Agricultura

Una ciruela Reina Claudia desigual entre los valles del Iregua y el Cidacos

Ciruelas de la variedad Reina Claudia

Las expectativas de campaña de este año para la ciruela Reina Claudia superaban a la de año anteriores ante la esperanza de una abundante producción, con buen calibre y, además, de buena calidad. Pero en asuntos de campo el astro es el que tiene la última palabra y en este caso ha vuelto a dejar su sello más amargo. Las tormentas de granizo que arrojaron a finales de junio destrozaron el fruto en el Valle del Iregua, siendo Nalda la zona más damnificada.

Una piedra que, según las primeras estimaciones de los agricultores, tiró por tierra el 80 por ciento de la producción de ciruela en este municipio. A agua pasada, y con la campaña recién culminada esta misma semana, las valoraciones de la cosecha no han mejorado mucho. En la cooperativa de Frutos del Campo de Nalda esperan recoger entre 35.000 y 40.000 kilos, lo que supone la mitad de producción que un año normal.

«Calculamos que para llenar un palet de ciruelas de unos 1.000 kilos hay que tirar al suelo entre 2.000 y 3.000 kilos», remarca Víctor Chato, agricultor de esta localidad. » Es un problema muy serio porque es una pérdida importante, pero no tenemos otra opción». En su caso, el granizo ha hecho que alguna de sus fincas se quede prácticamente sin recoger, mientras que de otras ha podido sacar entre un 45 y 50 por ciento del fruto. «Ha sido una campaña mucho más difícil que cualquier otro año porque ha habido que seleccionar mucho en campo después de las tormentas para retirar esa ciruela marcada y picada, y eso implica mucho más tiempo y también más dinero».

El lado positivo está en que con tanta selección el árbol se ha quedado con una ciruela en perfecto estado. «Esto nos está permitiendo que también podamos estar vendiendo a precios un poco más elevados y así poder compensar estas pérdidas en kilos», reconoce Chato.

Ciruelas Reina Claudia golpeadas por el granizo de finales de junio arrojado en Nalda.

Del Iregua al Cidacos la campaña no ha tenido nada que ver. Si la piedra ha marcado la cosecha en el primer valle, en La Rioja Baja las tormentas han pasado más inadvertidas para estos frutales. Desde las fincas de Quel Roberto Miguel incide en que en esta zona la cosecha ha sido «sana, con buen tamaño y de bastante producción». Aunque heló algo por Cornago y seguido llegó el granizo, el daño ha ido por parcelas y la mayoría se han salvado con buenas sensaciones. «A diferencia de la de 2023, esta campaña va a ser muy abundante».

Este agricultor comenzó a recoger el fruto un 21 de julio y, aunque en su caso ya ha concluido, todavía quedan productores enfrascados en la faena por la zona de Cornago. «Es una campaña larga porque la mano de obra escasea, y ya no hablemos de la mano de obra especializada en esto. Así que las familias, como no hay prisa, van poco a poco», apunta Miguel, quien asegura que este año ha duplicado su cosecha de ciruela Reina Claudia respecto al año pasado, cuando se le helaron gran parte de los áborles. «De hecho, el año pasado hubo quien no recogió nada y, claro, este año está cogiendo bastante».

El canal de venta más común son las comercializadoras, aunque en La Rioja existen varias cooperativas (en Nalda, Quel y Rincón de Soto) que compran esta ciruela que se produce en algo más de 200 hectáreas plantadas en toda la región. Y los precios, asegura Miguel, se comportan. «Hay buenas sensaciones porque no ha habido una buena producción en el conjunto de España y en otros países, así que los almacenes están continuamente vendiendo ciruela. Eso sí, esta fruta se vende con calor y si el tiempo cambia puede que las ventas se resientan, aunque no es lo que se espera».

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