La Rioja

Vacaciones con la casa a cuestas

Cada vez son más los que viajan con caravanas y furgonetas camperizadas, una manera más económica y diferente de recorrer el mundo sin que suponga un gasto inaccesible. El caravanismo ha llegado para quedarse, sobre todo después de la pandemia, y se refleja en el interés de muchos ayuntamientos por tener aparcamientos para ellos en sus ciudades. Logroño es una de ellas. Mientras que los riojanos sacan las hamacas y se dirigen a las piscinas municipales, los caravanistas amanecen en el aparcamiento de Las Norias. Un lugar tranquilo en el que vivir con la casa a cuestas durante unos días, también es visitado por los servicios de limpieza que barren el parquin y cuenta con el servicio de vaciado de aguas grises y negras y de llenado de agua.

Alberto ha llegado desde Asturias con su familia. Viajar por libre supone planificar todo con detalle, y es por eso que ha consultado en el buscador y ha preguntado a sus seres allegados para saber qué puede visitar en las ciudades que recorra. «Hemos visitado Elciego y, aunque teníamos pensado pasar la noche allí, después de dos horas ya habíamos recorrido la localidad alavesa y pusimos rumbo a Logroño, así que hemos ahorrado un día», cuenta la familia.

Tienen pensado visitar la calle Laurel, pero también harán turismo por otras ciudades de La Rioja. Calahorra y su parque de aves Tierra Rapaz pretendía ser el próximo destino, aunque también se plantean poder visitar el parque de dinosaurios en el Barranco Perdido de Enciso. Incluso harán turismo por los municipios que se encuentran al alrededor de La Rioja, como Arguedas, con motivo de conocer el Parque de la Naturaleza Sendaviva.

Su estilo de viaje consiste en madrugar para poder empezar el día visitando el lugar, y aunque siempre hacen un estudio de la localidad a la que llegan, no se habían percatado de que había unas piscinas municipales al lado del parquin, por lo que no estaban seguros de si pasarían el día en Logroño para que los pequeños de la familia pudiesen ir a la piscina o si se irían hacia Calahorra. «Ahora cualquiera deja a los niños sin visitar los toboganes».

Sus viajes en autocaravana empezaron hace cuatro años y aseguran que han notado que «el caravanismo se ha puesto de moda». Están contentos por ello porque, «además de lograr un reconocimiento del turismo con autocaravana, ahora disponen de más servicios establecidos por los ayuntamientos de las localidades y son más los aparcamientos que hay por España para estos grandes vehículos». Aún así valoran negativamente que están muy controlados y que se encuentren apartados de los centros urbanos.

La ubicación de los aparcamientos no es un gran impedimento para los asturianos, porque su autocaravana «cuenta con todas las comodidades» y resulta ventajoso para no tener que depender de los servicios de los que disponga el parquin o camping donde residan durante esos días. Sin embargo, la familia asegura que consumen en los comercios de los lugares que visitan porque todo lo que ahorran en hoteles pueden invertirlo en cuestiones turísticas, como los parques que visitarán o en gastronomía.

En cambio, una pareja guipuzcoana de Villabona no está tan contenta de que el caravanismo esté en pleno auge, ya que prefieren la tranquilidad y rechazan las aglomeraciones. Es por eso que José Martín y su mujer no suelen entrar a las ciudades, sino que prefieren visitar los pueblos o localidades más pequeñas. Aunque durante el resto del año residen cerca de San Sebastián, son habituales en Logroño y han hecho amigos en el aparcamiento del Paseo de las Norias.

Empezaron «a viajar en autocaravana hace diecisiete años, cuando Haritz (su hijo) empezó a correr carreras de motocross» y tenían que viajar a diversas localidades y hospedarse en hoteles u hostales. Cuenta el padre que, en ese momento, tanto él como su hijo se quedaron en el paro y encontraron en el caravanismo una opción más económica que les permitía viajar durante todo el año. La familia no viaja sola, sino que encontramos a dos integrantes más: dos perras. Una de ellas fue ingresada en una clínica veterinaria que se encontraba cerca del aparcamiento y que les recomendaron en un bar logroñés.

Aseguran que hacen gasto en las localidades que visitan, porque aunque lleven la casa a cuestas, hacen la compra y visitan los comercios locales. No obstante, si los comercios a los que van no permiten la entrada a sus dos perras, no entran, porque las sienten como «uno más de la familia». Señalan que «ahora hay más facilidades» porque, «normalmente, en las terrazas de los bares y restaurantes permiten que haya mascotas, pero no siempre es así».

Además, están seguros de que no pasarán frío en invierno estando en una terraza de un bar que no permite la entrada a macotas, sino que buscarán y consumirán en un comercio donde sí se les permita la entrada a ellas también. Este es un problema que encuentran en varios sitios, pero están seguros de que tanto en su pueblo de origen como en cualquier lugar que visiten no dejarán a sus mascotas fuera de ningún plan. «Estas necesitan la constante ventilación del vehículo, por lo que dejarlas dentro de la autocaravana no es una opción, y mucho menos con las altas temperaturas», concluye José Martín.

Laura, Alberto, Martina y David también pasarán unos días en Logroño, pero las carreras de motos no les ha traído hasta aquí, sino las ganas de recorrer lugares que no habían visitado y disfrutar de la gastronomía de cada localidad. Llevan cuatro años viajando en vehículos similares a la camper que tienen ahora, que les permite hacer planes para toda la familia, sobre todo cuando se alojan en un camping en el que «la gente es muy abierta y los los más pequeños de la familia disfrutan de la compañía de otros niños», asegura Laura, la madre de la familia.

Pronto pondrán rumbo hacia Galicia porque Laura siempre ha querido visitar la playa de las Catedrales y este tipo turismo le permitirá hacerlo sin que suponga un gran gasto económico. Aún así, ese no es el destino final, sino que recorrerán durante tres semanas la costa de toda la Península hasta llegar a Barcelona, donde residen el resto del año. Sin embargo, «vivir a una hora de la playa no es ningún problema» para la familia, porque a veces deciden coger la casa a cuestas para pasar el fin de semana en la costa.

El caso de Pedro y su mujer es más peculiar. Vienen de Lugo y se describen como neófitos en esta experiencia, aunque aseguran que tienen muchas ganas de seguir viajando con la camper. Han marcado como punto final Peñíscola y, aunque han pasado unos días en pareja, están «esperando un nuevo integrante»: su hija pequeña, que viene desde Lugo en BlaBlaCar. Aunque han alquilado en algunas ocasiones una caravana, ahora la pareja dispone de su propia furgoneta camperizada. Sin embargo, su primera camper, Naranjito, «no está equipada al completo, porque aunque dispone de una ducha pequeña, solo sirve para refrescarse cuando hace mucho calor», explica Pedro. Es por motivo de aseo que algunos días dormirán en un hotel durante pocos días.

La pareja viaja con un poema inscrito en Naranjito: «Cuando emprendas tu viaje a Ítaca pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias. No temas a los lestrigones ni a los cíclopes ni al colérico Poseidón. Que muchas sean las mañanas de verano en que llegues a puertos nunca vistos antes». Asimismo, la mujer de Pedro nos recuerda otro lema vital sobre la bondad, motivo por el que Pedro ha asegurado que su mujer «es la parte espiritual del viaje».

La falta de experiencia o las ganas de improvisar han llevado a la pareja a no tener el viaje totalmente planificado, sino que van consultando en el buscador qué pueden hacer en la ciudad donde paran. Sí tienen algo claro, la mujer quiere visitar el pueblo donde está enterrado su escritor favorito y él, en cambio, quiere visitar el pueblo del entrenador de la Selección Española de fútbol, Luis de la Fuente, y ver disputar el partido.

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