Gastronomía

Casa Tila: la arrocería imprescindible con carácter de pueblo

Casa Tila: la arrocería imprescindible con carácter de pueblo

FOTOS: Fernando Díaz

Es un proyecto fundamental para la salud de la gastronomía riojana, que se renueva y se adapta gracias al surgimiento de restaurantes como el que se puede encontrar en Clavijo. Casa Tila es una cita obligada, un espacio para el reencuentro con las raíces, una oportunidad para volver al pueblo, un restaurante que se ha ido adaptando para convertirse actualmente en una referencia, en una visita obligada si se desean degustar los mejores arroces de la región. Casa Tila regresa tras un merecido descanso y ya coge reservas.

Lo que comenzó siendo una casa rural con posibilidad de poder cenar… se ha transformado en un gran restaurante, pequeño en número de comensales (para máximo 25 personas) pero gigante en calidad. Casa Tila es el ejemplo paradigmático de quienes saben trabajar con honestidad, sabiendo que el cliente es lo primero y, por tanto, al que conviene escuchar en todo momento. Los primeros visitantes, allá por 2019, llegaron solo para pernoctar y desde hace unos meses lo hacen solo para comer gracias a una propuesta gastronómica que reconforta desde que se pone un pie en esta casa.

Restaurante Casa Tila en Clavijo. Fernando Díaz

Al frente de esta casita de pueblo, a 870 metros de altura y a solo quince minutos de Logroño (a 370 metros), con unas vistas para el recuerdo, Ana Isabel y Manu, dos chicos de pueblo que dejaron Madrid porque no se veían «poniendo el huevo en la capital». Y «con mucho esfuerzo y capacidad de adaptación» han convertido su sueño en realidad. Casa Tila es un proyecto gastronómico muy personal, con profundas raíces que alcanzan Clavijo desde Extremadura por la parte de Ana Isabel, natural de Montehermoso, y desde Briones, por el lado de Manu. Ella, en sala; él, en la cocina. Y los dos viviendo en Clavijo en donde sí han visto la posibilidad real de poner el huevo.

«Somos de pueblo. Y estábamos bien en Madrid. Pero los dos compartíamos la necesidad de volver al pueblo». Podían haber estado diez años más en Madrid, «no teníamos ninguna prisa». Él cocinando, como lleva haciendo desde que se formara en la Escuela de Hostelería de Santo Domingo, y ella impartiendo clases de idiomas. Hasta que Clavijo se cruzó en su camino. «Cuando viajábamos por ahí siempre lo hacíamos, casi sin quererlo, con la necesidad de encontrar un lugar que nos gustara para montar algo por nuestra cuenta», explica Ana Isabel. «Vimos muchos sitios, tanto en la zona del Cantábrico como en el interior… pero nada nos acababa de gustar del todo», recuerda Manu.

Hasta que medió la suegra de ella, por tanto la madre de él. «Nos dijo que fuéramos a Clavijo, que había una casa rural en venta, y que igual nos podía interesar». Fue amor a primera vista. Un flechazo directo al corazón. «Tiene narices que siendo de Briones jamás hubiera estado en Clavijo», apunta Manu, en una realidad que le ocurre a muchos riojanos. Ahí cambió sus vidas para siempre. «Volvimos a Madrid sin decir ni una sola palabra, porque costaba asumir que habíamos encontrado el lugar adecuado, y que, por tanto, todo iba a cambiar a partir de ese momento», repasa Ana Isabel.

Más de un lustro después, el proyecto vital de Ana Isabel y Manu ya es una realidad. «Hemos pasado momentos complicados, pero ya podemos decir que estamos haciendo aquello que siempre habíamos deseado». Y no es otra cosa que dar un servicio de comidas impecable, tanto en sala como en cocina. De ocho a doce entrantes. Siempre hay verduras y setas de temporada, guiños a la cocina extremeña con la que se crió Ana Isabel, caza… y los arroces, por supuesto, que son sencillamente una maravilla.

El planteamiento es sencillo. Cinco mesas, para un máximo de 25 personas. Y cinco turnos de comida: a las 13:30, a las 14:00, a las 14:30, a las 15:00 y a las 15:30 horas. Cinco turnos y seis arroces diferentes que van cambiando dependiendo de la temporada. Se ruega puntualidad, y con la reserva se cierran los arroces que se desean degustar. Parece complejo, pero es de lo más natural, porque todo se basa en el sentido común y en la honestidad para dar el mejor servicio a cada comensal y presentar cada arroz perfecto. «No queremos dar de comer a mucha gente a la vez, lo único que pretendemos es que los clientes vuelvan una y otra vez», indica Manu.

Restaurante Casa Tila en Clavijo. Fernando Díaz

Y vuelven… a por ese arroz seco de coquelet ahumado, a por el arroz al horno, a por el de ciervo y carabinero, a por el de pulpo, o el de gamba roja y vieira, o a por el arroz meloso de una cazuela de mariscos fantástica. Son los seis arroces que ahora mismo están en carta, pronto serán seis diferentes. «Estamos en casa, en nuestros días libres, y como nos encanta comer, pues hacemos pruebas de aquello que nos pueda parecer interesante», así se maneja esta pareja de restauradores, con la normalidad de quienes están convencidos de que están sabiendo tocar las teclas adecuadas de sus vidas.

Disfrutan de Clavijo, el lugar elegido. Lo hicieron antes de la pandemia, con su casa rural, y lo siguen haciendo, ahora que ya Casa Tila es un restaurante. La pandemia lo cambió todo, «en nuestro caso para bien». El cierre les llegó nada más abrir su casa rural. Pero al mismo tiempo les otorgó precisamente lo más caro e importante: tiempo. «Tiempo para asimilarlo todo, para pensar, para adaptarnos a nuestra nueva vida», apunta Ana Isabel. Tiempo para «mejorar cada día».

Y de repente, los pueblos volvieron a ponerse de moda. Clavijo entre ellos. «La gente, tras el confinamiento, buscaba el aire fresco». Y la terraza de Casa Tila se puso de bote en bote. «Eso nos ayudó a que mucha gente que jamás había venido a Clavijo, como nos había pasado a nosotros, se pasara por aquí, y nos conociera». Y repitieran. «Hacíamos cocina de mercado, de temporada…», recuerda Manu. Hasta que «un amigo nos preguntó qué era lo que mejor se le daba cocina a Manu. Le dije que los arroces, en casa le quedaban genial», explica Ana Isabel. Y su amigo les encargó un arroz para él y sus amigos. «Y lo cambió prácticamente todo».

Restaurante Casa Tila en Clavijo. Fernando Díaz

Casi sin darse cuenta se fueron transformando en una arrocería. «¿Qué dónde he aprendido a hacer estos arroces? En casa, insisto, nos encanta comer, y tenemos además el morro muy fino». Testaron todos los arroces en su nueva vida, en la terraza de su casa de Clavijo, en donde han puesto el huevo. Ahí, Manu tiene un pequeño tesoro personal: «No es una biblioteca de cocina muy extensa, pero sí muy concreta». Libros con los que ha aprendido secretos imprescindibles para hacer los mejores arroces. Los caldos de Ricard Camarena, la cocina al vacío de Joan Roca, los arroces de contemporáneos que Quique Dacosta… «Leer mucho y comprobar que las cosas que ahí dicen realmente se cumplen».

Como ellos cumplen con su labor. Manu con una cocina sincera, y Ana Isabel con una forma de atender a los clientes que no se aprende en ningún sitio. Cariño de pueblo en cocina y sala. En una dedicación plena a este proyecto que se demuestra en la voluntad formativa de ambos. «No sabía nada de vinos», confiesa Ana Isabel, empeñada en salvar esta distancia con mucha formación e interés personal para que Casa Tila tenga una oferta de vinos interesante.

Así es como se entiende que una pequeña casa rural se haya convertido en cinco años en una gran arrocería de referencia, en una de esas joyas de la restauración riojana que atiende en Clavijo, guardián del valle riojano, protector de la vida rural camerana, casa de Ana Isabel y Manu, lo de Casa Tila.

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