Marta Suárez es psicóloga en cuatro de los once centros para menores tutelados que hay en La Rioja. Ella conoce bien a cada uno de los chavales que han pasado en los últimos años por allí. Sabe cómo llegan y cómo salen cuando cumplen la mayoría de edad, el cambio emocional en el proceso de crecimiento y las oportunidades que se les abren al salir de allí.
«Nada más entrar hacemos un análisis individual de la situación de cada uno, es una forma de saber de dónde vienen y qué necesidades tiene cada uno de ellos». No siempre se encuentran la misma situación. No es lo mismo que acaben de llegar de su proceso migratorio que si llevan tiempo en algún otro centro del país. «Se tiene en cuenta su experiencia, que en la mayoría de los casos es estresante porque vienen de procesos migratorios en muchos casos con experiencias traumáticas».
Algunos han atravesado durante meses el desierto, otros se han tenido que enfrentar a la incertidumbre de subirse a una patera y jugarse la vida en el mar, la mayoría no tienen a nadie en España que les dé el cariño que requieren fuera de la Administración y las oenegés. A todo eso se le suma estar en un país que no conocen, con unas costumbres distintas, en muchos casos casi sin conocer el idioma. «La mayoría son chavales de entre 12 y 16 años ,pero los perfiles son muy distintos».
Lo primero que se hace es escolarizarlos. «Buscamos los recursos escolares que necesitan, también se les proporciona un centro de salud, hablamos con centros de ocio, les buscamos extraescolares dependiendo de sus gustos… el objetivo es proporcionarles todas las oportunidades para que puedan tener un futuro».

«Los chavales llegan descolocados y por eso es tan necesario el acompañamiento, hay que tener en cuenta que han vivido experiencias muy complicadas en sus pocos años de vida y que están, en muchos casos, muy dañados efectivamente, no tienen referencias familiares más allá de las que les proporcionamos los trabajadores de los pisos», dice la psicóloga.
Enseguida se nota el cambio en ellos. «Son chavales muy resilientes y están muy motivados en mejorar, en que haya un cambio en su vida, esto favorece que aprovechen al máximo todos los recursos que ponemos a su disposición». «la evolución que vemos en ellos es muy rápida, las rutinas, los horarios, la estabilidad les ayuda a adaptarse muy bien», describe Suárez.
El objetivo fundamental de estos pisos es reproducir las dinámicas sociales de cualquier chaval de su edad, «por eso a los más mayores les dejamos tiempo libre, cuanto terminan sus tareas, para que estén con sus amigos, es la mejor forma de que estén totalmente integrados».
Además, antes de que cumplan la mayoría de edad les van preparando para que tengan autonomía propia. «Están los pisos de emancipación, se les ayuda a encontrar trabajo si quieren hacerlo, existe un programa de colaboración con empresas que está funcionando muy bien. La mayoría son historias de éxito».


