En La Rioja, la vida se celebra. Se hace además con una intensidad, especialmente durante sus numerosas y vibrantes fiestas. Por eso, los vecinos de una localidad riojana se abrazan al inicio de cada verano para formar un gran círculo, moviéndose al unísono al compás de la música. Sus risas resuenan a través del aire cálido del solsticio de verano. Así es el día de San Juan en Nájera, cuando toda la localidad se une para participar en las famosas y divertidas vueltas de Nájera. A orillas del río Najerilla, las cuadrillas se reúnen para asar chuletillas y compartir vino en el mejor ambiente posible. Esta tradición marca el inicio del verano festivo en La Rioja, un preludio de una serie de celebraciones que hacen de esta región un destino irresistible para aquellos que buscan sumergirse en la alegría de vivir a la riojana.
Existe en La Rioja el afán por abrazar y cuando surgen las ‘cuitas’, éstas se solventan en una batalla para nada cruenta, en donde se disparan vino y sonrisas. En Haro, también a finales del mes de junio, los jarreros y también visitantes resuelven sus disputas con litros de vino en una celebración que trasciende fronteras: es la reconocida Batalla del Vino. Armados con cubos, garrafas y pistolas de agua, los participantes se reúnen en las campas de Bilibio para bañarse en vino tinto. Es una fiesta que celebra la alegría de vivir y el carácter pacificador de los riojanos, donde el vino se convierte en la munición de una contienda amistosa. Viva el vino y viva Haro, donde regarse con vino es una de las experiencias más fantásticas que se puede vivir a principios de verano.

FOTO: EFE/ Fernando Díaz.
Las fiestas riojanas comienzan con la llegada de la primavera, cuando la Semana Santa se apodera de las calles de Calahorra y Logroño. En Calahorra, la Semana Santa es una de las más completas y espectaculares de España. Las procesiones, que se celebran desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección, se complementan con la escenificación en vivo de la Pasión de Cristo y el Mercaforum, una recreación de la antigua Calagurris Nassica Iulia. Este evento, que incluye talleres, exhibiciones y hasta luchas de gladiadores, ofrece una inmersión total en la historia y la tradición, atrayendo a visitantes de todas partes. En Logroño, las once hermandades de la ciudad plasman en las calles su forma de entender la Pasión de Cristo, con la Magna Procesión del Santo Entierro como punto álgido durante el Viernes Santo.
Aunque sin duda, una de las celebraciones con mayor impronta en La Rioja es la de Los Picaos en San Vicente de la Sonsierra. Celebrada en cuatro fechas clave (Jueves Santo, Viernes Santo, la Cruz de Mayo y la Cruz de Septiembre), esta tradición involucra a los disciplinares de la Cofradía de la Santa Veracruz, quienes, vestidos con hábitos que ocultan su identidad, se flagelan durante unos 20 minutos para expiar sus pecados. Este ritual, aunque puede parecer estremecedor, es un testimonio de la profunda devoción religiosa y atrae a numerosos visitantes interesados en las manifestaciones más auténticas de la fe.

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En mayo, Santo Domingo de la Calzada honra a su fundador con una serie de actos que destacan por su belleza y singularidad. La Cofradía del Santo, la más antigua de España, organiza la Procesión de las Doncellas, donde las jóvenes del municipio, vestidas de blanco y con un tul sobre sus rostros, llevan al santo el pan en un castillo sobre sus cabezas. Esta tradición, acompañada de caballerías enjaezadas, danzadores y gaitas, ofrece un espectáculo único que atrae a turistas y fieles de todas partes.
Más allá de la diversidad y riqueza de sus festividades, lo que realmente distingue a las fiestas riojanas es la hospitalidad de sus gentes. Los riojanos se enorgullecen de abrir sus puertas y corazones a los visitantes, haciendo que nadie se sienta extranjero en esta tierra. Cada fiesta es una invitación a participar, a disfrutar y a formar parte de una comunidad que celebra la vida con entusiasmo y generosidad.

Batalla del Clarete en San Asensio.
Con la llegada del verano, el 11 de junio, Logroño celebra la resistencia de la villa al asedio francés de 1521 con las Fiestas de San Bernabé. La ciudad se viste del Renacimiento y ofrece una serie de actividades que trasladan a los visitantes al siglo XVI. El reparto de pan, pez y vino es uno de los momentos más esperados de estas fiestas, que combinan historia, gastronomía y un ambiente festivo inigualable. Pocos días después, el tercer fin de semana de junio, el pintoresco pueblo de Briones retrocede en el tiempo para celebrar sus Jornadas Medievales. Todo el municipio se implica para recrear la vida del siglo XIV, ofreciendo una experiencia auténtica que va más allá de un simple mercado medieval. Los visitantes pueden participar en actividades que van desde torneos de caballeros hasta exhibiciones de artesanía medieval, todo ello enmarcado en un ambiente festivo y acogedor.
Uno de los eventos más espectaculares y únicos en La Rioja es la fiesta de los Danzadores de Anguiano. Celebrada en honor a María Magdalena, esta fiesta tiene lugar a finales de julio. El momento cumbre de la celebración es cuando los danzadores, vestidos con coloridos trajes tradicionales y zancos de madera, descienden por las empinadas y adoquinadas calles del pueblo, desafiando la gravedad y mostrando una habilidad increíble. La danza, acompañada por el sonido de los tambores y flautas, es una expresión de devoción y valentía que deja maravillados a los espectadores. La festividad no solo celebra la fe y tradición, sino también la destreza y coraje de estos danzadores que, generación tras generación, continúan manteniendo viva esta singular tradición.

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Por otro lado, en el pequeño pueblo de San Asensio, cada año en julio, tiene lugar la Batalla del Clarete. Esta fiesta, también conocida como la Batalla del Vino en su versión rosada, es un evento lúdico y colorido en el que los participantes se lanzan litros de vino clarete entre sí, transformando las calles en un río rosado de alegría y camaradería. Los habitantes y visitantes, vestidos de blanco, se reúnen en la plaza del pueblo y, al sonar del cohete, comienza la batalla. Las risas y el buen humor inundan el ambiente mientras todos se empapan en este refrescante vino. La Batalla del Clarete no solo es una celebración del vino y la cultura riojana, sino también una excusa perfecta para reforzar lazos comunitarios y disfrutar de una jornada inolvidable bajo el sol del verano riojano.
En pleno verano, el 6 de agosto, la pequeña localidad de Quel celebra la Fiesta de Pan y Queso, una tradición que se remonta a 1479. Durante esta festividad, se lanzan desde los balcones de la ermita de la Santa Cruz unos 2.500 bollos de pan y 50 kilos de queso. Esta costumbre, originada como agradecimiento por el fin de una epidemia de peste, es una de las más antiguas de La Rioja y atrae a numerosos visitantes cada año.

EFE/ Raquel Manzanares
Las fiestas riojanas no son solo eventos; son experiencias que se viven y se sienten. Son una oportunidad para descubrir una región que, aunque pequeña en tamaño, es enorme en cultura, tradición y alegría. Así que, la próxima vez que busques un destino para celebrar y disfrutar, recuerda que en La Rioja siempre hay una fiesta esperando para hacerte sentir como en casa.
A finales de septiembre, Logroño se transforma nuevamente para celebrar las Fiestas de San Mateo, también conocidas como las Fiestas de la Vendimia Riojana. Esta celebración, que hunde sus raíces en el siglo XII, es un homenaje al fruto de la tierra. La ofrenda del primer mosto a la Virgen de Valvanera, con uvas traídas de todos los rincones de La Rioja, marca el inicio de unos días llenos de alegría. Los visitantes pueden disfrutar de degustaciones gastronómicas, conciertos, corridas de toros, fuegos artificiales y desfiles de carrozas. Es una fiesta que celebra la cosecha y la vida misma, invitando a todos a unirse en la celebración.

El 27 de septiembre, los arnedanos celebran las Fiestas de San Cosme y San Damián con una peculiar tradición: impedir que los vecinos de Andosilla les roben las tallas-relicario de sus santos. Este evento, que incluye tres intentos de robo a lo largo del día, está lleno de emoción y competencia amistosa, y representa un vínculo único entre ambas comunidades.
Con este espíritu acogedor y festivo, La Rioja sigue atrayendo a miles de turistas cada año, consolidándose como un destino imprescindible para aquellos que buscan no solo belleza y buen vino, sino también una experiencia cultural y humana que hace de esta región un lugar para volver y una otra vez.

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.
Cada rincón de La Rioja, desde sus campos de viñedos hasta sus pueblos históricos, se llena de vida y color durante las festividades. La Rioja cuenta con fiestas de gran interés turístico, que ha surgido por ese afán de reunión tan riojano para celebrar la vida. Porque los riojanos se juntan, como en esa pequeña fiesta patronal, en la que unos cuantos cocinan para todo el pueblo un rancho, mientras los niños danzan, el cura da la misa… y es en estos momentos cuando la esencia de esta tierra se revela en todo su esplendor, ofreciendo a los visitantes una muestra de su rica herencia cultural y su inigualable capacidad para celebrar la vida. Las fiestas riojanas son, sin duda, un reflejo del carácter vibrante y acogedor de su gente, y una invitación abierta a todos aquellos que deseen sumergirse en una experiencia única e inolvidable.


