El proyecto ‘Mugarik Gabe’, propuesta del estudio de arquitectura portugués Carvalho Araújo, ha sido seleccionado en el concurso internacional de arquitectura convocado por Basque Culinary Center para el diseño de las sedes de Vitoria y Laguardia de EDA Drinks & Wine Campus. Ambos espacios destacan por su singularidad y por su integración e interacción en el entorno, así como en el ecosistema Basque Culinary Center.
Tras constatar la calidad y el alto nivel de las propuestas presentadas, un exhaustivo análisis ha llevado al jurado a decantarse por ‘Mugarik Gabe’, que aporta dos diseños arquitectónicos singulares que encarnarán la misión de EDA Drinks & Wine Campus de impulsar el desarrollo económico y social a través del vino y las bebidas y posicionar al territorio como una región destacada en este ámbito a nivel internacional.
Seleccionada por su apuesta por la integración paisajística tanto en el entorno urbano como rural, en la propuesta arquitectónica destacan la organización del programa de actividad, su funcionalidad y flexibilidad, acordes a las necesidades del proyecto. La configuración de los accesos o la distribución de las diferentes áreas por plantas y los espacios conectores responden a la pertinencia de unir y organizar los diferentes flujos, permitiendo a su vez la interacción entre las acciones que se lleven a cabo.
‘Mugarik Gabe’
El proyecto ‘Mugarik Gabe’ (‘Sin Fronteras’) plantea dos edificios intrínsecamente relacionados entre sí que se extienden en el área que ocupan sin establecer sus límites. Debido a los diferentes entornos que habitan cada uno responde a sus propios contextos y condicionantes, aunque ambos han sido abordados con la misma estrategia: generar espacios para atraer talento, ofrecer formación especializada y desarrollar líneas de investigación enfocadas a la transferencia de conocimiento al sector con una proyección internacional y una visión integral.

Ambas construcciones dan prevalencia al espacio colectivo como elemento que surge naturalmente en los edificios. La propuesta de Laguardia reposa y se reivindica en un amplio paisaje y la de Vitoria emerge y se abre a su entorno. La cubierta define sus actitudes, las cuales se adaptan al contexto y crean una identidad, siendo esta la esencia del proyecto, como lo es también la incorporación de elementos sociales como “calles” y referencias de lugares públicos de ciudad o paisaje.
El edificio de Laguardia destaca por su apertura a la ciudadanía. Las fachadas dejan ver la actividad que se desarrolla en su interior y los pasillos exteriores que lo rodean permiten recorrer el contorno del edificio, desde donde contemplar el entorno compuesto por viñedos.
La intervención crea una estructura de dos pisos bajo una cubierta, una extensa plataforma verde que se mantiene en pie gracias a una esbelta columnata que se posa en medio de las viñas. Un piso a la altura de la calle que da acceso al espacio frontal y otro en una cota inferior, permitirán respetar en lo posible la topografía del lugar, asentándose y protegiendo el entorno, e integrándose como un manto verde sobre el blanco pétreo de la caliza.
Esta estructuración establece una relación de interacción entre las diferentes actividades de producción, formación, así como el espacio destinado a las incubadoras de emprendimiento. En el interior la naturaleza se integra de manera orgánica con rotundidad, de la misma manera que el edificio se eleva entre las viñas cómodamente con un lenguaje moderno.

Por otro lado, moldeando la cubierta el proyecto consigue dibujar una superficie inclinada, creando un gran patio exterior que da opción a que el área productiva pueda mostrarse con cierta sutileza, dejándose intuir, a la vez que permite el acceso a la cubierta transitable.
Esta cubierta ajardinada mezcla las áreas verdes con áreas para actividades y contemplación, convirtiéndose en un balcón al paisaje donde se pueden contemplar momentos sociales o culturales, aprovechando las vistas panorámicas hacia las viñas que se extienden hasta el horizonte. Esta idea busca crear un espacio con significado para la comunidad local, promoviendo el sentimiento de identidad y pertenencia a través de una intervención respetuosa con el paisaje que lo envuelve. El estudio ha optado por concebir una referencia visual, al mismo tiempo de una referencia en la región, un punto de encuentro.
Las sedes de EDA Drinks & Wine Campus no solo serán lugares de estudio avanzado, sino también iconos de innovación y sostenibilidad. Estableciendo como base de la eficiencia energética la propia arquitectura, el proyecto trabaja con todos sus elementos pasivos, evitando que las demandas energéticas o las pérdidas de estas mismas sean excesivas, optimizando de la necesidad de generadores de energía y buscando el mínimo impacto de CO2 posible.
En el apartado más técnico, los edificios contarán con las tecnologías más actuales en cuanto a cubiertas ajardinadas, que se convertirán en sistemas multifuncionales de apoyo al edificio integrando la captación, filtrado y distribución de aguas pluviales, el regado de los elementos vegetales mediante sistemas de optimización y bajo consumo o la reducción de la variabilidad de temperaturas en el interior del edificio mejorando su eficiencia y desempeño energético. Además, el proyecto busca la optimización de la iluminación a través de la eficiencia en el diseño y uso natural de la luz solar, y se beneficiará también del uso de soluciones diversas para no sobrecargar el ‘ecosistema constructivo’.


