isla tranquila y ahora tengo ocho días más pero esto es una locura porque no sabemos qué nos van a cubrir el seguro y qué no».
Con muchos turistas llegados a la isla y otros tantos que no han podido salir de ella, lo de conseguir un sitio para dormir ha sido casi misión imposible. «Las habitaciones empezaron a desaparecer de las aplicaciones, hay gente que hasta está pagando hasta 3.000 euros por una noche sin seguridad de que luego lo vayan a cubrir los seguros».
Ana y su familia han tenido suerte. «Estábamos en un apartamento y la señora tenía una casa a la espera de unas reformas y nos la ha dejado estos días pero ya no sabemos qué hacer porque todas las rutas y los sitios ya las habíamos visto en nuestros días de vacaciones».
«Teníamos que volver a trabajar el próximo lunes pero es imposible así que ya hemos hablado con los jefes para advertirles», cuenta casi segura de que «no sé cuando volveré a una isla porque estamos aquí atrapados».
Ana contaba con unos días después de su viaje a Madeira para organizarlo todo antes de volver al trabajo y su hija al instituto que ahora tendrán que pasar en Madeira hasta que salga su avión. «Dan ganas de llorar cada vez que lo piensas porque la idea no era estar tantos días aquí, es como estar atrapada en el paraíso».


